DERROTA, ¿QUÉ DERROTA?

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Te pase lo que te esté pasando en cualquier competición, es lo que tu etapa deportiva necesita. No es resignación, es aceptación y comprensión de que hemos llegado a esto que nos ocurre por algo. ¿Y por qué podemos estar tan seguros de que es así? Muy obvio: porque si no fuese así estarías en medio de otra situación. Lo estarías viviendo de otra forma

“Solo el propio ENTRENADOR dentro de él, sabe lo que se SUFRE y te DESGASTA una derrota”

Pep Guardiola.

Nuestro ego no lo acepta, pero es porque se alimenta de la fantasía. De lo que le gustaría que pasara, no de lo que realmente le pasa.

La buena noticia: No resignarnos, pero sí aceptarlo y comprenderlo nos acerca a encontrar nuevas soluciones, si es que no nos gusta la situación que estamos viviendo, y también nos acerca a aprender de lo sucedido, de lo que en cada competición ocurre para así mejorar, crecer, hacemos más fuertes. 

Cuando perdemos un partido que queríamos ganar, que creíamos nuestro, que valorábamos, que sentíamos como un “tesoro” que nos pertenecía, siempre nos sentimos tristes. Pero nada nos pertenece. 

La tristeza es la emoción que representa el sentido de la derrota. Es una emoción para ser vivida. Como la alegría, también necesaria. Bienvenida la tristeza cuando no se vive como queja, sino como un estado temporal de nuevas enseñanzas. Tristeza recibida con gratitud. Como un estado emocional sanador. Tristeza vivida desde la humildad, para aceptar los cambios necesarios. Para prepararnos a cambiar sin el sentimiento de frustración.

Todos los entrenadores vivimos estados de derrota. A veces, más que la derrota en sí, el sufrimiento nos lo crea la sensación de merecimiento que teníamos y mantenemos, el sentir que la victoria ya no será nuestra. Pero en realidad es una ilusión, porque nunca nada lo fue.

La repetición mental de esa ilusión, de forma continua, sin darle tregua, masticándolo mentalmente sin parar, nos aleja de la capacidad de sufrir por ello.

Esto me recuerda un cuento que dice así: 

Érase una vez un hombre que había perdido un diamante.

Y por ello cayó en una gran desesperación.

Se sentía apenado por tan mala suerte.

Apenas recuperó un poco el ánimo, acudió a visitar a magos, científicos, videntes, adivinadores, … pidiéndoles ayuda para poder recuperar su joya.

Nadie le dio una señal de cómo hacerlo.

Un día, un sabio, le dio el siguiente consejo:

Te diré como puedes recuperar tu diamante, pero antes tendrás que encontrar y traer a mi presencia una persona que nunca haya perdido nada

El hombre buscó durante años pero todas las personas con la que hablaba habían perdido algo.

A su vuelta, diez años después, el sabio le preguntó por su diamante.

A lo que aquella persona contestó:

Ya no pienso en él. He conocido tanta gente que ya no sufre, aun habiendo tenido pérdidas mayores a la mía, que hace tiempo que ya no necesito el diamante“.

Así es. Lo aceptó. Como esas personas que se iba encontrando por el camino y que ya no sufrían por sus pérdidas.

Y es que toda derrota que sufrimos se convierte en un duelo. Grande o pequeño, dependiendo del valor que la asignemos, de la fuerza que la concedamos. Y dependiendo de la capacidad que tengamos de avanzar o de permanecer en el lloro del propio derrotismo.

Tres aliados poderosos tiene la derrota: el desaliento, el temor y la indecisión, pero una derrota peleada vale más que una victoria casual.

Toda derrota, más o menor de importancia, pasa habitualmente por seis etapas, que son necesarias reconocer, para superarlas, para concederles su espacio y su tiempo.  

Estas son:

NEGACIÓN

Así empieza todo. No aceptando la nueva situación. Negándose a comprender que es lo que te ocurre. No se asume y se piensa que se está viviendo un mal sueño. Se niegan las evidencias, lo más obvio.

RABIA

Cuando las dudas ya no existen, cuando se sabe que está pasando y que no se trata de un sueño, se entra en cólera, en el por qué a mí, por qué ahora, … Empieza a sentirse enfado, falta de ilusión, pérdida de entusiasmo, ira,… Aparece el “merezco otra cosa”. Incluso el “nunca lo olvidaré”.  Entre otras expresiones.

CULPA

Al finalizar el estado de rabia se entra en el sentimiento de culpabilidad. Culpabilidad desde “la culpa es mía” o desde “otros son los culpables”. En ambos casos no importa de quién es la culpa, lo que importa es el estado en el que se vive. De quién es la culpa no aporta nada, es improductivo, es interpretativo, no sirve. Buscar culpables o convertirse en víctima sólo nos paralizará. Nos dejará atados al pasado.

NEGOCIACIÓN

Encontramos en esta etapa una nueva realidad. Puertas de salida. Nuevas alternativas. Estados de bienestar diferentes. Y entonces intentamos negociar con todo lo que esté presente en esa derrota: con el destino, con nuestro “dios”, con los jugadores, con el presidente, con los compañeros, con … Sin darnos cuenta que sólo estamos retrasando lo inevitable porque ya se produjo. Si quieres negociar, de verdad,  y avanzar necesitarás cambiar. Encontrarte con el cambio y llevarlo a la acción. Hacer que algo nuevo suceda.

ANGUSTIA

Cuando se comprende, si no se ha entrenado lo suficiente y bien, que ya nunca nada será igual. Es el momento en que sientes que ahora sí lo perdido se ha perdido para siempre. En esta etapa nos damos cuenta de que todo ha cambiado, que no tiene sentido seguir esperando. La tristeza de esta etapa, aunque no lo pueda parecer en muchas ocasiones, es reparadora. En esta etapa se vive en angustia más que por la derrota porque todavía no sé vislumbra el nuevo camino. 

Todavía no se ve el principio de lo que sigue.

 ACEPTACIÓN

Es la etapa de luz. El alcalde de Gotham, en la película de Batman, lo decía así: “después de la oscuridad, siempre llega la luz”. Es cuando la derrota sabe a victoria por primera vez. O al menos, no duele. La aceptación es cuando nada ha cambiado externamente, pero sí todo ha cambiado internamente. En esta etapa se modifican los valores, se crece personalmente, se vive como una flor en primavera. Se nace de nuevo. La aceptación nos permite recuperar la serenidad.

Y la confianza.

No hay entrenadores infalibles, somos nuestra trayectoria.., donde hay victorias y derrotas. Lo importante es sumar más sabores q amarguras.

Si estás viviendo un estado de malos resultados, date el permiso de vivir todas las etapas. Y al final del camino, cuando llegue la aceptación recuerda el título famoso disco de Supertramp:

Crisis, ¿qué crisis?

Transfórmalo en…

DERROTA,

¿QUÉ DERROTA?

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