Entrenamiento de la Defensa individual en formación

cenafe

Antes de comenzar este blog es necesario señalar (como hago en todos los foros donde hablo del entrenamiento individual defensivo) que las reflexiones aquí expuestas no tienen que ser asumidas por todos los entrenadores, y que lejos de existir un consenso pleno sobre este asunto, existen notables discrepancias y diferencias de criterio en la concepción que el entrenamiento individual defensivo debe tener con los jóvenes jugadores. Sobre este particular, considero que las diferentes posturas, lejos de perjudicar la transmisión de información, enriquecen el debate para aportar distintos puntos de vista, cuestión que el entrenador interesado agradecerá notablemente al poder atender a argumentos opuestos sobre el mismo tema. Del mismo modo, desde aquí animo a los entrenadores que entienden el entrenamiento individual defensivo de otra manera, a que publiquen sus experiencias para, mediante el debate respetuoso, mejorar nuestros conocimientos sobre la formación individual defensiva y optimizar la intervención con los jugadores.

El requisito previo antes de profundizar en el estudio del entrenamiento individual
defensivo es determinar el tipo de defensor que se busca con este entrenamiento.
Tener claro que tipo de defensor se pretende formar no supone en absoluto
quedarse en una concepción “filosófica” y abstracta puesto que esto, nos remitirá
directamente a un tipo de trabajo u otro.
Desde mi perspectiva, el tipo de defensor que debemos intentar formar en las
etapas de iniciación y de perfeccionamiento es el siguiente:

tipo de defensor.PNG

Si analizamos las exigencias que demandamos al defensor tipo que se pretende
formar, veremos que de los seis puntos expuestos, uno hace mención a los
factores actitudinales, uno a la ejecución de las acciones técnicas, tres a la interpretación,
discriminación del juego y al ajuste de las respuestas y finalmente uno a una exigencia mixta (ser seguro implica varios de los factores anteriores). La cuestión ahora es determinar cómo se llega a formar a un jugador de estas características, y cuál es el tipo de trabajo que se le debe administrar. Veamos algunos de los elementos claves en este proceso.

1. LA CUESTIÓN DEL ENTRENAMIENTO DE LA EJECUCIÓN TÉCNICA
El entrenamiento de los aspectos relacionados con la ejecución técnica es uno
de los asuntos de frecuente debate en las charlas sobre la formación individual
defensiva.
Si el defensor que intentamos formar es el descrito anteriormente, ¿son los
siguientes ejercicios los que van a facilitar este comportamiento?

  • Ejercicio 1. Los jugadores se sitúan frente al entrenador en posición de base defensiva. El entrenador irá indicando la dirección del desplazamiento defensivo (derecha, izquierda, hacia delante o hacia atrás).
  • Ejercicio 2. El defensor en posición de base recorre con desplazamiento lateral una determinada distancia (generalmente muy amplia).

He seleccionado dos ejercicios que creo son de uso frecuente con jugadores en formación cuando se pretende entrenar los desplazamientos defensivos y la posición de base, ¿asentando el entrenamiento individual defensivo en ejercicios como los expuestos conseguimos el tipo de defensor que se ha descrito anteriormente?

Creo que todos coincidiremos en señalar que no, ya que los ejercicios de este estilo ignoran completamente la intencionalidad en la acción, y si lo que nosotros pretendemos es que el jugador interprete el juego, parece que no será muy acertado basar el trabajo defensivos en ejercicios como estos donde no se debe discriminar nada (no obstante, dejaremos para más adelante la cuestión de la intencionalidad táctica). Pero si quisiéramos entrenar únicamente los aspectos relacionados con la ejecución técnica, ¿sería este tipo de ejercicios los que deberían predominar en nuestros entrenamientos?, desde nuestro punto de vista tampoco.

Intentaré justificar y argumentar esta opinión a partir de un ejemplo práctico: el blocaje de balón en la defensa de saques de esquina.
Tradicionalmente el blocaje de balón se ha entrenado bajo situaciones en las que el defensor partía desde una posición frontal al chutador y donde se encontraba perfectamente equilibrado para la defensa de intercepción. Igualmente, se establecía que el único objetivo al intentar un blocaje era “cortar la trayectoria del balón una vez chutado a portería”. Presentamos un ejemplo de ejercicio tipo en el que se intenta entrenar el blocaje en base a lo anteriormente señalado (defensor equilibrado, realizando siempre el mismo desplazamiento y bien orientado respecto al chutador).

Si bien todas estas cuestiones tienen mucho que ver con el blocaje, no es menos cierto que en el desarrollo del juego aparecen numerosas situaciones en las que el defensor ni está en una posición frontal respecto al chutador, ni se encuentra equilibrado cuando tiene que realizar el desplazamiento para el blocaje (como consecuencia de sus acciones defensivas anteriores al blocaje). Según esto, no podría esperarse que el defensor consiga blocar la trayectoria del balón, ya que parte desde una posición que nada tiene que ver con la descrita a la hora de realizar el patrón técnico y aún así, el buen defensor es capaz de realizar el blocaje desde una situación de desequilibrio y sin estar totalmente orientado respecto al chutador. Si el defensor es capaz de tener éxito, sin duda es debido a que puede flexibilizar su patrón técnico y adaptarlo a la situación de juego que en ese momento se le presenta.

Siguiendo esto, no parece razonable en los entrenamientos (en las etapas de perfeccionamiento) mantener constantes tanto las situaciones contextuales en las que se desarrolla la acción técnica como la posición inicial desde la que se inicia el gesto, ya que la repetición idéntica de la misma acción en la misma situación no facilitará la flexibilización de ese patrón técnico.

Del mismo modo, el blocaje defensivo puede realizarse aún considerando que no va a llegarse a contactar con el balón, pero asumiéndose que mediante el intento de blocaje se disminuye el ángulo de chut del atacante y consecuentemente, el portero podrá discriminar mejor las opciones de localización del chut.

Es decir, se trataría aquí no ya de realizar una acción con la intención exclusiva de blocar el balón, sino de colaborar con el portero para reducir el ángulo de chut del atacante, situación esta que conduciría a un aumento en la exigencia de la ejecución de la acción técnica y por tanto a una mayor flexibilización de la misma.

Atendiendo a todo lo anterior, las variaciones que pueden aparecer en el juego real en cada habilidad técnico-táctica (en este caso el blocaje) son las modificaciones que deben plantearse en el entrenamiento de esas habilidades. Si se habla del blocaje será necesario alternar situaciones de partida equilibradas y frontales al chutador con situaciones iniciales desequilibradas y laterales o diagonales al chutador supondrá plantear distintos blocajes defensivos: con desplazamiento lateral o hacia atrás, de cierre de trayectorias,
etc,.

Igualmente, sería aconsejable diseñar tareas en las que el defensor tras realizar una primera acción defensiva (marcaje al impar, desplazamiento para una ayuda, etc.), tuviera que intentar realizar un blocaje inmediatamente después de esa primera acción.

En síntesis, es necesario resaltar la importancia de los patrones técnicos de base entendidos más como orientaciones para la ejecución que como acciones sin
posibilidad de cambio alguno. El entrenador mediante el estudio del juego, deberá
estructurar en sus entrenamientos las variaciones que los patrones técnico-tácticos
defensivos pueden presentar para conseguir de sus jugadores respuestas flexibles
y adaptadas a la realidad del juego.

Ejemplo 1

Descripción: Un defensor marcar en proximidad al pivote intentando que no reciba el pase del lanzador de saque de esquina. Este puede pasar al pivote o pasar al ala del lado fuerte del balón  para que chute. El defensor evitará inicialmente el pase al pivote y después dificultará el chut del ala con blocaje (si no llega deberá cerrar el ángulo de chut que previamente se ha acordado con el portero).

  • Objetivos:
    -Mejorar el marcaje al pivote y el blocaje.
    – Perfeccionar la técnica de desplazamiento para doblar acciones (marcar y
    blocar, marcar e interceptar).
    – Realizar encadenamientos defensivos variados (marcaje-desplazamiento-interceptación, marcaje-desplazamiento-blocaje).

Ejemplo 2

Descripción: 1X1 + blocaje en situación de desequilibrio. Se juega 1×1 en puestos
específicos respetándose la estructura de alguno de los anteriores ejercicios, a partir
de esa situación en cuanto finalice el 1×1, un atacante desde un puesto específico
colindante o cercano realiza un chut. El defensor debe jugar primero el 1×1 y posteriormente intentar llegar al blocaje.

  • Objetivos:
    – Similares a otras situaciones anteriores de 1×1.
    – Variar las situaciones de desplazamiento y orientación corporal para el blocaje.
    – Colaborar con el portero en la responsabilidad de cerrar ángulos de chut.
    – Encadenar elementos técnico-tácticos.

Como se aprecia en los ejercicios propuestos, se intenta generar situaciones en las que el defensor no llegue siempre al blocaje en las mismas condiciones y junto con esto, que esos elementos que proporcionan la variabilidad de las acciones sean contenidos propios del futbolsala (marcaje previo al pivote, desplazamiento, otra acción de blocaje, un salto defensivo a otro atacante, etc.). Como es lógico, podrían proponerse tantas situaciones como acciones previas al blocaje pudiera ofrecer el juego real.

2.  LA CUESTIÓN DE LA INTENCIONALIDAD EN LAS ACCIONES DEFENSIVAS
Desde nuestra perspectiva, este es el elemento de mayor dificultad en el entrenamiento individual defensivo junto con el trabajo de la anticipación y la iniciativa defensiva y sin duda, donde la metodología debe hacer un mayor hincapié para asegurar una correcta formación defensiva.

Es frecuente en el entrenamiento individual defensivo el uso de ejercicios sobre contenidos individuales defensivos aislados, carentes de intencionalidad alguna (como los primeros que vimos en el anterior apartado). Para clarificar esta cuestión me gustaría que pensáramos por un momento para qué utilizan los defensores una u otra posición de base defensiva (siempre que asumamos que hay varias posibles posiciones de base defensivas). Desde luego, no parece lógico (al menos si queremos conseguir el defensor descrito en la parte inicial del blog) que el defensor utilice la misma posición de base frente a un zurdo que frente a un diestro, en el pasillo derecho que en el pasillo izquierdo, si quiere provocar una acción en el atacante o no, si existe colaboración defensiva en una zona o no.

Espero que compartamos igualmente que estos diferentes contextos sugieren al defensor el empleo de una u otra posición de base y orientación defensiva, entonces… ¿Cómo esperamos que el defensor discrimine todo esto?, desde luego el único medio es
entrenándole para ello y variando estos y otros elementos que le permitan identificar
qué tiene que hacer en cada uno de esos contextos. De esta forma, si analizamos cuáles son las variables que condicionan el empleo de una u otra posición de base defensiva, encontraremos la respuesta a la pregunta de cómo entrenar este contenido técnico junto a su intencionalidad táctica correspondiente:

  • – La dominancia lateral del jugador ofensivo al que hay que defender (diestro o zurdo).
    – El puesto específico defensivo.
    – La profundidad defensiva. No será igual defender en 9m. que hacerlo en 15m.
    – La respuesta que se quiera generar en el atacante. Si la intención del defensor
    es llevar al atacante hacia el punto débil el defensor deberá necesariamente
    ajustar su posición de base.
    – El conocimiento del atacante. Todos los jugadores tienen unas acciones mejores que otras, conocer esto posibilitará emplear una posición de base que dificulte las mejores acciones del rival.
    – La colaboración que pueda tener de otro/s compañeros. Si el defensor sabe que tiene la ayuda de un compañero (defensor central por ejemplo) en la izquierda o en la derecha podrá emplear una posición de base para llevar al atacante a esa zona (contra el defensor central).
    – El conocimiento de sus propias características.

Es absurdo pedirle a todos los jugadores el mismo tipo de comportamiento en el trabajo individual. Enseñar al jugador a explotar sus puntos fuertes será una de las obligaciones del entrenador. Respecto a la posición de base no será igual ser un jugador rápido que uno lento, a cada uno le favorecerá una u otra posición de base y eso debe aprenderlo en el entrenamiento.
Aquí tenemos un buen número de factores para empezar a diseñar nuestros
entrenamientos en torno a la posición de base, más que emplear ejercicios en los que los jugadores repiten una posición de base sin entender para qué sirve o para qué puede utilizarse (espero que se me permita una pequeña licencia cómica entre tanto farragoso asunto).imitacion.PNGLa repetición de un gesto técnico sin la comprensión de su intencionalidad táctica no tiene sentido. Imagen obtenida de: Singer, R. N. (1986) El aprendizaje de las acciones
motrices en el deporte. Barcelona: Hispano Europea.

En los diferentes cursos y charlas en los que he expuesto estos trabajos, muchos entrenadores me han formulado la misma pregunta ¿entonces los ejercicios que hemos visto al inicio del texto no sirven? Mi respuesta siempre ha sido la misma: – todos los ejercicios sirven para algo, quizá para explicarle al niño en un primer momento qué es la posición de base, o si el jugador no es capaz de partir de una posición de equilibrio en las acciones defensivas es posible su utilización puntual, pero de ahí a que estos ejercicios sean los cimientos del trabajo defensivo de los jóvenes no parece que sea razonable.
Otra pregunta que se ha repetido con frecuencia ha sido la de:
¿QUÉ TIPO DE EJERCICIOS SE DEBERÍAN EMPLEAR EN LA FORMACIÓN INDIVIDUAL DEFENSIVA?
Respecto a esto, creo que no hay que tratar de “inventar” grandes ejercicios, nos servirían las clásicas situaciones de 1×1, 1×2, 2×1 ó 2×2 en diferentes espacios (y con distintas posibilidades reglamentarias para los atacantes) en las que exijamos a los jugadores que utilicen una u otra acción defensiva (posición de base, marcaje en proximidad, etc.) en función de las variables que antes se han señalado.

Traducido al entrenamiento, consistiría en proponer pequeños objetivos (llevar al
atacante a un espacio, colaborar con un compañero para ofrecer o cerrar un espacio,
realizar un marcaje en proximidad, falsear una acción para realizar otra, etc.) y
preguntar al defensor si los contenidos defensivos que utiliza se ajustan al objetivo
del ejercicio. Para ello, basta con insistir a los jugadores en las tareas defensivas
del mismo modo que en las tareas ofensivas, en las que siempre perseguimos que
el jugador tenga una intencionalidad en la acción. De esta forma, pueden emplearse
los ejercicios habituales con oposición pero obligando al jugador a que tenga un
criterio a la hora de situarse en una u otra posición de base u orientación defensiva
(por ejemplo).

Para finalizar este pequeño apartado destinado a la construcción de ejercicios defensivos, e intentando no extenderme por lo limitado de este trabajo, hay un elemento que me preocupa especialmente en el entrenamiento individual defensivo con
los jóvenes. Creo se está tratando de entrenar los contenidos individuales de forma muy aislada, es decir: un ejercicio para la posición de base, un ejercicio para los desplazamientos, un ejercicio para el blocaje, etc. Concebir el trabajo individual de esta forma es peligroso, ya que la posición de base o los desplazamientos siempre se utilizan en el juego real para hacer algo posteriormente: se parte de una posición de base para interceptar el balón, se parte de una posición de base para hacer un marcaje en proximidad, se realiza un desplazamiento para hacer una ayuda, etc.

Quiere esto decir que la posición de base o un desplazamiento defensivo en sí mismos
tienen poco sentido, por tanto, si los contenidos individuales defensivos aparecen
siempre asociados ¿por qué no planteamos ejercicios en los que se reproduzcan
esas asociaciones o encadenamientos?
Aquí si que no estoy diciendo nada novedoso.

3. LA CUESTIÓN DE LA CONTUNDENCIA DEFENSIVA
Sin lugar a dudas el aspecto que más controversia ha generado en el planteamiento de este tipo de trabajo ha sido el de la contundencia defensiva. Algunos entrenadores han entendido que defendíamos una postura en la que obligábamos al defensor a no realizar faltas, cuestión que evidentemente nada tiene que ver con lo expuesto.

Nuestra postura en este asunto es muy clara: si la única opción posible para ser eficaz en las tareas defensivas es realizar un marcaje en proximidad con falta, esa es la acción que debe hacer el defensor. Pero… ¿las situaciones del juego real te obligan siempre a tener que hacer falta?, ¿puede trabajar el defensor previamente para intentar poner en apuros al atacante? Igual que defendemos lo dicho anteriormente (realizar falta cuando sea necesario) también defendemos que hay que entrenar al defensor para que discrimine cuándo no hacer falta  y sino hace esto, deberemos enseñarle a que valore que otras acciones puede realizar.

Un defensor en un partido debe jugar diez veces una situación de uno contra uno. De estas diez veces en dos ocasiones tiene que hacer falta después de haber intentado que el atacante cometa algún error ¿Qué hace en las restantes? Desde luego, no pretenderemos que si lo único que hemos trabajado con ese jugador es a que haga falta, va a ser capaz ahora de discriminar de esas diez acciones las dos en las que debe hacer otra cosa. Si los jugadores son capaces de discriminar estas situaciones ventajosas y aprovecharlas, puede que estemos hablando de recuperar en todo el partido cinco o seis balones, quizá
los necesarios para ganar ese partido.

De igual forma, es difícil plantear a un defensor que puede hacer otras acciones diferentes a la falta, si el rol de partida que le propone el entrenador es a la espera del atacante y completamente pasivo respecto al juego uno contra uno. A esto si que nos oponemos radicalmente, ya que creemos que el papel del defensor no es evitar que el atacante le engañe sino ser él el que intenta engañar al atacante para provocar el error ofensivo (y si no puede conseguirse siempre tiene luego la opción de falta a la que ya hemos dicho que no puede renunciarse).

Somos conscientes, debido a la estructura espacial de nuestro deporte, que con un determinado tipo de jugadores jugar a la espera sin tomar riesgo defensivo alguno
y amparado en situaciones de contacto puede suponer ser eficaz en defensa.

Como siempre, el entrenador deberá posicionarse sobre qué estilo defensivo quiere implantar en su equipo y mediante qué tipo de entrenamiento va a lograr que sus jugadores desarrollen los sistemas defensivos correspondientes, en nuestro caso, ya nos hemos posicionado. De esta forma, el aspecto clave en la discusión debe ser: formemos a los jugadores técnica y tácticamente en defensa y luego que cada entrenador lo aplique al sistema defensivo que considere más conveniente para su equipo. Por esto, al hablar de formación individual defensiva el debate no debe desviarse hacia qué sistema defensivo debe emplearse, sino hacia qué modelo de trabajo individual vamos a proporcionar a los jugadores y qué posibilidades defensivas tienen los jugadores cuando entrenan bajo una u otra concepción.

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