Somos “producto” de nuestros pensamientos.

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Desde Ushuaia, después de pasar unos días mágicos compartido con tantos amig@s la 4ª Edición del Clinic Internacional de Futsal Más Austral del Mundo, os dejo una historia que, en mi opinión, es una idea fuerza.

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Es una historia que cuenta Anthony de Mello en uno de sus libros que me gusta mucho.
Suelo usarla en alguno de los cursos que imparto porque nos ayuda a entender que todos nosotros finalmente nos comportamos muy dependientemente de cómo creemos que somos.

Somos ” producto ” de nuestros pensamientos. Consecuencia de lo que vivimos cada día. Si creemos que somos águilas, así nos comportaremos. Volaremos alto. Y si nos creemos gallinas, así seremos; estaremos todos los días cerca del suelo, picoteando grano y buscando gusanos.

La historia de Mello nos cuenta que un hombre se encontró un huevo cuando un día daba un paseo por el monto, el huevo pertenecía a un nido águila que se había caído de un peñasco. El hombre lo recogió del suelo y se lo llevó. Al llegar a su granja lo colocó en el nido de una de sus gallinas.

Pasaron unos días y el aguilucho salió del cascarón y se crio con los todos los polluelos de la granja. Jugaba con ellos. Aleteaba con ellos. Hacía todo como si de una gallina se tratase. Paso su vida comportándose como una gallina. Rascaba la tierra buscando pequeñas semillas e insectos para alimentarse. Cacareaba y cloqueaba como las gallinas.

Cuando quería volar, solo batía levemente sus alas de modo que apenas se elevaba un metro sobre el suelo. Nada de eso le parecía anormal ya que así era como comportaban las demás gallinas. Un día vio que un ave majestuosa volaba por el cielo despejado.

-¡Qué hermosa ave! -le dijo a una de las gallinas que se hallaban a su lado.

¿Qué tipo de ave es esa?

-Es un águila, “la reina de las aves” – le contesto su compañera.

Pero TÚ no te hagas ilusiones. Nunca podrás volar así. No la mires más que tú nunca serás como ella. El águila se dejó llevar por los consejos de las otras gallinas y simplemente dejó de prestarle atención a las águilas que volaban sobre la granja.

Al final el águila murió creyendo que era una gallina.

La moraleja es muy sencilla: Somos lo que pensamos que somos!

  • Si crees que eres una gallina, morirás como una gallina.
  • Si crees que eres una águila, volarás como un águila.

GRACIAS por hacer realidad este sueño de estar en Ushuaia: Martin Bonvehi

 Empujador, donante y agitador de este bello deporte (Futsal)

DERROTA, ¿QUÉ DERROTA?

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Te pase lo que te esté pasando en cualquier competición, es lo que tu etapa deportiva necesita. No es resignación, es aceptación y comprensión de que hemos llegado a esto que nos ocurre por algo. ¿Y por qué podemos estar tan seguros de que es así? Muy obvio: porque si no fuese así estarías en medio de otra situación. Lo estarías viviendo de otra forma

“Solo el propio ENTRENADOR dentro de él, sabe lo que se SUFRE y te DESGASTA una derrota”

Pep Guardiola.

Nuestro ego no lo acepta, pero es porque se alimenta de la fantasía. De lo que le gustaría que pasara, no de lo que realmente le pasa.

La buena noticia: No resignarnos, pero sí aceptarlo y comprenderlo nos acerca a encontrar nuevas soluciones, si es que no nos gusta la situación que estamos viviendo, y también nos acerca a aprender de lo sucedido, de lo que en cada competición ocurre para así mejorar, crecer, hacemos más fuertes. 

Cuando perdemos un partido que queríamos ganar, que creíamos nuestro, que valorábamos, que sentíamos como un “tesoro” que nos pertenecía, siempre nos sentimos tristes. Pero nada nos pertenece. 

La tristeza es la emoción que representa el sentido de la derrota. Es una emoción para ser vivida. Como la alegría, también necesaria. Bienvenida la tristeza cuando no se vive como queja, sino como un estado temporal de nuevas enseñanzas. Tristeza recibida con gratitud. Como un estado emocional sanador. Tristeza vivida desde la humildad, para aceptar los cambios necesarios. Para prepararnos a cambiar sin el sentimiento de frustración.

Todos los entrenadores vivimos estados de derrota. A veces, más que la derrota en sí, el sufrimiento nos lo crea la sensación de merecimiento que teníamos y mantenemos, el sentir que la victoria ya no será nuestra. Pero en realidad es una ilusión, porque nunca nada lo fue.

La repetición mental de esa ilusión, de forma continua, sin darle tregua, masticándolo mentalmente sin parar, nos aleja de la capacidad de sufrir por ello.

Esto me recuerda un cuento que dice así: 

Érase una vez un hombre que había perdido un diamante.

Y por ello cayó en una gran desesperación.

Se sentía apenado por tan mala suerte.

Apenas recuperó un poco el ánimo, acudió a visitar a magos, científicos, videntes, adivinadores, … pidiéndoles ayuda para poder recuperar su joya.

Nadie le dio una señal de cómo hacerlo.

Un día, un sabio, le dio el siguiente consejo:

Te diré como puedes recuperar tu diamante, pero antes tendrás que encontrar y traer a mi presencia una persona que nunca haya perdido nada

El hombre buscó durante años pero todas las personas con la que hablaba habían perdido algo.

A su vuelta, diez años después, el sabio le preguntó por su diamante.

A lo que aquella persona contestó:

Ya no pienso en él. He conocido tanta gente que ya no sufre, aun habiendo tenido pérdidas mayores a la mía, que hace tiempo que ya no necesito el diamante“.

Así es. Lo aceptó. Como esas personas que se iba encontrando por el camino y que ya no sufrían por sus pérdidas.

Y es que toda derrota que sufrimos se convierte en un duelo. Grande o pequeño, dependiendo del valor que la asignemos, de la fuerza que la concedamos. Y dependiendo de la capacidad que tengamos de avanzar o de permanecer en el lloro del propio derrotismo.

Tres aliados poderosos tiene la derrota: el desaliento, el temor y la indecisión, pero una derrota peleada vale más que una victoria casual.

Toda derrota, más o menor de importancia, pasa habitualmente por seis etapas, que son necesarias reconocer, para superarlas, para concederles su espacio y su tiempo.  

Estas son:

NEGACIÓN

Así empieza todo. No aceptando la nueva situación. Negándose a comprender que es lo que te ocurre. No se asume y se piensa que se está viviendo un mal sueño. Se niegan las evidencias, lo más obvio.

RABIA

Cuando las dudas ya no existen, cuando se sabe que está pasando y que no se trata de un sueño, se entra en cólera, en el por qué a mí, por qué ahora, … Empieza a sentirse enfado, falta de ilusión, pérdida de entusiasmo, ira,… Aparece el “merezco otra cosa”. Incluso el “nunca lo olvidaré”.  Entre otras expresiones.

CULPA

Al finalizar el estado de rabia se entra en el sentimiento de culpabilidad. Culpabilidad desde “la culpa es mía” o desde “otros son los culpables”. En ambos casos no importa de quién es la culpa, lo que importa es el estado en el que se vive. De quién es la culpa no aporta nada, es improductivo, es interpretativo, no sirve. Buscar culpables o convertirse en víctima sólo nos paralizará. Nos dejará atados al pasado.

NEGOCIACIÓN

Encontramos en esta etapa una nueva realidad. Puertas de salida. Nuevas alternativas. Estados de bienestar diferentes. Y entonces intentamos negociar con todo lo que esté presente en esa derrota: con el destino, con nuestro “dios”, con los jugadores, con el presidente, con los compañeros, con … Sin darnos cuenta que sólo estamos retrasando lo inevitable porque ya se produjo. Si quieres negociar, de verdad,  y avanzar necesitarás cambiar. Encontrarte con el cambio y llevarlo a la acción. Hacer que algo nuevo suceda.

ANGUSTIA

Cuando se comprende, si no se ha entrenado lo suficiente y bien, que ya nunca nada será igual. Es el momento en que sientes que ahora sí lo perdido se ha perdido para siempre. En esta etapa nos damos cuenta de que todo ha cambiado, que no tiene sentido seguir esperando. La tristeza de esta etapa, aunque no lo pueda parecer en muchas ocasiones, es reparadora. En esta etapa se vive en angustia más que por la derrota porque todavía no sé vislumbra el nuevo camino. 

Todavía no se ve el principio de lo que sigue.

 ACEPTACIÓN

Es la etapa de luz. El alcalde de Gotham, en la película de Batman, lo decía así: “después de la oscuridad, siempre llega la luz”. Es cuando la derrota sabe a victoria por primera vez. O al menos, no duele. La aceptación es cuando nada ha cambiado externamente, pero sí todo ha cambiado internamente. En esta etapa se modifican los valores, se crece personalmente, se vive como una flor en primavera. Se nace de nuevo. La aceptación nos permite recuperar la serenidad.

Y la confianza.

No hay entrenadores infalibles, somos nuestra trayectoria.., donde hay victorias y derrotas. Lo importante es sumar más sabores q amarguras.

Si estás viviendo un estado de malos resultados, date el permiso de vivir todas las etapas. Y al final del camino, cuando llegue la aceptación recuerda el título famoso disco de Supertramp:

Crisis, ¿qué crisis?

Transfórmalo en…

DERROTA,

¿QUÉ DERROTA?

Hacer bien lo fácil

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Se juega para ganar pero sentimos una atracción casi inevitable por lo extraordinario.
Nos atraen las acciones inesperadas, las soluciones novedosas, las jugadas brillantes.
Es evidente que para todo el mundo lo primero es el resultado, aunque no esperamos
ganar de cualquier forma. Soñamos con ganar deslumbrando, sorprendiendo, demostrando un ingenio y una forma de hacer fuera de lo común.
Las ilusiones son el motor de la acción. La capacidad de soñar es lo que nos pone en
marcha. Por eso los chicos que empiezan en un deporte ponen la vista en los jugadores
espectaculares. Progresar supone, para ellos, parecerse un poco a sus ídolos, imitar todo
aquello que les hace atractivos y diferentes.

Voy a hacer una confesión íntima: yo también soy un soñador. Si no fuera así tengo la certeza de que me hubiera apartado del futbolsala hace muchos años, pero el futbolsala
sigue alimentando mis sueños y mis esperanzas. Eso hace que no tenga mucha dificultad
para entender a los jóvenes que se inician en esto. De hecho, en cualquier partido de cualquier nivel que elijamos podemos constatar esto que digo: Los jugadores no se limitan a tratar de ganar, buscan con ahínco demostrar su “clase” intentando acciones que dejen a todos – rivales, espectadores y compañeros – con la boca abierta.

Como ser genial no es una cosa muy común, lo normal es que eso que ellos sueñan como algo ingenioso y extraordinario no pase de ser una burda imitación, muchas veces hecha a destiempo y fuera de contexto, de algo que vieron hacer a uno de sus ídolos. Así vemos transcurrir partidos del nivel más bajo entre “bicicletas”, “caños”, “croquetas” y pases sin mirar, a la vez que se pierden balones, se fallan chutes cantados y se defiende, en el mejor de los casos, de forma testimonial.

No seré yo el que me oponga a los sueños de la gente, si les quitamos esto les quitamos todo. Es más, creo que en lugar de coartarla, la fantasía de los jugadores debe ser alimentada… aunque dándoles paralelamente la base necesaria para poder
cumplir sus sueños.

La esencia del juego es la sorpresa, todo lo que se programa se puede contraprogramar, lo que nos vence es aquello que no podemos contrarrestar porque supera nuestras expectativas. No digo con esto que un equipo no deba tener sus planes y estar ordenado – el caos tampoco es muy productivo – pero el orden sin sorpresa es muy fácil de neutralizar. Ahí entra en juego la mayor o menor capacidad del jugador para actuar adaptándose al entorno y responder con propuestas inesperadas que sitúan a todos en un escenario diferente.

Admiramos a los jugadores capaces de improvisar. Aunque matizaré esta apreciación: nos gustan los jugadores que improvisan eficazmente. Las improvisaciones ineficaces
– que también las hay – nos sacan de nuestras casillas. Y no nos conformamos con esto, además queremos que sean capaces de actuar con rapidez, la parsimonia es enemiga de
la sorpresa.
¿Se pueden trabajar estas habilidades?
¿Es posible conseguir, con trabajo, jugadores así?
Mi respuesta es contundente: si, sin duda ninguna.  Para empezar hay que meditar sobre tres palabras clave que acabamos de subrayar:

  • Improvisación.
  • Eficacia.
  • Rapidez.

IMPROVISAR EN EL JUEGO
¿Os gusta el jazz?
A mí si. Una de las características de este tipo de música es la improvisación. Me quedo extasiado con la capacidad de inventar sobre la marcha que tienen muchos intérpretes. Cómo, por arte de magia, aparecen escalas y armonías que son capaces de trasladarte a otro mundo y alterar tu estado emocional. Ahí, en el instante, a toda velocidad. Lo que oíste en la sesión de hoy fue único, se hizo en ese momento y el próximo día será igualmente bello pero diferente, porque los músicos crean en función del momento y cada momento es singular… De pronto el clarinetista toma la voz cantante y empieza a desarrollar un tema, lo adorna con escalas vertiginosas que aparecen en el momento y evocan miles de sensaciones ¿Cómo lo hará? ¿Cómo es capaz de inventarse todo eso sobre la marcha y a toda velocidad, y que además sea bello y emotivo?… Será un don que Dios le dio.

Dejo de pensar en el clarinetista y me acuerdo de que con él había otros 4 músicos: un pianista, un batería un contrabajo y un guitarrista ¡Todos le siguieron y nadie falló ni dudó lo más mínimo! ¿Cómo fueron capaces de acoplarse?
Al fin y al cabo, el clarinetista era dueño de la situación, hacía lo que quería, pero los demás: ¿Cómo adivinaron sus intenciones?. ¿Se puede improvisar en conjunto sin irse cada uno por su lado, formando un todo coherente? Vemos que los músicos lo hacen. Pero no solo los músicos, también bailando o haciendo teatro o en otras miles de actividades se puede improvisar eficazmente y en grupo, y subrayo lo de “eficazmente”
porque es evidente que improvisar “desastrosamente” lo puede hacer cualquiera.

¿Lo podríamos hacer también en los deportes colectivos? Claro que sí. De hecho lo hacen los buenos equipos. En cualquier actividad todas las personas están preparadas para actuar improvisando eficazmente si han sido educadas de la forma adecuada.
¡Tú estas preparado para improvisar! O si no, mira cualquiera de las dos figuras y comprobarás que tu cerebro es capaz de leer algo coherente, de forma improvisada y casi inconsciente, sin necesidad de reflexionar.

No lo podrías hacer en un idioma que no dominases perfectamente y tampoco lo podría hacer, en español, un niño o un adulto, en sus primeras etapas de formación en la lectura. Pero tu cerebro ya pasó de esas etapas y ahora es capaz de dar sentido a la lectura… ¡por encima de lo que en realidad esté escrito! Es más, es capaz de poner de forma automática tus ideas y emociones sobre el papel, al escribir, sin necesidad de reflexionar sobre la construcción de las frases o la estructura de las palabras o las sílabas.

Hay que aclarar desde el principio que nadie, ni los músicos, ni los bailarines ni los actores, ni tú al leer o escribir… ni los jugadores, puede improvisar sacando las cosas de la nada. Son capaces de improvisar porque tienen muchos elementos en sus manos y en ellos se basan para crear sobre la marcha cosas complejas y originales – músicas, pasos de baile, escenas, poesías, escritos de cualquier naturaleza o jugadas – Y son capaces de improvisar en grupo, sin irse cada uno por su lado, porque tienen además claves comunes que les permiten intuir por donde se evolucionará en el futuro.

Los músicos de jazz tienen un gran dominio del ritmo, de las armonías de las escalas… Y no solo a nivel teórico, no es suficiente, se trata de hacer, no solo de conocer. Más allá de esto, se trata de hacer en conjunto, y eso requiere una habilidad práctica que solo se consigue con un duro aprendizaje y horas y horas de ejercitación consciente, hasta que las cosas salen de forma natural, sin necesidad de pensar mucho en ellas y sin errores.

Decía al principio que nos fijamos en las cosas extraordinarias que hacen los grandes jugadores. En lo que no nos fijamos tanto es que los grandes jugadores hacen muy bien lo “fácil”, que casi nunca fallan las ocasiones propicias. La diferencia entre un equipo de gran nivel y uno mediocre reside mucho más en este aspecto – la seguridad en la resolución de lo fácil – que en el balance de acciones extraordinarias y espectaculares realizadas durante el juego. Para ser bueno primero hay que ser fiable, y la fiabilidad está basada en la confianza de que no se tendrán muchos errores. Para poder llegar a un juego con sorpresas, con respuestas improvisadas, eficaces y rápidas, primero hay que “dominar el oficio”

Igual que los músicos de jazz invierten horas en repetir ritmos, escalas y armonías hasta ser capaces de repentizarlas de forma creativa y adaptándose a los compañeros, casi inconsciente y sin fallos, centrándose solo en plasmar las sensaciones y emociones que en ese momento les brotan, en la formación de los jugadores debemos invertir tiempo en el dominio de los elementos del juego hasta que son capaces de hacerlos aparecer de forma eficaz, y también casi inconsciente, concentrándose más en los objetivos externos de la lucha contra los adversarios y la colaboración con los compañeros que en el control de la propia acción.

Cuando alguien juega buscando en su interior pasa de ser actor a ser espectador reflexivo y crítico de su propio juego y las posibles soluciones aparecen de forma muy limitada y lenta. No quiero en este blog centrarme en los mecanismos de toma de decisiones ni en la utilización prioritaria de la “inteligencia intuitiva” sobre la “inteligencia reflexiva”.

En este blog daré unas pinceladas del ataque posicional y voy a obviar los aspectos individuales – chutes, desmarques, fintas… – aunque sean muy importantes.
Concretamente me voy a centrar en el trabajo que pienso que se debe hacer en las etapas cadete y juvenil – de los 14 a los 18 años – con los jugadores en fase de formación, para que mejoren su capacidad de integrarse en un grupo que ataca con orden, pero con capacidad de Improvisación Colectiva, Rápida y Eficaz. Es el momento de ganar fiabilidad, de trabajar duro para adquirir una base técnico/táctica práctica en la que apoyarse para poder desarrollar un juego creativo y con pocos errores. Es el periodo de “aprender el oficio”

1. LA “FIABILIDAD”: HACER BIEN LO FÁCIL COMO BASE DE LA PROGRESIÓN
No puedo centrarme y sentirme satisfecho en un concierto donde continuamente, o aunque solo sea de vez en cuando, un instrumentista u otro falla a la hora de ejecutar su parte, o lo hace de forma dubitativa y sin expresión – intención – de ningún tipo. Por educación lo aguantas, y tras unos aplausos rutinarios te marchas frustrado a tu casa. Vas en busca del arte, pero lo menos que exiges es la ejecución correcta y sin fallos de lo que allí se interprete. Igualmente no aguanto los partidos de futbolsala donde de forma continua se falla lo evidente, por más que de vez en cuando me regalen los sentidos con una acción genial. La sensación que me queda después de un partido siempre está marcada mucho más por la impresión global que por los posibles “pequeños buenos
detalles”. Por eso creo firmemente que el primer objetivo en la formación debe ser el de
disminuir el número de errores.

El primer paso para ser bueno es el ser fiable, el jugador que es capaz de hacer grandes cosas pero a la vez tiene muchos fallos es, en el mejor de los casos, un jugador mediocre.
La preparación para el alto rendimiento tiene un objetivo inexcusable: hacer casi siempre bien lo fácil. Si me quedara aquí, solo me quedaría en una declaración de intenciones. Para que este blog sea útil debo mojarme y exponer qué son esas cosas que, según mi criterio, los jugadores que están en proceso de aprendizaje deben practicar hasta llegar al dominio “sin fallos” del juego colectivo de ataque. Paso a enumerarlas y a hablar de ellas.

1.1. La fijación y el pase: la argamasa con la que se construye el juego colectivo.
Fijar y pasar es el ABC del juego de ataque; si no se maneja esto con precisión y velocidad, siendo capaz de hacer desplazarse a los defensores, creando espacios
o ventajas numéricas de atacantes en una zona eficaz (o ambas cosas a la vez), evitando
recibir faltas o pérdidas del balón que rompen la continuidad y gestionando el movimiento de balón de forma inteligente, es imposible desarrollar un juego colectivo coherente. –

De forma sintética quiero exponer los siguientes conceptos:

  • El juego ofensivo es mucho más que una suma de varios “1×1” sucesivos. Esto se logra a través de dos elementos: los pases, que nos comunican con otros atacantes, y las fijaciones, que nos relacionan con los oponentes.
  • La utilización inteligente de las fijaciones “par” e “impar” nos permite básicamente
    ampliar el espacio eficaz libre para que lo aproveche algún compañero o liberarle del marcaje de su oponente directo.
  • Más allá de los aspectos “matemáticos” de las fijaciones – qué espacio eficaz se habilita, cuántos jugadores liberamos de marcaje – están los aspectos intencionales. Atraer la atención o desviar la atención permite a los jugadores influir incluso en zonas distantes y en oponentes no directos.
  • La técnica es imprescindible porque, más allá de la necesaria velocidad y precisión, es lo que nos permite siempre aparecer ante los defensores como potencialmente peligrosos sin necesidad de centrar la atención en la propia actuación y sin esfuerzos suplementarios. En este sentido el hábito de realizar desplazamientos con orientación final hacia la portería, la utilización prioritaria de pases fundamentales y el jugar con la vista puesta preferentemente en la portería, debe ser motivo de entrenamiento continuo  hasta llegar al dominio.
  • No es suficiente con desarrollar la capacidad de fijar, es preciso poder hacerlo “con pocos pasos, con pocos gestos, empleando poco tiempo”. Se trata de no dejar pensar a los defensores.
  • Las defensas se rompen también con la utilización inteligente del pase. Hay dos caminos para conseguir esto:  Conseguir pasar balones en las zonas presuntamente más protegidas de un sistema defensivo, lograr convertir en inminentemente peligroso al jugador en que un instante antes nadie pensaba, puede romper una defensa con la simple acción de pasar el balón a un compañero, este es el primer camino.  El segundo consiste en gestionar la continuidad del juego a través del pase de forma intencional hasta degradar las posibilidades colectivas de la defensa.

1.2. La aplicación más directa: ser eficaz en las situaciones permanentes o circunstanciales de ventaja numérica ofensiva. Partimos de una situación equilibrada
entre atacantes y defensores y trabajamos en ataque para tratar de romper ese equilibrio. Por alguna razón, tal vez nuestro juego o acaso un fallo de los defensores, se
rompió el equilibrio y aparece circunstancialmente, en una zona eficaz, una ventaja
numérica de los atacantes (2×1, 3×2, 4×3, 4×2,… ) ¿Tenemos la certeza de que con gran frecuencia este tipo de situaciones serán resueltas favorablemente por nuestro
equipo? Si analizamos los videos comprobaremos hasta que punto somos eficaces en
este tipo de situaciones. En muchas ocasiones, si somos sinceros con nosotros mismos, deberemos admitir que el porcentaje de situaciones de ventaja numérica saldadas con gol a favor es realmente preocupante.

Debemos preguntarnos ¿Merece la pena seguir invirtiendo mucho tiempo de trabajo en
procedimientos para desequilibrar a favor el juego, si no tenemos la certeza de que esa ventaja que obtenemos va a ser rentable en la mayoría de las veces? Ya sabéis cual va a ser mi respuesta: es preciso invertir sistemáticamente bastante tiempo en la resolución eficaz de las situaciones de ventaja numérica. Y no solo en equipos de formación, también en los equipos de alto nivel las situaciones de ventaja numérica deben formar
parte del entrenamiento habitual como rutina y puesta a punto del juego colectivo.
¿Cómo se rentabilizan estas situaciones?: Pues básicamente a través de la gestión adecuada de fijaciones y pases. Atrayendo defensores hasta conseguir liberar a algún atacante. Pero también ampliando el espacio eficaz útil para la finalización.

1.2.1. Una idea para el entrenamiento: Superioridades numéricas “Flash”
Un error muy común: Las ventajas numéricas aparecen de forma sorpresiva en el juego, sin embargo se entrenan de una forma muy previsible. Mi idea es que en el entrenamiento de las superioridades numéricas se deben emplear ejercicios que por su estructura hagan aparecer superioridades numéricas ofensivas, pero donde ni los defensores ni los atacantes puedan controlar totalmente donde y cuando aparecerán. Es decir que se produzcan como un fogonazo no totalmente previsible y que su duración sea también reducida temporalmente. En mi lenguaje particular las llamo “Superioridades Flash” para dar una idea de lo que se pretende.

1.2.2. Aumentar el espacio y el tiempo para resolver
Es evidente que ante cualquier tipo de superioridad numérica (5×4, 4×2, 2×1…) lo primero que se busca es ir fijando a los defensores para reducir lo más posible la
situación, si es posible dejarla en un jugador contra el portero, mejor. Pero a veces olvidamos dos aspectos esenciales: Además de reducir la situación debemos aumentar el espacio eficaz libre de marcaje y aumentar el tiempo útil para la resolución final.

En las actuaciones habituales de los jugadores no expertos podemos apreciar estos dos defectos:

  1. Se consigue fijar a los defensores y liberar a algún atacante pero a costa de utilizar trayectorias muy largas y a veces en sentido equivocado, de forma que un atacante queda finalmente libre pero con muy poco espacio eficaz de maniobra o con muy poco ángulo de chut.
  2. Es fácil hablar de fijar, pero también está claro que no siempre se fija a los defensores con la misma intensidad. Los defensores no siempre se vuelcan en la defensa, en función de la intensidad y de la credibilidad de la acción del atacante, su actuación es más “flotante” o más centrada en el atacante con balón. Si la fijación no es buena, el defensor tiene mucho más tiempo para amortizar la desventaja. Este es el otro caballo de batalla “Conseguir buenas fijaciones para aumentar el tiempo útil en la finalización de los compañeros”. Esto está muy relacionado con la técnica de los atacantes.

2. UN PASO MÁS: TENER RECURSOS PARA CREAR SITUACIONES FAVORABLES EN ATAQUE
Resolver con solvencia lo “fácil” es una condición necesaria pero no suficiente para llegar a ser un gran jugador. Un buen atacante, más allá de los recursos individuales que tenga, debe contar con recursos colectivos para desequilibrar las defensas rivales. Según mi punto de vista en las edades cadete y juvenil se deben trabajar sistemáticamente los siguientes recursos.

2. 1. Ampliaciones sorpresivas de espacio

El juego de ataque no busca solamente situaciones de ventaja numérica, hay situaciones simples de 1×1 o 2×2 que con mucho espacio eficaz de maniobra son muy ventajosas para los atacantes. Si además se tiene la habilidad de hacerlas aparecer de forma sorpresiva en el juego pueden ser muy rentables de cara al resultado final.

Debemos entrenar “Ampliaciones sorpresivas de espacio”. Si no hay sorpresa se
pierde casi toda la ventaja. Podríamos decir que en el aprendizaje de este recurso hay tres puntos claves.

  • Aprender a fijar ampliando el espacio del compañero.
  • Aprender a aprovechar las ampliaciones empleando muy poco tiempo, muy pocos pasos, muy pocos gestos.
  • Aprender a hacerlas aparecer de forma sorpresiva (cuando no lo esperan los defensores).

2.2. Algunos procedimientos tácticos para obtener superioridades numéricas ofensivas

Hablábamos antes de aprovechar las situaciones de superioridad numérica que aparecen en el juego. Hay que pensar que estas situaciones no aparecen porque sí. Es verdad que algunas veces aparecen por errores defensivos sin que la intención de los atacantes haya influido en su aparición, pero el juego ofensivo debe procurar provocar desequilibrios en la defensa y no confiar en que los defensores errarán sin ningún motivo. En muchas ocasiones las ventajas se ganan a partir de una acción individual
– una finta, un desmarque… – que luego se rentabilizan colectivamente mediante fijaciones impares. Pero también se pueden ganar mediante la utilización de acciones coordinadas entre varios atacantes.

Aparte de las capacidades individuales, que son muy importantes, los jugadores deben dominar la utilización de procedimientos tácticos colectivos para buscar la superioridad numérica en zona eficaz. Está claro que no todos los procedimientos tácticos buscan la superioridad numérica, sin embargo en este blog, y pensando en las etapas de formación, me quiero centrar en los que sí la buscan:

  • El “pase y va”.
  • Los cruces.
  • Los bloqueos.

El dominio de estos procedimientos y la explotación colectiva de las ventajas obtenidas me parecen esenciales en los jugadores cadetes y juveniles. Por no extenderme no voy a hablar del “pase y va” ni de los cruces, por entender que no tengo nada especial que señalar. Pero sí me gustaría hacer algunas apreciaciones sobre la utilización de los bloqueos.

2.3. Los bloqueos: aprovechar el contacto físico

Todo el mundo sabe que uno de los medios más comunes para obtener ventajas en el juego de ataque, y no solo en el futbolsala sino en cualquiera de los deportes que permite el contacto físico, es interrumpir los movimientos de los defensores mediante el contacto físico con ellos. No trato de explicar aquí lo que es un bloqueo, que es de sobra conocido por todo el mundo, pero sí las diferentes formas de utilización sistemática de los mismos.
Concretamente, opino que los jugadores en jóvenes deben aprender tres formas de utilización del bloqueo:

  • Los bloqueos en 2ª línea defensiva.
  • Los bloqueos en 1ª línea defensiva para ganar posiciones y facilitar la recepción
    de balón.
  • Los bloqueos “largos” en 1ª línea defensiva

2.3.1. Los bloqueos en 2ª línea defensiva.
Son bloqueos que realizan sobre el oponente de un compañero de ataque para liberarle del marcaje de su oponente directo, la continuidad (bloqueo dinámico) provoca situaciones de ventaja 2×1 o, en general superioridades numéricas ofensivas. Se realizan ante las salidas de los defensores para neutralizar a los chutadores o ante defensas que sitúan de principio jugadores en la segunda línea defensiva (defensa zonal).

2.3.2. Los bloqueos en 1ª línea defensiva para ganar posiciones y facilitar el control de balón.
Son bloqueos que se realizan sobre un oponente no directo (bloqueo al impar) para ganarle la posición por un lado y crear una zona de ventaja para recibir el balón.

2.3.3. Los bloqueos “largos “en 1ª línea defensiva.
Son bloqueos que se realizan sobre el oponente directo del poseedor del balón para que, con una trayectoria larga, el compañero supere a dos defensores, creando así una situación de ventaja numérica.

3. DE LO CONCRETO A LO GENERAL: UN VIAJE QUE TAMBIÉN HAY QUE REALIZAR
“Enseñar de lo global a lo específico”, es una frase que tengo grabada en la cabeza desde hace muchos años. Desde que me empecé a plantear el trabajo de formación como una tarea metódica, esta máxima orientó todo mi trabajo, sobre todo a la hora de proponer etapas y fases sucesivas que permitieran a los niños pasar de un juego simple y divertido a una actividad deportiva exigente, de una forma natural, subiendo el nivel escalón a escalón, pero siempre dando pasos sencillos de superar. Ya me advirtieron mis maestros, sobre todo Javier Sampedro, que esto no era una máxima absoluta, que en realidad recorremos un camino cíclico y muchas veces hay que hacer también el camino de vuelta “de lo específico a lo global”. Siempre he sido bien mandado y procuré hacerles caso, pero hasta que no pasaron varios años volcado en el trabajo con muchas generaciones de jóvenes no me di cuenta de la importancia de este necesario retorno.

Hay que confiar en la capacidad de generalizar que tenemos los humanos. En realidad, partiendo de una situación concreta, vivida en un momento determinado, somos capaces de sacar conclusiones que nos sirven para resolver situaciones nuevas, similares – o no tanto – haciendo de lo particular algo genérico.

¿Qué tiene que ver esto con la enseñanza y el entrenamiento del balonmano?
Voy a tratar de explicarme.

3.1. Jugar en la “habitación de las cuatro puertas”
Imaginaros que os encierran en una sala grande con cuatro puertas, una en cada pared, nos ponen en el centro de la sala y nos dicen que solo tenemos una oportunidad para escapar. Una puerta se abrirá durante un segundo o dos y esa es nuestra oportunidad para salir; pero no nos dicen cual de las cuatro puertas es la que se va a abrir. Es muy posible que fracasemos. Si esperamos a que se abra la puerta para reaccionar, cuando queramos llegar la puerta ya se habrá cerrado, solo nos quedará apostar por una, anticiparse y tener suerte, en realidad solo tenemos el 25% de posibilidades de escaparnos.

Si en vez de 4 hubiese 8 ó 10 puertas, sería más difícil aun. Si además cada vez que no consiguiéramos salir nos cargaran de reproches y nos hiciesen parecer poco menos que un inútil por no lograr ser eficaz en una tarea “tan sencilla”, seguro que terminaríamos odiando el juego de las “4 puertas”. Pongo este ejemplo porque muchas veces, sin darnos cuenta, hacemos jugar a nuestros jugadores, jóvenes e inexpertos, en la “habitación de las 4 puertas”. Les ponemos a atacar y les damos unas cuantas posibilidades que, por supuesto, hemos entrenado antes. Supongamos que le decimos a un jugador concreto – por ejemplo al ala derecho – estate atento porque cuando tengas posesión de balon:

  • El pivot te va a hacer bloqueo exterior en primera línea para facilitarle la salida del enfrentamiento con tu oponente no directo.
  • Pero también te puede hacer bloqueos en segunda línea para que te escapes de tu oponente.
  • A veces hará bloqueo a tu oponente directo y continuación para que le pases el balón.
  • El cierre en zona de finalización te va a ampliar el espacio para que consigas situaciones sorpresivas de chut a distancia. Estate preparado y anticípate.
  • Cuando el cierre corte con velocidad, aprovecha la ampliación de espacio y conduce y penetra entre “uno” y “dos”.
  • El cierre puede bloquear al suyo para que tu ganes una ventaja con un bloqueo “largo”

Eso sí, no le damos ninguna pista de cuando y como sucederán esas cosas. El entrenador
le hace ver amablemente que cuando nos “amplían el espacio debemos anticiparnos”.
Al poco, ante una trayectoria del cierre hacia el centro, el pivot hace un bloqueo exterior al defensor impar para que con un cambio de dirección el ala conduzca y penetre  entre “uno” y “dos”, pero cuando el ala ve el bloqueo ya no es capaz de cambiar la dirección y conducir penetrando. Otra oportunidad que se fue. El entrenador, con alguna muestra de impaciencia, le señala que “hay que estar más atento”.

En el siguiente ataque el pivot le gana la posición a su oponente con un bloqueo  en 6mts, pero el ala tardó un poco en verle y cuando quiere pasar el balón se lo  interceptan. Contraataque y gol. El entrenador va perdiendo la positividad inicial y  se le oye murmurar entre dientes algunas dudas sobre la capacidad intelectual de su  ala derecho. Sigue avanzando el partido y el ala de nuestro ejemplo, cada vez más nervioso ante su falta de acierto, vuelve a dejar pasar una de las posibilidades que se habían previsto. El entrenador ya no murmura entre dientes, abiertamente le grita reprochándole su nuevo error. Está llegando al límite de su paciencia. El siguiente desajuste, provoca la hecatombe: el entrenador, ya en trance, y creyéndose cargado de razón, manda al banquillo al jugador fracasado, clamando a los cuatro vientos por tanto error “después de lo que hemos entrenado”. Está tan aparentemente claro, que hasta el propio jugador se siente culpable y frustrado por su torpeza. Y, sin embargo, lo único que está pasando es que hemos puesto a jugar “en la habitación de – en este caso – seis puertas” a un jugador inexperto.

Podréis decirme que el entrenador actuó bien, que lo único que ha hecho es proponerle que juegue como lo hacen los grandes jugadores de su puesto: Pola, Diego, Lozano, Rafael… Mi opinión es que no se puede llegar a jugar como Rafael de golpe, hasta el mismo Rafael tuvo que recorrer un largo camino para llegar a ser el que es.
Seguramente si en cada ataque le hubiéramos dado una pista sobre la “puerta que se iba a abrir en ese ataque”, el jugador habría tenido más posibilidades de éxito. Después de varios partidos actuando de forma exitosa, es posible que pudiera ir apreciando indicios de cuando se iba a “abrir una puerta” u otra sin necesidad de señalárselo, y tal vez fuera capaz de jugar con dos o tres posibilidades abiertas, con el tiempo, los éxitos y la experiencia aumentaría su libertad de acción y después de unas cuantas temporadas sería capaz de jugar el “la habitación de las múltiples puertas” con bastantes posibilidades de “escaparse”

Es lo que os decía al principio de este apartado: en este caso creo que debemos recorrer pacientemente el camino “de lo particular a lo general”
.
3.2. Un camino que no solo se recorre en el deporte
.
Os hablaba al comenzar el blog de los músicos de Jazz. Ellos también, en alguna parte de su trayectoria de formación, recorren este camino “de lo particular a lo general”. Tienen que repetir escalas, ritmos, series armónicas… cosas concretas que luego, cuando se tiene un grado razonable de dominio, se pueden generalizar y plasmarse en una improvisación artística.

Nadie empezó a escribir haciendo dictados desde el principio, primero tuvo que
aprender a hacer letra por letra del abecedario, y luego a construir sílabas (recuerdan
aquello de la “p” con la “a”, “pa”) y poco a poco fue haciendo dictados hasta que, como en el caso de Cervantes, se soltó del todo y escribió el Quijote. No quiero decir con esto que cualquiera puede ser capaz de escribir el Quijote, pero sí que cualquiera puede llegar a redactar correctamente. De la misma forma, creo que con una formación adecuada, cualquiera puede llegar a dominar el juego de ataque y jugar con una eficacia alta.

Tener buena técnica para fijar y pasar con pocos pasos, pocos gestos, empleando poco tiempo, pero también para “fijar la atención” o “desviar la atención”. Resolver con solvencias las situaciones de ventaja. Desequilibrar las defensas con ampliaciones
sorpresivas de espacio o con algún procedimiento táctico. Utilización de los bloqueos con diferentes propósitos… en fin: “aprender el oficio”. Sin oficio no hay posibilidad de ser
genial. Lo de la genialidad se la dejamos a la genética… O, dejarme que piense, tal vez
podamos hacer también algo a ese respecto.

Pero eso ya lo dejamos para otra ocasión.

Entrenamiento de la Defensa individual en formación

cenafe

Antes de comenzar este blog es necesario señalar (como hago en todos los foros donde hablo del entrenamiento individual defensivo) que las reflexiones aquí expuestas no tienen que ser asumidas por todos los entrenadores, y que lejos de existir un consenso pleno sobre este asunto, existen notables discrepancias y diferencias de criterio en la concepción que el entrenamiento individual defensivo debe tener con los jóvenes jugadores. Sobre este particular, considero que las diferentes posturas, lejos de perjudicar la transmisión de información, enriquecen el debate para aportar distintos puntos de vista, cuestión que el entrenador interesado agradecerá notablemente al poder atender a argumentos opuestos sobre el mismo tema. Del mismo modo, desde aquí animo a los entrenadores que entienden el entrenamiento individual defensivo de otra manera, a que publiquen sus experiencias para, mediante el debate respetuoso, mejorar nuestros conocimientos sobre la formación individual defensiva y optimizar la intervención con los jugadores.

El requisito previo antes de profundizar en el estudio del entrenamiento individual
defensivo es determinar el tipo de defensor que se busca con este entrenamiento.
Tener claro que tipo de defensor se pretende formar no supone en absoluto
quedarse en una concepción “filosófica” y abstracta puesto que esto, nos remitirá
directamente a un tipo de trabajo u otro.
Desde mi perspectiva, el tipo de defensor que debemos intentar formar en las
etapas de iniciación y de perfeccionamiento es el siguiente:

tipo de defensor.PNG

Si analizamos las exigencias que demandamos al defensor tipo que se pretende
formar, veremos que de los seis puntos expuestos, uno hace mención a los
factores actitudinales, uno a la ejecución de las acciones técnicas, tres a la interpretación,
discriminación del juego y al ajuste de las respuestas y finalmente uno a una exigencia mixta (ser seguro implica varios de los factores anteriores). La cuestión ahora es determinar cómo se llega a formar a un jugador de estas características, y cuál es el tipo de trabajo que se le debe administrar. Veamos algunos de los elementos claves en este proceso.

1. LA CUESTIÓN DEL ENTRENAMIENTO DE LA EJECUCIÓN TÉCNICA
El entrenamiento de los aspectos relacionados con la ejecución técnica es uno
de los asuntos de frecuente debate en las charlas sobre la formación individual
defensiva.
Si el defensor que intentamos formar es el descrito anteriormente, ¿son los
siguientes ejercicios los que van a facilitar este comportamiento?

  • Ejercicio 1. Los jugadores se sitúan frente al entrenador en posición de base defensiva. El entrenador irá indicando la dirección del desplazamiento defensivo (derecha, izquierda, hacia delante o hacia atrás).
  • Ejercicio 2. El defensor en posición de base recorre con desplazamiento lateral una determinada distancia (generalmente muy amplia).

He seleccionado dos ejercicios que creo son de uso frecuente con jugadores en formación cuando se pretende entrenar los desplazamientos defensivos y la posición de base, ¿asentando el entrenamiento individual defensivo en ejercicios como los expuestos conseguimos el tipo de defensor que se ha descrito anteriormente?

Creo que todos coincidiremos en señalar que no, ya que los ejercicios de este estilo ignoran completamente la intencionalidad en la acción, y si lo que nosotros pretendemos es que el jugador interprete el juego, parece que no será muy acertado basar el trabajo defensivos en ejercicios como estos donde no se debe discriminar nada (no obstante, dejaremos para más adelante la cuestión de la intencionalidad táctica). Pero si quisiéramos entrenar únicamente los aspectos relacionados con la ejecución técnica, ¿sería este tipo de ejercicios los que deberían predominar en nuestros entrenamientos?, desde nuestro punto de vista tampoco.

Intentaré justificar y argumentar esta opinión a partir de un ejemplo práctico: el blocaje de balón en la defensa de saques de esquina.
Tradicionalmente el blocaje de balón se ha entrenado bajo situaciones en las que el defensor partía desde una posición frontal al chutador y donde se encontraba perfectamente equilibrado para la defensa de intercepción. Igualmente, se establecía que el único objetivo al intentar un blocaje era “cortar la trayectoria del balón una vez chutado a portería”. Presentamos un ejemplo de ejercicio tipo en el que se intenta entrenar el blocaje en base a lo anteriormente señalado (defensor equilibrado, realizando siempre el mismo desplazamiento y bien orientado respecto al chutador).

Si bien todas estas cuestiones tienen mucho que ver con el blocaje, no es menos cierto que en el desarrollo del juego aparecen numerosas situaciones en las que el defensor ni está en una posición frontal respecto al chutador, ni se encuentra equilibrado cuando tiene que realizar el desplazamiento para el blocaje (como consecuencia de sus acciones defensivas anteriores al blocaje). Según esto, no podría esperarse que el defensor consiga blocar la trayectoria del balón, ya que parte desde una posición que nada tiene que ver con la descrita a la hora de realizar el patrón técnico y aún así, el buen defensor es capaz de realizar el blocaje desde una situación de desequilibrio y sin estar totalmente orientado respecto al chutador. Si el defensor es capaz de tener éxito, sin duda es debido a que puede flexibilizar su patrón técnico y adaptarlo a la situación de juego que en ese momento se le presenta.

Siguiendo esto, no parece razonable en los entrenamientos (en las etapas de perfeccionamiento) mantener constantes tanto las situaciones contextuales en las que se desarrolla la acción técnica como la posición inicial desde la que se inicia el gesto, ya que la repetición idéntica de la misma acción en la misma situación no facilitará la flexibilización de ese patrón técnico.

Del mismo modo, el blocaje defensivo puede realizarse aún considerando que no va a llegarse a contactar con el balón, pero asumiéndose que mediante el intento de blocaje se disminuye el ángulo de chut del atacante y consecuentemente, el portero podrá discriminar mejor las opciones de localización del chut.

Es decir, se trataría aquí no ya de realizar una acción con la intención exclusiva de blocar el balón, sino de colaborar con el portero para reducir el ángulo de chut del atacante, situación esta que conduciría a un aumento en la exigencia de la ejecución de la acción técnica y por tanto a una mayor flexibilización de la misma.

Atendiendo a todo lo anterior, las variaciones que pueden aparecer en el juego real en cada habilidad técnico-táctica (en este caso el blocaje) son las modificaciones que deben plantearse en el entrenamiento de esas habilidades. Si se habla del blocaje será necesario alternar situaciones de partida equilibradas y frontales al chutador con situaciones iniciales desequilibradas y laterales o diagonales al chutador supondrá plantear distintos blocajes defensivos: con desplazamiento lateral o hacia atrás, de cierre de trayectorias,
etc,.

Igualmente, sería aconsejable diseñar tareas en las que el defensor tras realizar una primera acción defensiva (marcaje al impar, desplazamiento para una ayuda, etc.), tuviera que intentar realizar un blocaje inmediatamente después de esa primera acción.

En síntesis, es necesario resaltar la importancia de los patrones técnicos de base entendidos más como orientaciones para la ejecución que como acciones sin
posibilidad de cambio alguno. El entrenador mediante el estudio del juego, deberá
estructurar en sus entrenamientos las variaciones que los patrones técnico-tácticos
defensivos pueden presentar para conseguir de sus jugadores respuestas flexibles
y adaptadas a la realidad del juego.

Ejemplo 1

Descripción: Un defensor marcar en proximidad al pivote intentando que no reciba el pase del lanzador de saque de esquina. Este puede pasar al pivote o pasar al ala del lado fuerte del balón  para que chute. El defensor evitará inicialmente el pase al pivote y después dificultará el chut del ala con blocaje (si no llega deberá cerrar el ángulo de chut que previamente se ha acordado con el portero).

  • Objetivos:
    -Mejorar el marcaje al pivote y el blocaje.
    – Perfeccionar la técnica de desplazamiento para doblar acciones (marcar y
    blocar, marcar e interceptar).
    – Realizar encadenamientos defensivos variados (marcaje-desplazamiento-interceptación, marcaje-desplazamiento-blocaje).

Ejemplo 2

Descripción: 1X1 + blocaje en situación de desequilibrio. Se juega 1×1 en puestos
específicos respetándose la estructura de alguno de los anteriores ejercicios, a partir
de esa situación en cuanto finalice el 1×1, un atacante desde un puesto específico
colindante o cercano realiza un chut. El defensor debe jugar primero el 1×1 y posteriormente intentar llegar al blocaje.

  • Objetivos:
    – Similares a otras situaciones anteriores de 1×1.
    – Variar las situaciones de desplazamiento y orientación corporal para el blocaje.
    – Colaborar con el portero en la responsabilidad de cerrar ángulos de chut.
    – Encadenar elementos técnico-tácticos.

Como se aprecia en los ejercicios propuestos, se intenta generar situaciones en las que el defensor no llegue siempre al blocaje en las mismas condiciones y junto con esto, que esos elementos que proporcionan la variabilidad de las acciones sean contenidos propios del futbolsala (marcaje previo al pivote, desplazamiento, otra acción de blocaje, un salto defensivo a otro atacante, etc.). Como es lógico, podrían proponerse tantas situaciones como acciones previas al blocaje pudiera ofrecer el juego real.

2.  LA CUESTIÓN DE LA INTENCIONALIDAD EN LAS ACCIONES DEFENSIVAS
Desde nuestra perspectiva, este es el elemento de mayor dificultad en el entrenamiento individual defensivo junto con el trabajo de la anticipación y la iniciativa defensiva y sin duda, donde la metodología debe hacer un mayor hincapié para asegurar una correcta formación defensiva.

Es frecuente en el entrenamiento individual defensivo el uso de ejercicios sobre contenidos individuales defensivos aislados, carentes de intencionalidad alguna (como los primeros que vimos en el anterior apartado). Para clarificar esta cuestión me gustaría que pensáramos por un momento para qué utilizan los defensores una u otra posición de base defensiva (siempre que asumamos que hay varias posibles posiciones de base defensivas). Desde luego, no parece lógico (al menos si queremos conseguir el defensor descrito en la parte inicial del blog) que el defensor utilice la misma posición de base frente a un zurdo que frente a un diestro, en el pasillo derecho que en el pasillo izquierdo, si quiere provocar una acción en el atacante o no, si existe colaboración defensiva en una zona o no.

Espero que compartamos igualmente que estos diferentes contextos sugieren al defensor el empleo de una u otra posición de base y orientación defensiva, entonces… ¿Cómo esperamos que el defensor discrimine todo esto?, desde luego el único medio es
entrenándole para ello y variando estos y otros elementos que le permitan identificar
qué tiene que hacer en cada uno de esos contextos. De esta forma, si analizamos cuáles son las variables que condicionan el empleo de una u otra posición de base defensiva, encontraremos la respuesta a la pregunta de cómo entrenar este contenido técnico junto a su intencionalidad táctica correspondiente:

  • – La dominancia lateral del jugador ofensivo al que hay que defender (diestro o zurdo).
    – El puesto específico defensivo.
    – La profundidad defensiva. No será igual defender en 9m. que hacerlo en 15m.
    – La respuesta que se quiera generar en el atacante. Si la intención del defensor
    es llevar al atacante hacia el punto débil el defensor deberá necesariamente
    ajustar su posición de base.
    – El conocimiento del atacante. Todos los jugadores tienen unas acciones mejores que otras, conocer esto posibilitará emplear una posición de base que dificulte las mejores acciones del rival.
    – La colaboración que pueda tener de otro/s compañeros. Si el defensor sabe que tiene la ayuda de un compañero (defensor central por ejemplo) en la izquierda o en la derecha podrá emplear una posición de base para llevar al atacante a esa zona (contra el defensor central).
    – El conocimiento de sus propias características.

Es absurdo pedirle a todos los jugadores el mismo tipo de comportamiento en el trabajo individual. Enseñar al jugador a explotar sus puntos fuertes será una de las obligaciones del entrenador. Respecto a la posición de base no será igual ser un jugador rápido que uno lento, a cada uno le favorecerá una u otra posición de base y eso debe aprenderlo en el entrenamiento.
Aquí tenemos un buen número de factores para empezar a diseñar nuestros
entrenamientos en torno a la posición de base, más que emplear ejercicios en los que los jugadores repiten una posición de base sin entender para qué sirve o para qué puede utilizarse (espero que se me permita una pequeña licencia cómica entre tanto farragoso asunto).imitacion.PNGLa repetición de un gesto técnico sin la comprensión de su intencionalidad táctica no tiene sentido. Imagen obtenida de: Singer, R. N. (1986) El aprendizaje de las acciones
motrices en el deporte. Barcelona: Hispano Europea.

En los diferentes cursos y charlas en los que he expuesto estos trabajos, muchos entrenadores me han formulado la misma pregunta ¿entonces los ejercicios que hemos visto al inicio del texto no sirven? Mi respuesta siempre ha sido la misma: – todos los ejercicios sirven para algo, quizá para explicarle al niño en un primer momento qué es la posición de base, o si el jugador no es capaz de partir de una posición de equilibrio en las acciones defensivas es posible su utilización puntual, pero de ahí a que estos ejercicios sean los cimientos del trabajo defensivo de los jóvenes no parece que sea razonable.
Otra pregunta que se ha repetido con frecuencia ha sido la de:
¿QUÉ TIPO DE EJERCICIOS SE DEBERÍAN EMPLEAR EN LA FORMACIÓN INDIVIDUAL DEFENSIVA?
Respecto a esto, creo que no hay que tratar de “inventar” grandes ejercicios, nos servirían las clásicas situaciones de 1×1, 1×2, 2×1 ó 2×2 en diferentes espacios (y con distintas posibilidades reglamentarias para los atacantes) en las que exijamos a los jugadores que utilicen una u otra acción defensiva (posición de base, marcaje en proximidad, etc.) en función de las variables que antes se han señalado.

Traducido al entrenamiento, consistiría en proponer pequeños objetivos (llevar al
atacante a un espacio, colaborar con un compañero para ofrecer o cerrar un espacio,
realizar un marcaje en proximidad, falsear una acción para realizar otra, etc.) y
preguntar al defensor si los contenidos defensivos que utiliza se ajustan al objetivo
del ejercicio. Para ello, basta con insistir a los jugadores en las tareas defensivas
del mismo modo que en las tareas ofensivas, en las que siempre perseguimos que
el jugador tenga una intencionalidad en la acción. De esta forma, pueden emplearse
los ejercicios habituales con oposición pero obligando al jugador a que tenga un
criterio a la hora de situarse en una u otra posición de base u orientación defensiva
(por ejemplo).

Para finalizar este pequeño apartado destinado a la construcción de ejercicios defensivos, e intentando no extenderme por lo limitado de este trabajo, hay un elemento que me preocupa especialmente en el entrenamiento individual defensivo con
los jóvenes. Creo se está tratando de entrenar los contenidos individuales de forma muy aislada, es decir: un ejercicio para la posición de base, un ejercicio para los desplazamientos, un ejercicio para el blocaje, etc. Concebir el trabajo individual de esta forma es peligroso, ya que la posición de base o los desplazamientos siempre se utilizan en el juego real para hacer algo posteriormente: se parte de una posición de base para interceptar el balón, se parte de una posición de base para hacer un marcaje en proximidad, se realiza un desplazamiento para hacer una ayuda, etc.

Quiere esto decir que la posición de base o un desplazamiento defensivo en sí mismos
tienen poco sentido, por tanto, si los contenidos individuales defensivos aparecen
siempre asociados ¿por qué no planteamos ejercicios en los que se reproduzcan
esas asociaciones o encadenamientos?
Aquí si que no estoy diciendo nada novedoso.

3. LA CUESTIÓN DE LA CONTUNDENCIA DEFENSIVA
Sin lugar a dudas el aspecto que más controversia ha generado en el planteamiento de este tipo de trabajo ha sido el de la contundencia defensiva. Algunos entrenadores han entendido que defendíamos una postura en la que obligábamos al defensor a no realizar faltas, cuestión que evidentemente nada tiene que ver con lo expuesto.

Nuestra postura en este asunto es muy clara: si la única opción posible para ser eficaz en las tareas defensivas es realizar un marcaje en proximidad con falta, esa es la acción que debe hacer el defensor. Pero… ¿las situaciones del juego real te obligan siempre a tener que hacer falta?, ¿puede trabajar el defensor previamente para intentar poner en apuros al atacante? Igual que defendemos lo dicho anteriormente (realizar falta cuando sea necesario) también defendemos que hay que entrenar al defensor para que discrimine cuándo no hacer falta  y sino hace esto, deberemos enseñarle a que valore que otras acciones puede realizar.

Un defensor en un partido debe jugar diez veces una situación de uno contra uno. De estas diez veces en dos ocasiones tiene que hacer falta después de haber intentado que el atacante cometa algún error ¿Qué hace en las restantes? Desde luego, no pretenderemos que si lo único que hemos trabajado con ese jugador es a que haga falta, va a ser capaz ahora de discriminar de esas diez acciones las dos en las que debe hacer otra cosa. Si los jugadores son capaces de discriminar estas situaciones ventajosas y aprovecharlas, puede que estemos hablando de recuperar en todo el partido cinco o seis balones, quizá
los necesarios para ganar ese partido.

De igual forma, es difícil plantear a un defensor que puede hacer otras acciones diferentes a la falta, si el rol de partida que le propone el entrenador es a la espera del atacante y completamente pasivo respecto al juego uno contra uno. A esto si que nos oponemos radicalmente, ya que creemos que el papel del defensor no es evitar que el atacante le engañe sino ser él el que intenta engañar al atacante para provocar el error ofensivo (y si no puede conseguirse siempre tiene luego la opción de falta a la que ya hemos dicho que no puede renunciarse).

Somos conscientes, debido a la estructura espacial de nuestro deporte, que con un determinado tipo de jugadores jugar a la espera sin tomar riesgo defensivo alguno
y amparado en situaciones de contacto puede suponer ser eficaz en defensa.

Como siempre, el entrenador deberá posicionarse sobre qué estilo defensivo quiere implantar en su equipo y mediante qué tipo de entrenamiento va a lograr que sus jugadores desarrollen los sistemas defensivos correspondientes, en nuestro caso, ya nos hemos posicionado. De esta forma, el aspecto clave en la discusión debe ser: formemos a los jugadores técnica y tácticamente en defensa y luego que cada entrenador lo aplique al sistema defensivo que considere más conveniente para su equipo. Por esto, al hablar de formación individual defensiva el debate no debe desviarse hacia qué sistema defensivo debe emplearse, sino hacia qué modelo de trabajo individual vamos a proporcionar a los jugadores y qué posibilidades defensivas tienen los jugadores cuando entrenan bajo una u otra concepción.

Hábitos

Hábitos

El futbolsala es un deporte en el que el entrenador juega; pero tiene que saber en qué puesto y jugar bien su papel”. Si realmente quiere que el equipo mejore y juegue bien es necesario cuidar mucho los detalles y ser consciente de que “el hábito se desarrolla en el entrenamiento. Los buenos entrenadores tienen que estar muy activos en el entrenamiento y muy tranquilos en el partido. Sino aprendemos el hábito en el entrenamiento no lo haremos en el partido”. Y dentro de los entrenamientos cuidar mucho los ejercicios que planteamos ya que “lo importante no es el ejercicio, sino cómo se usa el ejercicio”. No se puede pretender que un jugador que en un entrenamiento haga un ejercicio y de mal los pases, luego vaya a hacerlo bien en el partido. “Para que pasen mejor, hay que desarrollar el hábito de pasar bien el balón en los ejercicios sencillos”.

El fútbol efectivo es cuando ‘dejas’ de pensar. Así que tengo que entrenar aquello que quiera hacer para convertirlo en un hábito.

– Fran Beltrán

En estos días previos a la pretemporada muchos entrenadores suelen hacer una declaración de intenciones en toda regla; me exigiré compromiso, disciplina y sobresfuerzo, iré motivado a los entrenamientos (sabiendo la importancia de la motivación: “la motivación es la gasolina del jugador”, fomentaré la comunicación y liderazgo, haré que todos los jugadores se sientan importantes, los mejores jugadores son los que son de tu equipo, crearé un clima que transmita que el apoyo es importante y no aceptaré la crítica al fallo, tendré una estabilidad emocional en la victoria y en la derrota, reforzaré mucho las conductas de cooperación como el pase o la ayuda defensiva, dejaré de fumar, no comeré tanto, empezaré a correr y bala, bla, bla…

Ser testigos de nosotros mismos exige disciplina, el habito de la autoobservación y de la autocritica…

Bajo estas declaraciones estamos continuamente intentando cambiar algún hábito, mejorar en un determinado comportamiento. Orison Swett, escritor americano y fundador de la revista “Success Magazine” decía que “el principio de un hábito es como un hilo invisible, que reforzamos cada vez que repetimos un comportamiento o un determinado acto, añadiéndole otro filamento, hasta que se convierte en un cable grueso que nos ata irremisiblemente en pensamiento y obra”. Me parece un buen símil lingüístico. Y, a lo peor, este grueso cable nos ata de igual forma cuando, filamento a filamento, es para crear y re-crear un mal hábito que si se tratara del mejor. Un hábito tóxico, que por cualquier motivo ya no nos interesa, es un ” cable ” que al querer cambiar, se nos resistirá por lo complicado que es destruirlo. Tiene un gran calibre,…en pensamiento y obra. Algo me dice que, como en tantos otros años anteriores, o llevamos a la acción aquello que estamos pretendiendo cambiar, construyendo así filamento a filamento, o se nos hará, de nuevo, muy difícil conseguirlo. Construir o destruir un hábito pasa forzosamente por la REITERACIÓN. No es suficiente con tener el plan perfecto. Ya ideado. Es necesario EJECUTARLO. La ejecución es la clave en el cambio de un hábito.

El objetivo de la defensa debe ser conseguir que el hombre balón no sea un atacante, si no un defensor del balón. “Conseguir q sea un habito”

Permitirme sugerir aquí unos buenos hábitos para esta temporada 2017/8. Sencillos. Prácticos. Que aportan valor. Cargados de significado. Como si de vitaminas se tratara, tómalos o no. No olvides que sólo

¡DEPENDE DE TI!

ADELÁNTATE Es decir, se proactivo con todo lo que puedas. Asume el control de tu vida. Sal de los pensamientos y creencias que te acerquen a sentirte como una víctima. Las culpas y los culpables no están fuera de ti. Vive en tu zona de influencia. Recuerda que la actitud con la que vives todas las cosas depende solamente de ti.

Un cambio de hábito requiere de repetición, de experimentación novedosa, de errar y aprender, de diagnostico de nuevas evidencias, de estímulo,..

PON TUS OBJETIVOS EN TU MENTE ¡Sueña! Si traes tus objetivos futuros de verdad al presente es porque estás empezando a crear las circunstancias para convertirlos en realidad. Este hábito te conecta con el futuro. Es el responsable de crear los planes de acción. Ahora bien, es un hábito necesario, pero no suficiente… Hay una gran diferencia entre soñar y ser un “soñador”. Soñar, de verdad, te conecta con la acción. Ser un soñador es pretender vivir de los sueños, no de las acciones.

El cerebro decide convertir una decisión en hábito cuando se producen 3 etapas: una señal, una rutina y un premio.

“Habit reserval training”

NO POSTERGAR Haz lo que tienes que hacer. Dejarlo para más tarde significa empezar a no hacerlo. Tenemos tendencia a hacer lo más fácil. ¿Y para cuándo lo que necesitamos ahora? Si toca dejar de fumar, tiene que ser ya. No dentro de diez años… Si toca empezar a estudiar inglés, tiene que ser cuanto antes… Si toca empezar a hacer deporte con regularidad, este es el momento, no a partir del próximo verano… No olvides que es muy malo, y pasa factura, dejar lo primero para el final.

“Hemos perdido el hábito y la motivación para dar paseos en los que el trayecto sea más importante que el destino.”

– Nigel May Barlow

GANAR PARA GANAR La vida es todo eso que nos pasa junto a los demás. No olvidemos que sólo ganamos cuando conseguimos que los que nos rodean cumplan también con sus intereses. Piensa y ten presente siempre el beneficio mutuo.

“Cuando los hábitos son como hebras” Si día tras día trenzamos en una cuerda, pronto resultaran irrompibles.  Perder o empatar con ellos.

ESCUCHA Es más importante que hablar. Nos enseñaron de pequeñitos a leer y a escribir; ¿Quién nos enseñará a escuchar? Es el acto de mayor generosidad que podemos ofrecer. Nos ayuda primero a comprender y a dejar para después el ser comprendido.

RENUEVATE S. Covey le llamó afilar la sierra continuamente. Que no se te olvide afilarla porque sólo estés serrando. Dejará de funcionar cuando menos lo esperes.

  • Desarrollar nuevos hábitos: H=N+F+C.
  • Habito=Necesidad + Frecuencia + Conocimiento.

Cuando estamos muy acostumbrados a ciertos hábitos y rutinas, es imposible que lo veamos de forma diferente. Apaguemos el “piloto automático”.

Aprender es darse cuenta de que algo es factible.

Cuídate! La mejor forma de cuidarse, junto a la salud y tu físico, es pensar como renovarte. Ofrécete la posibilidad de crear una revolución sólo para ti. No dejes de estudiar. De prepararte. De entrenar. De mirar hacia adelante. Sólo la mejora continua es la verdadera excelencia.

Ah! …y no tengas miedo a equivocarte.

Las competencias del entrenador de futbolsala

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Con esta entrada pretendo hacer una revisión sobre un tema de gran impor­tancia para poder interpretar y comprender las actuaciones, estilos y decisiones que los entrenadores eligen cuando enseñan.

A lo largo de esta reflexión intentaré presentar el marco de conocimientos teóricos y metodológicos de los posibles estudios y fuentes de conocimiento “profesional de hecho” y el conocimiento “profesional deseable”.

La enseñanza de un deporte como el futbolsala necesita concretar su actividad docente en la formación de profesores para aprender a enseñar, por lo que supone que el conoci­miento se genera desde variadas fuentes de alimentación. Sin embargo, desde mi propia experiencia como ocasional formador de entrenadores, a veces, evidencio la escasa influencia que los programas de formación tienen en la mejora de la práctica docente. Descubriendo así, la imposibilidad de enfocar la práctica profesional como una simple aplicación de la teoría aprendida y el “saber hacer” como mera ejercitación mimética de las técnicas enseñadas en la etapa de formación.

Respaldo, no obstante, que el conocimiento profesional se adquiere por diferen­tes caminos pedagógicos y se complementa con la experiencia del día a día

SITUACIÓN DEL ENTRENADOR PROFESIONAL

El entrenador suscita en su entorno y nor­malmente muy a su pesar, sugestivas y atrayentes tipos de relaciones e influencias con mayor o menor carga emocional favo­rable y dichosa o por el contrario con tintes de desdicha o infelicidad.

Él lo sabe y a ello se expone desde que se inicia en esta profesión que libremente ha escogido, nadie le ha forzado a ser el centro de las discusiones, ni él por supues­to, lo ha pretendido, pero la realidad es que, a su favor o en contra, con resonan­cias locales o nacionales, vive su trabajo sin apenas un respiro de privacidad o de sosiego. Si triunfa no le dejara tranquilo su popularidad, usurera de su tiempo y de sus dedicaciones personales, si fracasa se verá obligado a recobrar sus maletas y bártulos y, conseguir acomodo transitorio, una vez más, en otros lugares.

El origen de todo, o de casi todos los males, en términos corrientes o vulgares suele acontecer por el hecho simple de que el balón no entra por unos palos, y por lo tanto, el éxito o triunfo en la competición no se ha conseguido. La lógica interna de los deportes colectivos de invasión determina que el fin de las acciones e intenciones de los jugadores es conseguir el propósito de todas las posesiones de balón, el gol. En la mayoría de la ocasiones, ésta perspectiva técnico-táctica intrínseca del deporte, el gol, en el marco del profesio­nalismo, asola la forma de vivir de los entrenadores, conseguir el éxito deportivo, no es nada fácil pero sí es el objetivo por el que los entrenadores trabajan y dedican todos los esfuerzos con su equipo.

El hecho de ganar, es decir meter más goles que el adversario determina la convi­vencia personal de los entrenadores, puede producir una desolación personal y un reajuste más o menos traumático en rela­ción a su vida personal y a su actividad profesional.  Por otra parte, sabemos que no siem­pre son los resultados negativos los que provocan la caída de un entrenador, hay otras razones que conocen los interesa­dos y que unas veces se dicen y otras se ocultan, aunque también es verdad que, en la mayoría de las ocasiones, quedan en el más rotundo de los secretos y silencios entre el presidente de la entidad y el propio entrenador.

Los entrenadores nos movemos entre las urgencias de todos, los egoísmos de unos cuantos y la incomprensión de la mayoría. Un blanco perfecto.

Se trata, por lo tanto, para un entrena­dor profesional de una cuestión de resul­tados o de obtención de objetivos más o menos inmediatos que a ningún otro profesional en los diferentes ámbitos labo­rales se les exige, este acomodamiento o condición obligatoria, a modo de espada de Damocles entre la relación TRABAJO – ÉXITO INMEDIATO.

Igualmente resulta curioso y extraño la paradoja de cómo solamente al entrenador se le culpa de los fracasos de los demás, cuando él, no se cansa de repetir que los resultados positivos, si los obtiene, son producto del esfuerzo de sus jugadores. De manera que el entrenador se muestra generoso y comparte o atribuye su éxito a los otros y, por el contrario, se ve personal y únicamente responsabilizado de los fra­casos de todo el grupo, tanto cuando un jugador a nivel individual no rinde como debía, como si el equipo en su conjunto no es capaz de conseguir las expectativas que se le atribuyen a priori.

No deja de ser curiosa y alarmante a la vez ésta relación profesional, que deja sólo al entrenador frente a los cometidos, los conflictos relacionales dentro del equi­po y los resultados profesionales que, sin embargo, envuelven, enlazan y correla­cionan (relacionan) a muchas personas. La sabiduría popular se elige en verdadero juez en la siguiente aseveración “cuando el equipo consigue una victoria se debe a que lo jugadores han jugado bien y cuan­do el equipo pierde y juega mal, es culpa del entrenador que o bien no ha sabido manejar las estrategias del encuentro o que ha dispuesto incorrectamente a sus jugadores…”.

El trabajo del entrenador ha de estar vinculado y relacionado al proceder de su presidente y junta directiva, pero también a la forma de actuar y proceder de todos sus jugadores, tanto en lo que se refiere a la faceta estrictamente de deportista (deporti­va) cómo en sus ámbitos social y personal. Dicha fluidez de relaciones personales y profesionales se verá positiva o negativa­mente influenciada a partir de los rasgos concretos de su propia personalidad, habi­lidad social y formación individualizada. La firmeza y confianza en sus conocimientos profesionales como entrenador, en dicho entorno de trabajo, permitirá unas relacio­nes adecuadas de colaboración y coordina­dor (coordinación) con su junta directiva y a la vez, establecerá unas condiciones educa­tivas y pedagógicas de trabajo idóneas con sus jugadores, dónde emerja el respeto, la disciplina, la motivación por aprender, la confianza y la cohesión con los jugadores, sin perder la personalidad y carácter del en­trenador y sobre todo, la forma de entender y enseñar su deporte.

Todo éste espacio amplio de la profe­sión del entrenador deportivo reviste un carácter multifuncional. La labor de los entrenadores se considera multifacética y responde de manera independiente ante todos los factores o elementos y ámbitos con los que se relaciona. Las funciones de un entrenador de élite no sólo se centran en las relacionadas con la enseñanza de la técnica, la táctica o la preparación física, sino también se ocupan de las cuestiones relacionadas con los aspectos psicológicos de los jugadores (combatir el estrés com­petitivo y del entorno, manejar la ansiedad, encontrar motivaciones, mantener la aten­ción desmesurada, etc.), garantizar el buen funcionamiento y la cohesión del grupo, negociar adecuadamente con la junta di­rectiva las necesidades del equipo, transmi­tir y comunicar a diario con los medios de comunicación.

La multiplicidad de tareas y funciones que le corresponden al entrenador, puede rebasar la capacidad individual de enfren­tarnos a ellos, por eso debemos disponer de una conciencia clara y honesta consigo mismo, teniendo en cuenta sus posibili­dades de conocimiento, para poder enca­rarse con acierto a las responsabilidades múltiples que el cargo lleva aparejado. El conocimiento deseable del entrenador es un conocimiento que se elabora e integra por lo tanto de diferentes saberes, que pueden concebirse como un sistema de ideas en constante crecimiento y evolución personal.

De todas formas, pensamos que, una cosa es que deseemos que los entrenado­res atesoren gran competencia en todos los asuntos y funciones directamente relacio­nados con su cometido, y otra muy distinta que les agobiemos de responsabilidad y de conocimientos como si fueran la enciclope­dia viviente del deporte. Se les exige saber de todo y de todos, pero a mi modo de ver, principalmente tendrían que basar su capacidad en saber de sí mismos, el conoci­miento interior de sus principios, creencias y convicciones bien maduradas será su bagaje competencial fundamental y servi­rán de señas de identificación y autoafir­mación, su punto fuerte sobre el cual debe asentar las restantes responsabilidades. La confianza en sus saberes se traducirá en una mejor comunicación con su equipo, en adoptar orientaciones pedagógicas correc­tas, en definitiva se enriquecerá y mejorará sus procesos de enseñanza – aprendizaje, repercutiendo de manera inmejorable en su producto final, es decir, su equipo si domi­na los contenidos del juego podrá obtener logros importantes.

Al entrenador le urge fundamentalmen­te dos cuestiones: conocer de todo lo que está relacionado con su dominio de conte­nidos deportivos y conocer de todos los que están comprometidos con él en el trabajo de equipo.

  • CONOCER LOS CONTENIDOS DEPORTIVOS

No lo tienen fácil los entrenadores, por aquello de que, al ser responsables únicos de su equipo, deben soportar la crítica de quienes no saben matizar lo que corresponde verdaderamente a cada uno en el seno del club. El objetivo intrínseco del entrenamiento deportivo es el incremento del rendi­miento en el ámbito de la competición deportiva y define la dimensión más específica y técnica de las funciones del entrenador. Pero es verdad que cada entrena­dor, puede desarrollar ésta dimensión por caminos o senderos diferentes, uti­lizando instrumentos, técnicas y méto­dos desiguales. Vemos que:

  • Algunos entrenadores dan más valor a mantener la cohesión interna del grupo,
  • Otros enfatizan sus intenciones en preparar de una determinada forma el aspecto mental con la que se enfrentan en la competición,
  • Otros sin embargo ponen su énfa­sis en mejorar su dirección de juego o la programación de sus procesos de entrenamiento.

Estoy seguro que cada uno de los factores indicados son de suma impor­tancia y que adquieren su propia rele­vancia por sí mismos pero, no son factores que aislados sean la clave del éxito deportivo, muy al contrario la combinación y unión de los caminos será el adecuado procedimiento que va a permitir conseguir los mejores logros. El entrenador, como agente activo de la dimensión técnica, se debe sentir motivado a saber de todo el entorno del su deporte, a no quedar satisfe­cho con lo que sabe o con lo que ha experimentado hasta el momento, y a mantener viva siempre su inquietud por conocer las novedades técnicas que de continuo se están produciendo en el mundo.

El entrenador que se coloca de espaldas al desarrollo de la ciencia aplicada al deporte, acarrearía ade­más de su desprestigio profesional, la decadencia progresiva en el cono­cimiento práctico del deporte, y sobre todo, en la intervención didáctica ade­cuada al contexto de aprendizaje del entrenamiento.

  • CONOCER DE TODOS

No es suficiente al entrenador ese conocimiento científico propio de su deporte, ya que, prioritariamente mantiene a la vez, una prolongada e intensa relación con otras personas. A ese saber contar en la práctica con las posibilidades que le ofrecen todos los hombres que constituyen su equi­po, se le presupone una tremenda dimensión en las relaciones humanas e incluso afectivas que debe atesorar.

De nada le valdrían los caudales de ciencias acumulados en su mente, ni los años pródigos en experiencia de su anterior vida como jugador, si la hubiera tenido, si no coordinara ese saber de todos y cada uno de los jugadores que integran su plantilla y de quienes, junto a él, participan en las tareas técnicas de la preparación del equipo.

La coordinación de este conjunto de personas que colaboran y con­figuran el grupo técnico, aportan al entrenador otra importante dimensión que debe fomentar y darle contenido en sus funciones. A dicha dimensión humana de dirección y liderazgo, se nos antoja como incuestionable ya que, si el entrenador se mantiene dis­tante de sus auxiliares, o no dialoga con ellos, o no acierta a dirigirlos, o no cuenta con sus aportes y sugerencias, jamás conseguirá el éxito deseado.

Ser entrenador significará ante todo ser conocedor, aprovechador y conductor de hombres, afirmaciones que no revelan una esclavitud como si los jugadores fue­ran mercancías de quita y pon en manos de unos técnicos que buscaran únicamente su provecho, sino en realidad, la labor del en­trenador consistirá en el acoplamiento, co­operación e integración de las motivaciones personales de cada uno de sus jugadores en busca de un reto u objetivo común. Di­chas inclinaciones se convierten en los dife­rentes tipos de compromisos personales de cada jugador para con el equipo y a la vez, deben ser un factor de unión de fuerzas que el entrenador precisa conseguir, fomentar y dirigir apropiadamente hacia la consecu­ción de los planteamientos iniciales.

A pesar de la importancia de dicha función, cuando se lleva a cabo el aná­lisis de los resultados (tanto positivos como negativos), que consigue un equi­po, rara vez se contempla esa dimen­sión “saber de todos” que caracteriza a un entrenador y que es causa principal de los éxitos y de los fracasos de una temporada.

Se destaca o distingue poco el entrenador como dirigente de hombres en las valoraciones que los criterios asignan a las tareas que corresponde a un entrenador de un equipo (deporte) colectivo. Se habla de sistemas ade­cuados, de juego defensivo o de juego ofensivo, de escasa preparación física, de trabajo con la cantera, de fichajes que dieron resultados, pero apenas de cómo se trató a los jugadores y a sus técnicos auxiliares. Y fijar esta relación entrenadores-auxiliares-jugadores es una de las prioridades que deberíamos tener presentes a la hora de mejorar nuestro trabajo profesional.

LOS SABERES DEL ENTRENADOR DEPORTIVO:

Teniendo en cuenta la introducción que hemos realizado, y las múltiples funcio­nes que atesora el entrenador, éste, deberá adquirir en su proceso formativo una com­petencia profesional amplia que le capacite para llevar a cabo y desarrollar las distintas funciones de su cargo. El técnico deportivo debe evitar la aplicación tan solo de recetas o fórmulas que le indica un manual o libro, más bien debe estar ampliamente informa­do y cuyo trabajo práctico debe basarse en un análisis y juicio reflexivo de sus conocimientos y experiencias prácticas. La comprensión de los aspectos que definen sus papeles así como el dominio de los recursos correspondiente constituye una necesidad para el entrenador.

Se entiende, que los entrenadores, son profesionales especializados en competen­cias relacionadas con el entorno socio-de­portivo del deporte, superando el concepto de mero gestor adiestrado en funciones e interviniendo mucho más sobre el pensa­miento y la toma de decisiones, mediante profundas reflexiones. Todo éste entrama­do de obligaciones y de respuestas conti­nuas conforma el conocimiento práctico del entrenador.

Los entrenadores en activos, adoptan continuamente comportamientos que im­plican tomas de decisiones no solo sobre los contenidos de enseñanza, y las posibles intervenciones didácticas en todo el proce­so de entrenamiento, sino también, en las tareas del entrenador al intervenir ante las relaciones que se establecen con los juga­dores, lo que denominamos interacción social del equipo. Decisiones y conductas que le obligarán por ejemplo, a decidir no solamente que tipo de jugadores favorecen su esquema de juego, sino a establecer un orden vertebrador de relaciones sociales que favorezcan el clima de trabajo del equi­po y la formación de una cohesión grupal correcta.

Ser entrenador, más que ninguna otra cosa, es ser capaz de construir un equipo, mejor matizaría en construir tu propio equipo. Es decir:

  • Identificarlo con tu filosofía de enten­der el juego,
  • de encarar la competición,
  • de permitir o cortar ciertas actitudes de los jugadores,
  • de establecer relaciones de amis­tad,
  • de desarrollar tus esquemas de acción estratégica y
  • formar las estructuras de movimien­to colectivas.

En definitiva un equipo que se pudiese preparar para ganar y obtener éxito a tra­vés de un desarrollo óptimo de un proceso adecuado de relaciones y de entrenamien­tos. El entrenamiento es sin duda el marco del proceso de enseñanza-aprendizaje más interesante y el medio que dispone el entrenador para diseñar su verdadero equi­po y para transmitir a sus jugadores su experiencia, conocimiento del deporte y sus valores.

EL CONOCIMIENTO PROFESIONAL DE LOS ENTRENADORES PARA ENSEÑAR EL FUTBOLSALA.

El entrenador de futbolsala es un pro­fesional de la enseñanza del deporte, que debe estar equipado de competencias para las variadas funciones que debe per­sonificar en la cada vez más compleja situa­ción contextual social que tiene que vivir. Las diversas dimensiones de actuación del entrenador, configuran los roles fundamen­tales del cometido profesional e implican tomas de decisiones variadas que obligato­riamente tienen que mantener una perfecta sincronización y conjunción que sin duda darán en el futuro próximo las claves del éxito deportivo.

Esta entrada intenta bucear en el desa­rrollo de una teoría del conocimiento pro­fesional del entrenador, por la necesidad de comprender mejor el conocimiento de los mismos, sus posibilidades reales de evolución y las estrategias formativas más adecuadas para que los propios entrenado­res impulsen una transformación gradual de la actividad misma de la planificación del entrenamiento y los procesos de inter­vención educativa de la práctica. Realmente nos propone un conjunto de interrogantes acerca de lo que debería saber el entrenador, conocimientos científi­cos, educativos y principalmente la manera como debería enseñar; es decir, las estra­tegias didácticas que emplea para lograr mejores aprendizajes para sus jugadores.

  1. ¿qué debe saber un entrenador de futbolsala?
  2. ¿qué sabe hacer para enseñar?

El marco teórico del conocimiento pro­fesional de los entrenadores se pregunta por lo que un entrenador debe saber y qué saber hacer para enseñar. Las respuestas a éstas interrogantes las podemos encontrar si analizamos correctamente las caracterís­ticas y naturaleza de tal conocimiento, sus posibilidades reales de continuar en evo­lución y las alternativas de cambio desea­bles y posibles, y en nuestro caso, qué contribución puede aportar la Didáctica de las Ciencias del Deporte a la construcción de ese conocimiento para facilitar que el entrenador impulse un proceso gradual de transformación de los aprendizajes a reali­zar en el seno de su equipo.

Los componentes de dicho conoci­miento o la naturaleza del conocimiento de los entrenadores de futbolsala se nos muestran con gran complejidad, por un lado pertenecen al ámbito académico, instructivo, que se evidencia y esboza con relación a un conjunto de competencias técnico-deportivas, que tienen un marco de diseño curricular elaborado por la escuelas de entrenadores.

 Igualmente podemos indicar que, el conocimiento del entrenador tiene un componente de naturaleza verbalizada y descriptiva en cuanto se adquiere y que tiene su origen en la transmisión de sabe­res de ciertos entrenadores e incluso de compañeros de equipo con los cuales se ha compartido años como jugador. Es un conocimiento práctico adquirido a través de las experiencias vividas durante los años de jugador en activo y que eviden­temente conforman saberes, principios, creencias tremendamente adheridas al saber y pensamiento del entrenador.

No se puede olvidar otro componente en la evolución del conocimiento del entre­nador, la importancia que caracteriza la adquisición de conocimientos en el propio proceso de la puesta en acción que gene­ra la actividad del entrenador, es decir, el desarrollo de la profesión.

  • Conocimiento académico del deporte.
  • Conocimiento implícito de creencias sociales y populares. Son las con­cepciones que las personas poseen sobre lo que es entrenar a un equipo de una modalidad deportiva. Estas teorías se construyen de manera espontánea a partir de diversas expe­riencias personales obtenidas como consecuencia de una interacción social.
  • Conocimiento pedagógico y saberes didácticos. Estrategias empleadas por los entrenadores
  • Conocimiento práctico o experiencial.

De ésta forma genérica, los entrenado­res construyen sus conocimientos o “cons­tructos” de conocimientos sobre el deporte en cuestión (ideas, creencias, principios, normas, elaboración de teorías…), prime­ramente en función a unos programas de formación técnica, pero también a partir de las experiencias adquiridas en sus etapas de formación como jugador y de forma continuada sus conocimientos progresan a través de la experiencia profesional desa­rrollada en sus años o etapas como entre­nador, es decir ”el conocimiento de la práctica”.

El conocimiento profesional de los entrenadores no se puede reducir sólo al tipo de saber práctico o del saber hacer, sino que además incluye proposiciones teóricas, procedimientos técnicos y cons­trucciones pedagógicas y didácticas que regulan y optimizan su actuación en el entrenamiento. El saber del entrenador, podemos indicar, es un saber práctico y teórico y así, los buenos entrenadores ver­tebran sus conductas de comportamientos y decisiones tomadas mediante una corre­lación compleja e interactiva de concep­tos, principios y teorías contractadas aca­démicamente con experiencias prácticas cotidianas que forman teorías personales implícitas.

Es de vital importancia para los entrena­dores dedicados a la enseñanza de apren­dizajes técnico-tácticos deportivos, adop­ten continuamente comportamientos que impliquen tomas de decisiones sobre qué tipo de contenidos enseña y, así como, se deben plantear las posibles intervenciones didácticas en todo el proceso de entrena­miento.

Por ejemplo, en el desarrollo de una se­sión de entrenamiento el programa del en­trenador fija realizar tareas de 2×2, en un espacio de 20×20, éste conteni­do conceptual de trabajo donde dos atacan­tes buscan soluciones de éxito para superar la acción de los defensores que igualmente procuran abortar y conseguir éxito en sus intenciones, debe estar plateado bajo las intervenciones didácticas que establece el entrenador y que adopta decisiones sobre:

  • la progresividad de la dificultad de las intervenciones,
  • número de jugadores que colaboran,
  • espacio de juego dónde se ejecuta,
  • intenciones que buscamos priorita­riamente,
  • la intensidad de las acciones……

En coherencia con lo que acabamos de señalar, para el análisis del conocimiento necesario del entrenador, es necesaria una perspectiva epistemológica, ya que debe­mos incluir conocimientos que nos ayuden en la intervención de la enseñanza del deporte respondiendo a las preguntas:

¿Qué debe saber el entrenador? y ¿Qué debe saber hacer el entrenador para enseñar?

Dicha cuestión implica el proceder o la actuación de un tipo especial de cono­cimientos con los que realizar tal trabajo, es decir: debemos conocer los procesos de aprender a enseñar pero además, y para abordar los problemas de la acción prác­tica e impulsar un auténtico proceso de formación permanente de nuestro equipo, se requiere un nuevo tipo de conocimiento profesional acerca de cómo aprenden los jugadores y porqué aprenden.

Los entrenadores noveles conocen muchos principios generales teóricos, pero no saben cómo ponerlos en práctica cuan­do han de responder a las necesidades de unos jugadores concretos en situaciones únicas, de modo que éstos cuando agotan sus escasos recursos, adoptan los modelos de enseñanza tradicionales conocidos por­que les ofrecen la seguridad necesaria para sobrevivir.

Al conocimiento profesional de los entrenadores hay que añadir la componen­te denominada Conocimiento Didáctico del Contenido. Es necesario ayudarnos de la Didáctica de las Ciencias del Deporte que concreta su actividad docente en la formación de profesores para aprender a enseñar, por lo que se supone que el cono­cimiento que se genera desde ésta debe ser aprendido por los estudiantes para entrenador, en beneficio de la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje de su equipo.

La Didáctica de las Ciencias del Deporte contribuye así, a la construcción de ese conocimiento para facilitar que el entre­nador impulse un proceso gradual de la enseñanza del futbolsala.

EL PENSAMIENTO PRÁCTICO.

Entiendo, que los entrenadores, somos pro­fesionales especializados en compe­tencias relacionadas con el entorno de nuestro deporte; a modo de resumen y en función de mi propia experiencia como entrenador, el pensamiento del entrenador reflexivo centra su atención sobre tres categorías de actuación:

  • Como planificador. Diseña y planifica todo el contenido curricular de sus procesos de entrenamientos
  • Tomador de decisiones. El entrenador se puede simbolizar como un proce­sador de la información, como un su­jeto que toma decisiones, como un profesional que resuelve problemas, y da respuestas a las situaciones y acontecimientos variados que surgen de continuo. Las diferencias de estra­tegias y saberes de un entrenador a otro, dependen también las diferen­cias en sus decisiones e intenciona­lidades. Se entiende que la forma de actuar del entrenador está determina­da por la forma que tiene de pensar y racionalizar las cosas.
  • Elaboración lenta y permanentemente de sus teorías implícitas y creencias, que necesariamente generan rutinas de comportamientos que determinan la actuación y decisiones tanto en los procesos de enseñanza como en las conductas del entrenador.

En síntesis, el entrenador cuando res­ponde a las múltiples y complejas deman­das en su labor profesional, tanto en los procesos de enseñanza-aprendizaje como en sus diseños de procesos de entrena­mientos, responde con esquemas asociados a su visión implícita del entrenamiento, como resultado de su experiencia como jugador, si es que lo ejerció y a los modelos de entrenador que interiorizó en su pasado y a las enseñanzas pedagógicas que adquirió en su formación como técnico.

En el caso que nos ocupa, del entrena­dor de futbolsala, cuando hablamos del conocimiento profesional nos estamos refi­riendo al conocimiento desde esta perspec­tiva y, por tanto, su construcción participa del dinamismo y evolución que caracteriza a todo aprendizaje, es decir, el conocimien­to del entrenador se torna en cambiante y, crece a través de las interacciones con los jugadores de su equipo, progresa mediante la preparación de sus programas o procesos de entrenamiento, y evoluciona mediante las experiencias profesionales de su competición deportiva, de ahí que deba caracterizarse su posible evaluación o valoración a través de componentes y rasgos más que mediante objetivos termi­nales de expectativas deportiva creadas de antemano.

Por tanto, el conocimiento profesional del entrenador se constituye en un sistema cognitivo de saberes, creencias, destrezas, habilidades y capacidades. Este especial sistema está alimentado por una red interactiva de diferentes tipos de cono­cimientos y señales que se interrelacionan y retroalimentan mutuamente, integrando un complejo dispositivo de saber hacer en la acción. Para Shulman (1989) este nivel de competencia se apoya en un proceso reflexivo regulado por un razonamiento que orienta y dirige las acciones y conduc­tas del entrenador.

Nos vamos aproximando así a la carac­terización del conocimiento profesional deseable como un único saber que integra la teoría (componente estática) y la expe­riencia práctica (componente dinámica) o, mejor, como un saber con varias compo­nentes que beben o se nutren de la teoría y de la experiencia, de las que extraen información para, tras una elaboración per­sonal, producir teorías prácticas implícitas que forman el pensamiento de todos los entrenadores.

Por ello, sería imprescindible que aquellos organismos responsables de la formación de entrenadores tengan en su diseño un plan de estudios para la formación inicial de los entrenadores, y distingan entre pre­paración académica y profesional, estable­ciendo en la primera una serie de saberes disciplinares relacionados directamente con la materia o materias que va a enseñar el entrenador de futbolsala, incluyendo unos conocimientos específicos de las Ciencias del Deporte, y en particular establecer la realización de prácticas, a las que se deben otorgar una importancia esencial.

Variabilidad en la concepción del juego defensivo.

 

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A menudo, la primera expresión que se utiliza al hablar del comportamiento colectivo ofensivo, si se pretende que éste sea eficaz, es la de variedad. La alternancia de medios colectivos ofensivos garantiza que el equipo genere incertidumbre sobre los defensores y pueda consecuentemente conseguir el éxito. Desde el inicio, se considera que el ataque debe ser variado y que esa variedad posibilitará encontrar vías para la finalización. Esta concepción del juego ofensivo en el que la variabilidad en las acciones se antepone a cualquier otra consideración, parece que ha calado entre los técnicos preocupados de obtener el máximo rendimiento del grupo a su cargo. De esta forma, cada día son más los entrenadores que buscan proporcionar distintos argumentos dentro de un mismo patrón de juego. Esta particularidad está afectando a casi todos los ámbitos del entrenamiento (juego ofensivo individual y colectivo e individual defensivo básicamente), siendo en el juego colectivo defensivo en el que quizá no se haya avanzado tanto como en los otros enunciados anteriormente . Prácticamente, todas las parcelas del juego se están planificando en los entrenamientos para manejar distintas posibilidades y, sin duda, consideramos que el juego defensivo colectivo debe empezar poco a poco a sumarse a esa estructura de funcionamiento.

Como cita Xesco Espar en sus apuntes de Modelo de juego, uno de los grandes errores que todos los entrenadores cometemos al empezar a entrenar es que ni siquiera seleccionamos los contenidos. De hecho, pocas veces pensamos en contenidos. Normalmente sencillamente copiamos las tareas que recordamos o que nos han gustado cuando nosotros éramos jugadores. Con el paso del tiempo y a medida que accedemos a los cursos de formación y a la lectura de libros descubrimos los muchos contenidos de los que está formado nuestro deporte. En ese punto el principal error que todos cometemos es aceptar como contenidos de nuestra planificación todos los contenidos del último curso al que hemos asistido o del último libro que hemos leído.

Antes de seguir, dejadme que os explique una historia:

“Un grupo de leñadores se dirige a la casa del hombre más rico del pueblo porqué han sido llamados para talar uno de sus bosques. El capataz los recibe y les da las siguientes indicaciones: – El señor no está en casa, está de viaje. Pero me indicó que saliendo del pueblo talaseis el primer bosque que encontrareis a la derecha del camino. Los leñadores salen del pueblo y al encontrar el primer bosque se ponen a talarlo. A los dos días el señor regresa a casa y el capataz le explica lo que les ha dicho a los hombres. El señor sale corriendo y dirigiéndose a las afueras del pueblo grita a los leñadores: – ¡Deteneos! ¡Deteneos! ¡El capataz se equivocó! ¡El bosque que había que talar era el de la izquierda! Demasiado tarde. Los leñadores habían talado ya más de medio bosque.”

Este ejemplo sirve para ilustrar que equivocarse de bosque es un error fatal. Por muy buenos que sean los leñadores, por muy afiladas que estén sus hachas, por muy fuertes que sean, equivocarse en el bosque echa por tierra todo el trabajo. Sencillamente ese no era el bosque. Si nos equivocamos al seleccionar los contenidos de entrenamiento por muy bien que entrenemos incluso por muy buenos que sean los jugadores nos estaremos equivocando de raíz: Sencillamente no estaremos entrenando lo necesario.

Seleccionar los contenidos de entrenamiento es una de las partes más importantes de la planificación (tan importante como acertar el bosque).

La selección de los contenidos proviene del modelo de juego. Y el modelo de juego lo diseñamos de una manera u otra en función de si estamos en un equipo de formación o en un equipo de rendimiento. Justo después del primer step en los equipos de formación o del cuarto step en los equipos de rendimiento.

Lo que los jugadores deben aprender en formación vendrá dado por su edad y/o su nivel anterior de juego. La competición debería tener poco a ver en la selección de lo que tienen que aprender. En cambio, en los equipo de rendimiento, es necesario analizar primero cuales son los equipos a batir, para así después poder diseñar un sistema de juego para ganarles.

Alternativas tácticas colectivas dentro de un mismo sistema defensivo

Los sistemas defensivos son, por definición, estructuras de comportamiento colectivo enmarcadas en pautas de actuaciones estrictas y sistematizadas. Esta organización facilita enormemente la actuación de los jugadores que deben regirse respetando los principios de ese sistema defensivo (así como las modificaciones al mismo que haya podido introducir el entrenador).

Los fundamentos del sistema defensivo (junto con las mencionadas modificaciones), suelen comprender normas de funcionamiento en las que cada defensor en su puesto específico debe comportarse de una determinada manera, cuestión que condicionará a su vez el resto de acciones de los otros defensores. Esto es, si un equipo está empleando un sistema defensivo 1-2-1+P con presión sobre el jugador atacante que está en la banda, cuando el balón está en la zona contraria, supondrá que su nuevo posicionamiento será defender como ala contraria el eje de la cancha cada vez que llegue el balón a la línea lateral, mientras su compañero que ocupa el lado fuerte del balón presionará a su par y a su vez, el resto de sus compañeros conocerán y se comportarán intentando sacar el máximo partido de esa acción. Así, los equipos que realizan una presión sobre un jugador par cuando el balón se encuentra en la zona contraria, suelen mantener esta pauta de actuación invariablemente. Esta es la forma habitual de actuación en los sistemas defensivos: se define una estructura patrón sobre la que se realizan adaptaciones que el equipo automatiza y repite sistemáticamente intentando conseguir el éxito defensivo.

En los últimos años, algunos equipos de alto rendimiento han empezado a manifestar comportamientos defensivos colectivos en los que dentro del mismo sistema, varían las responsabilidades y exigencias en cada puesto específico. Por ejemplo, el avanzado de un sistema defensivo 1-2-1+P podría: liberar un espacio de juego, presionar a su par, presionar a un jugador impar o no presionar, y para cada una de estas opciones del avanzado el resto de los compañeros adoptarían una u otra forma de funcionamiento defensivo. De manera que existiría una alternancia colectiva en su comportamiento, lo que exigiría un funcionamiento colectivo alternativo no sólo por parte del avanzado sino del resto del equipo (en función de la acción del avanzado).

No nos gustaría que se confundiera esto con el cambio de sistema defensivo a lo largo del partido (empezar defendiendo 2-1-1+P, cambiar a 1-2-1+P, cambiar posteriormente a 2-2+P, etc.). Tampoco estamos hablando de una estructura defensiva en la que un jugador pueda tener varias iniciativas de forma esporádica, como por ejemplo el defensor avanzado que en un momento puntual varía su espacio de actuación o sus responsabilidades defensivas porque interpreta que puede obtener un beneficio con esa acción, ya que normalmente este comportamiento no cuenta con una colaboración defensiva diferente para cada acción del avanzado por parte de los otros defensores. Nos estaríamos refiriendo más exactamente a un plan de actuación en el que puede haber varias alternativas de comportamiento colectivo en determinados puestos específicos y a su vez, la adaptación previo entrenamiento, del equipo a esas diferentes posibilidades con distintas respuestas.

Generalmente, los sistemas defensivos se diseñan para sistematizar todas las posibilidades, entendiendo que esa sistematización debe comprender patrones de comportamiento colectivo que se repetirán a lo largo del partido. Ahora bien, creemos que los diseños de los sistemas defensivos están evolucionando hacia pautas de actuación variables donde la alternancia de acciones colectivas permite alcanzar un mayor rendimiento. Desde nuestro punto de vista, al igual que otras parcelas del juego en las que cada vez se están manifestando más alternativas de actuación, el juego colectivo defensivo evolucionará en los próximos años en esta dirección. Al realizar un diseño defensivo como el que aquí se expone, asumimos que partiendo de un sistema defensivo estándar (1-2-1+P, 2-2+P, 2-1-1+P, etc.) se realizan adaptaciones colectivas al funcionamiento del mismo para que el equipo pueda utilizar una alternativa u otra a lo largo del partido, cuestión que generará una mayor incertidumbre en el equipo atacante.

Hace unas décadas sería impensable plantearle a un defensor las posibilidades que algunos jugadores manifiestan hoy en día en el juego 1×1. Sin duda, actualmente se asume que el juego 1×1 visto desde la defensa no permite realizar siempre la misma acción en el mismo espacio, debido a que esa conducta remite al defensor a una situación muy previsible para el atacante, avocándole normalmente a no ser eficaz en las tareas defensivas individuales. De esta forma, parece que el juego 1×1 se encamina hacia situaciones en las que el defensor cambia constantemente su estrategia defensiva para generar incertidumbre en el atacante (presiona y libera, acosa, acosa y marca, disuade, disuade e intercepta, libera y ocupa, etc.) Como se aprecia, la alternancia en el comportamiento individual y la flexibilidad en las acciones permiten al defensor obtener un mayor grado de eficacia.

Atendiendo a esto, el interrogante que surge es si la formación individual y colectiva que los jugadores de alto nivel manifiestan permite actualmente diseñar sistemas defensivos en los que mediante las alternativas de funcionamiento colectivo, se alcance mayor eficacia defensiva que manteniendo un esquema rígido de juego.

Desde nuestra perspectiva, es incuestionable que el perfil individual defensivo ha evolucionado enormemente en los últimos 20 años y, sin duda, es esta parcela del juego una de las que más ha progresado en nuestro deporte. Si los jugadores cada día son mejores individualmente, es preciso avanzar en la construcción de sistemas defensivos donde las exigencias en el funcionamiento colectivo aumenten para alcanzar un mayor grado de eficacia.

La tendencia existente en nuestro deporte a asumir que los atacantes son los que generan incertidumbre y los defensores tienen que responsabilizarse de mitigar esa incertidumbre atacante, ahora bien, ¿por qué no asumir igualmente un modelo defensivo generador de incertidumbre para los atacantes? Los recursos individuales para desarrollar esta propuesta ya los están manifestando numerosos jugadores (gracias al trabajo de los entrenadores en los últimos años), por lo que quizá falte aprovechar en el ámbito colectivo esas prestaciones que los defensores pueden alcanzar. En definitiva, el juego colectivo defensivo debe ir avanzando hacia esquemas de actuación cada vez más variables semejantes a los que aparecen en el juego individual defensivo, ya que los jugadores van mostrando progresivamente mejores perfiles defensivos.

Ventajas e inconvenientes en la alternancia del comportamiento colectivo dentro del mismo sistema defensivo

Realizar este planteamiento y no reconocer las dificultades que el mismo implica sería caer en un ejercicio de inconsciencia, como es obvio, el entrenamiento de varias posibilidades requiere de más tiempo y mejores jugadores que el entrenamiento de una forma de juego invariable.

El mayor inconveniente que aparece en el diseño de este tipo de situaciones es la coordinación en el juego entre los defensores, ya que al poder desarrollarse varias posibilidades la adaptación y la automatización de las mismas exige un nivel alto de coordinación entre los jugadores implicados.

Pensemos en una defensa 1-2-1+P en la que el avanzado puede: presionar al cierre, disuadir el pase ala – ala, ofertar un espacio de juego a uno de los alas o perder profundidad para, aparentemente, facilitar la creación de juego en primera línea. Hasta hace unos años el argumento para no desarrollar defensas de este tipo (con alternancia de responsabilidades en uno o varios puestos específicos) era que el perfil individual de los jugadores no permitía encontrar a uno o dos avanzados por equipo que fueran capaces de realizar estas tareas. Actualmente, consideramos que en el alto nivel existen varios jugadores por equipo capaces de realizar tareas defensivas semejantes a las expuestas (bien en el pívot, en los alas o en el cierre), y entonces, si existen los jugadores que permiten estas posibilidades ¿Dónde aparece la dificultad actualmente? Posiblemente, la dificultad en este momento se encuentre en ajustar colectivamente las intervenciones que ese defensor realiza. De este modo, el problema defensivo en el ejemplo anterior no será que el avanzado pueda o no realizar estas u otras misiones, sino que la dificultad estará en la coordinación colectiva que el equipo debe realizar ante cada intervención del avanzado. Así, una alternancia de tareas por parte del avanzado sin la coordinación colectiva con el resto de defensores generará inmediatos problemas a ese sistema defensivo. Este será el reto para el entrenador que opte por diseñar una estructura defensiva como la que aquí se defiende: sistematizar el nivel de coordinación de sus defensores ante las distintas posibilidades de determinados defensores, sabiendo que una mayor alternancia de opciones conduce inexorablemente a un aumento proporcional en el ajuste del juego colectivo.

Como se aprecia, un comportamiento de este tipo no va a estar al alcance de equipos carentes de esa formación defensiva básica a la que antes se aludía. Si por el contrario se dispone de este tipo de jugadores, las ventajas de esta forma de funcionamiento colectivo son notables:

  • generar una mayor incertidumbre sobre los atacantes al variar la forma de funcionamiento colectivo,
  • dificultar la anticipación de los atacantes en la toma de decisión al enfrentarse a diferentes situaciones,
  • disponer de un grupo con diferentes opciones a la hora de adaptarse a la forma de juego del equipo contrario.

El encadenamiento de intenciones tácticas defensivas entre varios jugadores como base del funcionamiento colectivo variado

El papel que el jugador debe adquirir en sus tareas defensivas individuales, se sustenta en la manifestación de intenciones tácticas como una cuestión esencial si se pretende alcanzar un cierto nivel de eficacia. Cada vez con más frecuencia las intenciones tácticas defensivas aparecen como un contenido habitual en las programaciones y planificaciones de los entrenadores, considerándose como un aspecto fundamental en la formación de los jugadores.

Se asume que el defensor deberá ir entrenando las diferentes intenciones tácticas hasta llegar a entender cuándo y cómo es el mejor momento para emplear una u otra. De la misma forma, es habitual en el entrenamiento defensivo plantear el encadenamiento de intenciones tácticas, lo que por ejemplo supondría: acosar y liberar, disuadir e interceptar, liberar y cerrar, etc. El criterio sería el mismo que el empleado en el encadenamiento de contenidos técnicos individuales, donde se intenta agrupar acciones que en el transcurso del juego van a aparecer unidas.

Sin duda, estas actividades enriquecerán la formación defensiva por la que atraviesan los jugadores, ya que les permitirá manifestar un criterio defensivo que se aleje de una actitud sin intencionalidad alguna.

Si bien este encadenamiento de intenciones tácticas individualmente es imprescindible para el dominio del 1×1, el funcionamiento defensivo colectivo variado exige un encadenamiento de intenciones tácticas entre dos o más jugadores. Anteriormente (en el juego 1×1) un jugador encadenaba en su acción individual varias intenciones tácticas, y ahora ese defensor manifestará una o varias intenciones tácticas que deberán encadenarse con otra u otras desarrolladas por otros compañeros. De esta forma, como resulta evidente, el funcionamiento defensivo que implique un encadenamiento de intenciones tácticas entre varios jugadores representará una mayor dificultad que si ese encadenamiento lo realizara un sólo jugador en su acción de 1×1.

En las etapas de iniciación el buen defensor que disuade el pase correctamente es capaz de conseguir interceptar ese pase con cierta frecuencia, ya que los pasadores no tienen una gran eficacia en el pase. En alto rendimiento, donde el dominio técnico es mucho mayor, esta circunstancia no se presenta así con tanta frecuencia, es decir, muchas veces el jugador que disuade no es capaz de interceptar él mismo el balón, ya que el portador del balón decide no arriesgar a pasar en la línea de pase que disuade el defensor optando por seleccionar otra línea de pase y en consecuencia, permitiendo que otro defensor diferente al que realiza la disuasión pueda interceptar el balón. Esta colaboración entre dos defensores en la que uno disuade y otro intercepta podría servirnos de ejemplo para ilustrar el tipo de comportamiento colectivo buscado.

Lógicamente, las asociaciones entre dos, tres o cuatro defensores podrán ser tan ambiciosas como permita el perfil individual defensivo de los jugadores implicados.

Como es lógico, los requisitos previos indispensables para abordar un planteamiento de este estilo son:

  • un correcto nivel individual defensivo de los jugadores,
  • un hábito en tareas de colaboración defensiva en distintos puestos específicos y con distintos criterios,
  • capacidad para interpretar el tipo de intención táctica que el compañero manifiesta,
  • capacidad para ajustar la actuación defensiva ante la intervención de un compañero,
  • rechazar la idea de defensores especialistas, ya que tan especialista es el jugador que disuade una línea de pase o la ocupación de un espacio como el que debe responsabilizarse de cerrar con contundencia el espacio que ha generado su compañero con la disuasión.

Este grado de colaboración entre varios defensores debe sistematizarse en el entrenamiento, siendo necesario que los defensores conozcan las alternativas así como la adaptación de cada jugador en su puesto a las mismas. Cuando se inicia el entrenamiento mediante estas estructuras defensivas, la tendencia del jugador es a comportarse de forma estándar (repitiendo siempre la misma acción). Del mismo modo, algunos jugadores manifiestan problemas en la comprensión de la colaboración defensiva ante intenciones tácticas. Así, es frecuente encontrar que cuando se responsabiliza a uno o dos jugadores de determinadas tareas (ofrecer un espacio, falsear una acción, presionar al par o al impar, etc.), otros defensores tienden por imitación, a jugar de forma semejante a sus compañeros. En este sentido es preciso aclarar las responsabilidades a los jugadores para que entiendan que si uno oferta un espacio otro debe conocer esto y adaptarse para cerrar ese espacio o explotar la acción de su compañero. Así, quizá sería conveniente hablar de responsabilidades colectivas complementarias, para que se entienda que la acción de un compañero condiciona el comportamiento de los otros defensores y que éstos, lejos de comportarse del mismo modo ante la intervención del compañero, deben necesariamente ajustar su actuación.

Todos estos problemas son los que mediante el entrenamiento deben pulirse, de forma que si uno o dos jugadores disuaden, los otros deben coordinar su intervención en función de las consecuencias que para la estructura defensiva genera esa disuasión.

Como ya se ha expuesto, antes de llegar al entrenamiento colectivo el jugador ha debido pasar por una formación individual defensiva que le permita acceder a las exigencias que estas estructuras defensivas pueden solicitarle. El colectivo de jugadores que no haya tenido la formación previa necesaria, no podrá enfrentarse eficazmente a las situaciones de juego con que se va a encontrar.

Por último, a lo largo del texto no nos hemos centrado en el desarrollo de un sistema defensivo concreto con el que trabajar los distintos aspectos comentados. Esta posición se ha adoptado de forma consciente, considerando que el sistema defensivo con el que se realicen las cuestiones aquí tratadas es secundario. Como sucede siempre, las características de los jugadores de cada equipo aconsejarán emplear un sistema defensivo u otro, e igualmente, orientarán sobre las adaptaciones que el entrenador podrá hacer en ese sistema defensivo.

En futbolsala, habitualmente este tipo de exigencias defensivas se relacionan con sistemas defensivos abiertos, idea con la que no estamos de acuerdo y de la que queremos alejarnos desde el inicio, ya que pensamos que los planteamientos expuestos son totalmente independientes del sistema defensivo empleado.