La teoría del entrenamiento termina donde empieza la “voluntad” del jugador

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Dos fuerzas Voluntad & Responsabilidad distinguen a dos tipos de jugadores: los que hacen que las cosas pasen y los que esperan que pasen.

Es la voluntad  la  disposición  para algo.
Voluntad es determinación.
Es la voluntad la que nos conecta con el hacer.
La energía que hace que las cosas pasen.
La energía interior que nos lleva de la idea a la acción.

Vivimos la mayor parte del tiempo “de boquilla”.
Quiero decir con ello que una cosa es lo que decimos, lo que deseamos, y otra bien distinta lo que hacemos. Por mi profesión estoy rodeado de “boquilleros“, personas que predican una cosa y hacen otra. Yo también me descubro así en ocasiones. Intento cambiar. Hacer lo que digo, lo que siento. No ser dual.

Hay una gran distancia entre el ser y el hacer.
No siempre damos los pasos necesarios para crear el rendimiento que deseamos. Si algo se necesita para hacer lo que tanto deseamos, o eso que tanto decimos es

D I S P O S I C I Ó N 

Para estar dispuestos a vivir un deporte como deseamos, necesitamos salir de las excusas y dar un salto al uso de la energía más potente que disponemos: la voluntad.

Me declaro partidario de la disposición positiva a que los cosas que deseo me pasen.
Estado anímico y actitudinal con el que te enfrentas a todo lo que en tu deporte va llegando, sea buscado por ti o que llega cuando menos lo esperabas.

A muchos no nos hace falta fuerza, lo que nos falta es voluntad…

Con frecuencia en cursos y conferencias me preguntan cómo aumentar la voluntad.
No tengo una respuesta única, ni es fácil responder a ello.
Al menos, yo no sé muy bien qué decir.
Y siempre se me ocurre recomendar buscar respuesta en cuatro preguntas.
Preguntas necesarias que debemos respondernos, en mi opinión, para entender adecuadamente si estamos o no dispuestos a vivir el futbolsala con V O L U N T A D.

1.-

¿Estoy dispuesto a aceptar la
responsabilidad
en todas las condiciones de mi deporte?


Dejar de culpar a otras personas. Al tiempo. A la falta de tiempo. A la naturaleza. A la genética. A la familia. A …
Vivir con responsabilidad es no sentirse víctima de las circunstancias.
Es crear las circunstancias uno mismo.
Culpar a otros te impide cumplir destinos. Te paraliza en el valle del desaliento.
Te atormenta y genera estados de ánimo faltos de energía interior para la consecución de lo deseado.

No heredaste tus rasgos de personalidad de nadie.
Deja ya esas tonterías. No dependen del pasado. Depende sólo de ti.
Los has elegido tú una y otra vez, aunque no seas consciente de ello.
Bajo tu responsabilidad se están expresando o no.
Si eres tímido, cariñoso, agresivo, simple, cruel, amable, amoroso, pasivo, estúpido, bueno, …
sólo es el resultado de tus elecciones.
De las elecciones que has hecho hasta ahora.
Pero puedes cambiarlo. Todo puedes cambiarlo.

2.-

¿Estoy
dispuesto a no
rendirme?


Cuando ya has aceptado la responsabilidad de cambiar algo en ti, toca no rendirse.
A lo que te rindes le das poder.
No rendirte es hacer uso del esfuerzo.
Es saber esperar pacientemente el resultado sin dejar de seguir intentándolo.
Es aprender de los errores y obstáculos que te vas encontrando.
Estar dispuesto a no rendirse es poner la energía fuera de la zona de excusas.
Es moverte en dirección salida de tu caja de comodidad.

3.-

¿Estoy dispuesto
a mantener la
visión?


Es mantener tus sueños. Perseguirlos.
No se trata de hacer una declaración en un momento de más o menos inspiración,
sino de perseguir con ilusión aquello que te has propuesto.
Tener visión es sentirse comprometido con algo.
Y, a veces, comprometerse con algo, significará estar dispuesto también a desprenderse
de algunas cosas, personas, ideas, … A romper con el apego.
A avanzar en otras direcciones.
A soltar lastre. A dejar en el camino viejas imágenes, viejos éxitos, viejos amigos, …
A crecer en nuevas ramas.
Es estar dispuesto a crear una nueva alternativa de ti mismo.

Donde no hay visión la gente perece, decía la Biblia.

4.-

¿Estoy dispuesto
a rechazar la falta de
disposición?


Es decir, ¿estoy seguro de que lo que necesitaré es hacer uso de mi voluntad?
O lo que es lo mismo, ¿qué no estás dispuesto a hacer, a sacrificar, para intentar
que tus sueños se hagan realidad?

¿No estás dispuesto a dejar a este equipo?
¿A cambiar de rol en tu equipo?
¿A perder la jerarquía que ahora tienes en tu equipo?
¿A qué …?

Tener claro a que no estás dispuesto a renunciar es necesario para que no se mezcle la decisión de no renuncia con la falta de voluntad y que además ambas cosas se confundan.
Y tenerlo muy claro para no generarte expectativas falsas que te hagan pasar largos periodos de infelicidad.

La voluntad es el modo inteligente de dirigir el comportamiento

Elabora la lista de cosas que no estás dispuesto a hacer para re-crear tu rendimiento.
Esta lista tiene mucha fuerza en ti. Será tu patrón para no desear todo aquello que tu mismo ya has renunciado. A partir de esta lista, el resto de tu mundo, de tus deseos, está por hacer.


Y es el momento de  E M P E Z A R
Con este hecho comienza cualquier cambio.
Empezar para andar.
Empezar para mover el motor.
Empezar para filmar la película que deseas.

Déjame decirte sólo una pequeña deducción:
probablemente el nivel de eso que llamamos rendimiento en tu deporte aumente en la medida
que la lista de cosas a las que no estas dispuesto a renunciar sea pequeña.
Y si la tienes en blanco, enhorabuena.
Y si tienes esas cosas que son del futbolsala, como no abandonar, no hacer trampas, respetar a los demás, no mentir, no quebrantar las normas, … también enhorabuena. Será como tenerla en blanco.

Practica el estar dispuesto a

SER RESPONSABLE
NO RENDIRTE
TENER VISIÓN MANTENIDA
LA DISPOSICIÓN DE ESTAR DISPUESTO

Y verás como la VOLUNTAD aparece sin ningún tipo de esfuerzo.

No es la voluntad de ganar, sino la voluntad de prepararse para ganar lo que hace la diferencia y las metas que no se escriben son solo deseos

A todo esto debemos añadir otro dos frenos que nos retienen y en muchas ocasiones nos paran. Nos impiden el intento.

Uno de ellos es la postergación. La procrastinación. Normalmente en forma de frases hechas, como “mañana”, de “ahora no es el momento”, o de “mañana seguro que sí”.

Y el otro freno que hace que se desvanezca nuestra fuerza de voluntad es la opinión de los otros. El juicio que nos inunda. Los que piensan que tu ambición es ridícula, inalcanzable, absurda,… El criterio de los vecinos que viven cerca, sobrevenido en el peor de los momentos, es entonces cuando hay que recordar que lo que piensan de mi no es asunto mío y  seguir adelante con la idea.
No dejar que puedan con la disposición ante lo deseado.

Y además tienes que estar dispuesto a otra cosa:
a   A C E P T A R  esas otras cosas que el futbolsala pondrá ante ti y tu no podrás cambiar.
Hazlas tuyas y sigue.

La clave de la voluntad es

ESTAR 
DISPUESTO
La voluntad es una negociación entre nuestros deseos, nuestros proyectos y el coeficiente de adversidad que pone la realidad.
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ENGAGEMENT

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¡Fuego!
Estupenda palabra, siempre que no se queme nada…
Referido, en este caso, al fuego que representa la pasión por algo o por alguien.

¿Qué enciende nuestro fuego?
Y, … ¿de qué materiales disponemos para encender el fuego en los demás?

A menudo me “enfrento” a numerosos entrenadores, directivos y jugadores de diferentes equipos profesionales o amateurs en España o diferentes países. A diferentes programas de desarrollo o formación de entrenadores y jugadores, pues bien, un alto porcentaje de estos programas son para generar lo que en el mundo empresarial se conoce como

ENGAGEMENT

Un término que está de moda y en el mundo empresarial todos los líderes hablan de ello.
Se refiere a la implicación comprometida con una marca, o con un proyecto, o con unos objetivos. También se identifica con el esfuerzo voluntario frente a una actividad o meta.
En realidad es una palabra cuyo significado está formado por dos estructuras verbales:
Implicación y entusiasmo.
Es decir, “estoy y quiero”.

En el mundo del futbolsala, engagement podríamos relacionarlo para referirnos al comportamiento existente de los directivos de un equipo, staff técnico y jugadores ante su responsabilidad y compromiso con el modelo o marca del club, pero en realidad hay engagement por todo: por otras personas, por las redes sociales, por una idea, por una filosofía de vida, por un determinado autor, por una música, por …

En mi opinión, basándome en observaciones personales y lecturas sobre el tema, son cuatro los elementos que tienen los entrenadores o jugadores que más capacidad tienen de provocar fuego en otras, o lo que es lo mismo que generan con más facilidad engagement.

A saber,

MENTALIDAD POSITIVA


No es que siempre visionen la realidad de una manera optimista, en ocasiones saben distinguir las situaciones de peligro, las comparten y eso les hace fuertes.

Martín Seligman, uno de los padres de la psicología positiva, nos enseñaba en su Learned Optimism, que un elevado porcentaje de individuos exitosos compartían una característica clave:
la creencia de que las cosas saldrían bien.
Seligman, demostraba en sus diferentes estudios que, en general, era más importante que sus estudios, sus resultados financieros o sus dotes comerciales. Y lo más interesante, en estos estudios del Dr. Seligman, era comprobar que es más importante, incluso que tener razón sobre el resultado final, la mentalidad positiva con la que nos enfrentamos a un hecho. Es decir, el hecho de pensar que el resultado de una acción determinada iba a ser positivo tenía más fuerza que el propio resultado en sí, fuera finalmente como se esperaba o fuera una contrariedad.

Los entrenadores y jugadores con mentalidad positiva saben sacar partido de una adversidad, eso les distingue claramente. Los otros quieren estar con ellos. Formar parte de sus proyectos.
Actualmente se les conoce mucho más con el término de deportistas resilientes.

Algo importante tienen estos deportistas: utilizan más el “sí” que el “no”.
De entrada no dan nada por perdido. Luchan.
Saben que la mejor forma de perder es no intentar algo.
Saben que si no salen a la cancha a jugar ya han perdido en el vestuario.
Saben que para ganar no hay que abandonar.
Cuando las cosas no salen como esperaban, aprenden y vuelven a “embestir”.

La mentalidad positiva es una elección consciente individual. Es una cuestión de actitud, es decir, de interpretación de la realidad que se está viviendo en cada momento.

Los entrenadores queremos rodearnos de jugadores con mentalidad positiva.
Son los que generan más rendimiento.
Son los que están encendidos.
Y así, junto a ellos, nos encendemos.
Es la mentalidad positiva un atributo provocador de fuego, catalizador de engagement.
ALEGRÍA


La alegría acompaña a los entrenadores y jugadores que muestran felicidad por lo que hacen.
La alegría puesta al servicio de los demás, es mucho más que un sentimiento, es una emoción que contagia.
Se refleja con la sonrisa.
Se transmite con la risa.
Se vive con el sentido del humor.

Es una palabra que viene del latín alecris, y que significa vivo.
También tiene el sentido de “animado”.
El que está animado, anima.
El que está apagado, apaga.

Los entrenadores o jugadores con alegría están animados frente a los desafíos que les llegan.
Los maestros del liderazgo no sólo están preparados para hacer lo que tiene que hacer si no que, además, lo hacen con gozo, con placer, aprendiendo de cada reto.

Todos tenemos que afrontar altibajos. Algunos de ellos puede que sean muy serios.
Muy importantes. Varapalos del deporte., pero, con frecuencia, la alegría nos hace afrontarlos con un estado mental diferente y nos da alas para encontrar opciones, soluciones al problema, nuevas alternativas para salir del agujero.

La alegría nos hace sentirnos más frescos. Más luminosos.
Nos genera bienestar general.
Es un antídoto frente a la interpretación de la vida vivida bajo el “síndrome del mal rollo”.

El síndrome del mal rollo es una patología que se caracteriza por varios síntomas:
Observar sólo lo malo de las cosas y de las personas.
Ponerse siempre en el peor de los casos, por si acaso…
Aburrirse con todo.
Despreciar el buen saber de los demás.
Y no estar dispuesto a aprender de todo.

Los entrenadores queremos rodearnos de jugadores alegres.

Son los que generan más resultados.
Son los que están encendidos.
Y así, junto a ellos, nos encendemos.
Es la alegría un atributo provocador de fuego, catalizador de engagement.
 
CREATIVIDAD


Los entrenadores y jugadores creativos, además de frecuentar el buen humor, se caracterizan
porque viven sorprendiéndose de casi todo, como si vivieran todo por primera vez,
dándose así el permiso de revisar su estatus, de cuestionarse el status quo de la realidad.
Son capaces de percibir, con mucho esfuerzo, la realidad de forma desacostumbrada.
Buscan nuevos caminos.
Saben aceptar el cambio. Se adaptan a él. Y hacen las cosas de una manera diferente.
Viven en beta. Prueban, aprenden,  y vuelven a probar.
Saben extraer algo valioso de algo de menor valor. O incluso, de la nada crean algo.
Mezclan. Hibridan. Juntan. Cortan y pegan.
Convierten los sueños en realidad. Los despiertan.
Las ideas las transforman en hechos tangibles.

Cuando vives junto a jugadores y entrenadores creativos, creces.
Cuando compartes con jugadores creativos, vives asumiendo el riesgo necesario.
Cuando te equivocas cerca de jugadores creativos, cambias el fracaso por aprendizaje.

Los entrenadores queremos rodearnos de jugadores creativos.
Son los que generan más rendimiento.
Son los que están encendidos.
Y así, junto a ellos, nos encendemos.
Es la creatividad un atributo provocador de fuego, catalizador de engagement.


TONO


Como en la música, en el deporte también el tono es fundamental para competir.
En ocasiones la mejor manera de ejercer engagement es mantener la boca cerrada.
Son los entrenadores que usan un tono de lenguaje suave los que más fuego generan en los demás.

Un error básico y frecuente de los líderes con poco talento para ello es pensar que la agresividad crea seguidores.

Manejar adecuadamente el tono lingüístico y la escucha empática es mostrar un interés sincero por los jugadores y demás miembros del equipo.
Es una cualidad esencial en las relaciones humanas.

No es más inteligente el que más habla, ni el que habla todo el tiempo.
El verdadero líder es la persona que necesita decir menos.
Concentrarse de verdad en lo que los jugadores nos dicen, guardar silencio mientras nos hablan, no tener prisa por intervenir, no cortar las palabras o expresiones a otros, … 
es dar una buena imagen de confianza y de interés por lo que se nos dice.

No somos capaces de imaginar la cantidad de errores que no cometeríamos si aprendiéramos
a estar más tiempo en silencio. Y, por el contrario, muchas veces encontrar la solución a un problema, consiste en pasar mucho tiempo escuchando diferentes alternativas o posibilidades de resolución.

El tono lingüístico más complicado de manejar es el de las preguntas.
Los grandes líderes, en un gran porcentaje de su tiempo, hablan con preguntas.
Así es como se llega a la raíz de la idea. Excavan en la realidad para extraer lo mejor de ella.
Cuando las preguntas y la escucha posterior marcan el tono, los jugadores se sienten más atendidos. Se implican más en la conversación, en el proyecto, en la idea.

El tono de tu conversación marcará el respeto por los que te acompañan.

Los jugadores y entrenadores quieren rodearse de entrenadores que mantengan una conversación con un buen tono.
Son los que generan más rendimiento.
Son los que están encendidos.
Y así, junto a ellos, nos encendemos.
Es el buen tono un atributo provocador de fuego, catalizador de engagement.


¿ Qué tienen los entrenadores que generan ENGAGEMENT ?
TIENEN FUEGO
pero
NO QUEMAN

Los medios directivos del entrenador

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“Cambiar el mundo, amigo Sancho,
no es locura,
ni utopía,
sino justicia”
Cervantes

Existen tres instrumentos para dirigir de especial importancia:

  1. La conversación individual.
  2. La exposición.
  3. La crítica.

La conversación individual entrenador-jugador.

La conversación personal entre directivos/entrenadores y jugadores constituye uno de los instrumentos directivos más importantes en el fútbol-sala. A través de conversaciones individuales se pueden iniciar, solucionar o como mínimo facilitar casi todas las funciones directivas. La conversación personal entre entrenador y jugador puede despertar y reforzar la motivación tan necesaria, pero a menudo inexistente. Entre dos personas es mucho más fácil aclarar críticas, solucionar problemas personales de los jugadores, conflictos dentro del equipo, así como controversias específicas del fútbol-sala. Sin embargo en casos especialmente críticos se aconseja la presencia de una tercera persona como espectador, testigo o mediador.

Exposición ante el equipo

Los entrenadores en el fútbol-sala están regularmente obligados, como todo dirigente, a hablar ante un público numeroso, es decir, normalmente ante el equipo, para informar y para exponer opiniones personales. El efecto y el éxito de estos discursos dependen esencialmente de los siguientes factores:

  • contenido temático objetivo;
  • introducción y final agudo;
  • forma de transmitir la información (voz, lenguaje, gestos, ingenio, emoción);
  • apariencia del orador (apariencia externa, seguridad, réplica en caso de               intervenciones y discusiones);
  • consideración de la razón de la exposición y de los oyentes (composición,           capacidad de captación, esperanzas);
  • preparación teniendo en cuenta todos los puntos mencionados (reunión de          material, escrito, estructuración del tiempo);
  • aplicación de ayudas y material audiovisual (p.e, pizarras).

Critica de partido y jugadores

Cualquier crítica del partido desemboca finalmente en una evaluación, y de esta manera en una crítica de cada jugador y del equipo. La crítica se puede basar fundamentalmente en los siguientes hechos diferentes:

  • el rendimiento global fue mayoritariamente positivo;
  • la capacidad de rendimiento fue positiva o negativa;
  • la disposición para el rendimiento fue positiva o negativa;
  • el comportamiento deportivo fue negativo;
  • el juego a favor del colectivo fue negativo.

En principio, la crítica positiva no crea ningún problema siempre que los jugadores fomenten con su comportamiento el rendimiento. La alabanza del rendimiento y del comportamiento tiene el efecto de un reforzamiento positivo. Existen muy pocas ocasiones en las que la crítica positiva pueda perjudicar al jugador. Normalmente, los entrenadores emplean pocas veces este medio.

La crítica negativa, que se emplea después de rendimientos y comportamientos erróneos, es totalmente diferente. De los comportamientos negativos, los dirigentes suelen aceptar aún la baja forma aquel día de un jugador normalmente bueno. Sin embargo, en todos los demás casos se  plantea una crítica negativa, subjetiva en parte, dura y ofensiva para la persona.

Según MARTIN LUPPEN, existen unos principios esenciales:

  • Cualquier crítica-por necesaria que fuera-se opone a nuestro afán de ser              reconocido;
  • a nadie le gusta que le critiquen; no importa si la crítica es justa o no;
  • la persona que emite críticas siempre estará mal vista, a pesar de insistir que sólo    quiere lo mejor e incrementar el rendimiento;
  • la critica se percibe como extremadamente ofensiva y frustrante si se lleva a cabo    en público;
  • la psicología sabe desde hace tiempo que las alabanzas y reconocimientos pueden    tener muchísimo más éxito que las reprimendas y la crítica;
  • el entrenador debería reforzar la autoconfianza del jugador recalcando, acentuando    y potenciando sus comportamientos positivos;
  • una crítica inevitable pretende evitar errores en el futuro. Por ello, se debería        plantear durante un diálogo con el jugador, donde el entrenador ha de decir         claramente lo que no le gusta;
  • durante el análisis teórico ante todo el equipo sólo se deberían tratar los errores    en general;
  • los jugadores se sienten muy afectados al enterarse de las críticas de su             entrenador a través de terceras personas. Se sentirán afectados en su imagen y    en su autovaloración y esperarán una buena ocasión para criticar al entrenador de    una forma parecida.

La crítica constructiva implica también el comportamiento correcto del entrenador frente a los jugadores. Estos diferencian muy bien si el entrenador valora el mismo comportamiento en diferentes jugadores de la misma forma o bien si expresa su valoración de igual manera. Esta tarea no es nada fácil teniendo en cuenta las diferentes dotes y las fluctuaciones en el rendimiento de los jugadores (y esto también porque el entrenador tiene simpatías y antipatías).

ALLMER concluyó en el contexto de su valoración del fracaso de jugadores que el entrenador se somete a menudo a influencias muy subjetivas en su evaluación. Los tres factores siguientes intervienen en la diferencia de las valoraciones del rendimiento:

  1. La diferente escala de valoración: por un lado se puede comparar el rendimiento del jugador con el de otros (sistema referencia social), y por otro con los propios rendimientos anteriores (sistema referencial individual).
  2. La diferente perspectiva de valoración: el entrenador como observador tiene una perspectiva distinta al jugador como actor. Lo que el entrenador considera como fracaso en el rendimiento, el jugador no lo siente necesariamente como tal y viceversa.
  3. La parcialidad en la valoración del entrenador: la imagen que tiene el entrenador del jugador influye en la percepción de su comportamiento en el partido y en la evaluación de su rendimiento (p. e., de un jugador bueno se perciben menos errores, también se le toleran más fallos que a un jugador malo. Pero también es factible todo lo contrario).

No sólo el entrenador, sino que todas las personas implicadas en la dirección del equipo deberían tener en cuenta el peligro del “comportamiento no conforme” (individualista) del dirigente frente al dirigido, esforzándose en el comportamiento justo frente a todos los jugadores.

Estoy convencido que todo tipo de relaciones entre personas requiere de medida.

¿Qué tienen esos entrenadores que consiguen transformar su entorno?  Es, … quizás, que están lo suficientemente locas  para pensar que pueden hacerlo…  ¿Qué ha caracterizado a personas…, que transformaron el entorno profesional o vital del que se rodeaban?¿Cómo lo hicieron? ¿Se comportaban como si las normas establecidas no fueran con ellos? ¿Vivian con pasión, con intensidad y con emocionalidad extrema aquello que perseguían? ¿Y era esto suficiente?

En mi más modesta opinión creo que, más allá de sentirse llenos de pasión por aquello a lo que dedicaban su vida, todos estos entrenadores que han generado grandes cambios en nuestro deporte, tienen otros atributos que les hacen ser unos líderes transformacionales. La mayoría no llegarán a alcanzar esa marca personal tan reconocida socialmente, pero son, en cualquier caso, grandes líderes provocadores de transformación. Son exploradores de nuevas ideas. Son entrenadores cuya mente está en continuo estado de viaje.

Según mis observaciones, todos ellos, sean grandes transformadores de la historia de nuestro deporte muy conocidos o pequeños héroes cotidianos, tienen unos elementos que les caracterizan, que les unen. Todos ellos…

Tienen una gran  capacidad de  C O N C E N T R A C I Ó N. Están en lo que están. Se centran en uno o pocos proyectos. Se convierten en expertos en una o pocas cosas. Lo viven concentrados al máximo. Se centran en lo que saben hacer excelentemente. Saben borrar lo que les sobra. ” Saber decidir lo que no hay que hacer es tan importante como saber decidir lo que hay que hacer “, decía Steve Jobs.

Simplificar para concentrarse en la esencia, eliminando lo innecesario. Saben que la sencillez es la máxima sofisticación. Carecen de florituras cuando planifican para evitar las distracciones inútiles. Buscan las líneas limpias, lo funcional, lo básico.

 Tienen una gran capacidad de I M A G I N A C I Ó N. Visualizan con facilidad el futuro, sin dejar de estar concentrados en lo que tienen que resolver en el presente. La imaginación les permite llevar a cabo sus creaciones de una forma diferente. Hacen que las cosas pasen. Y si se equivocan, empiezan de nuevo. Viven y construyen sus proyectos en modo beta. Creen y hacen, por eso crean. Dan un salto adelante si ven que se están quedando atrás. Marcan la tendencia.

En ocasiones se devoran así mismos para poder avanzar. Utilizan la imaginación para generar divergencias sobre su propio conocimiento y sus experiencias previas. Para cuestionarse el estatus de las cosas, de los procesos, de los hechos. Están en continuo estado de búsqueda. Sin agobios, pero con un continuo objetivo de mejora. Han aprendido a distorsionar la realidad; por ello alcanzan metas extraordinarias. Fuera de lo común. Su lema principal suele ser: ” no nos conformamos “. Saben que su tarea principal es leer las cosas que aún no están en la página. Y aprender a relatarlas a los demás. Hacerlas visibles para los otros.

Viven dentro del E C O S I S T E M A. No huyen. No lo dejan a otros. Se responsabilizan. Saben que forman parte del proceso. No hay transformación si no es desde dentro. Participando. Conocer bien al león es ir a la selva. No verlo en el dibujo errado de una película. Ni siquiera en un zoo. 

Piensan los beneficios en términos de F I N A L I D A D. Y el resto de beneficios, sean económicos o sociales, o de cualquier tipo, ya llegarán después. Son la consecuencia, no el hecho. Trabajan en el para qué. Tienen, antes de empezar, su end point en la mente. La meta en la mente. Les importa visualizar el punto al que quieren llegar con su hacer. Y lo comparten. Y lo viven en cada momento del proceso. Siempre, a lo largo de todo el recorrido, del viaje hacia el destino, el punto final no se pierde. 

Saben L E E R  la  F O T O. Se trata de ver lo que otros no ven. Se trata de adivinar los deseos o necesidades de otros que ni ellos mismos, todavía en ese momento, son conscientes. Y cuando se adelantan a los “sistemas” o situaciones de competición, no les importa lo que piensen de ellos. Sienten su búsqueda como auténtica. No necesitan muchos estudios de sistemas porque el mejor estudio que tienen es que viven sintiendo lo que en su entorno se necesita. Son intuitivos. Son de naturaleza empática. Saben escuchar lo que no se dice. Saben leer lo invisible ante los ojos de los demás. Gracias a esta capacidad de leer la foto pueden mantener la visión global, general de una idea, a la vez que entran en los detalles de la misma.

Y lo saben T R A N S M I T I R. Contagian a los demás con sus proyectos. Empaquetan la información y la comparten de una manera muy especial a los “otros”. Sin muchos artificios. De forma sencilla. Con lenguajes comprensibles. Desde el uso de experiencias. Saben que un libro empieza juzgándose por la cubierta. Saben que, en la mayoría de los casos, es con la comunicación con lo que se la juegan.

Persiguen la E X C E L E N C I A. No son perfeccionistas. Admiten el error y aprenden de él. Pero sí son exigentes. Saben, si es necesario, tocar el “botón de pausa” hasta alcanzar la mejor versión posible. Prueban y prueban y vuelven a probar … Y buscan esta excelencia no sólo en el “envoltorio” de la idea o del proyecto sino también en el “interior”. Porque para ellos el resultado final, la finalidad, es lo importante.  

Se rodean de L O S  M E J O R E S. Porque saben que eso les hace ser a ellos también mejores. Huyen de la mediocridad. Y de los mediocres que se sienten bien sin avanzar, si hacer nada. También huyen de los estúpidos prolíficos del análisis que nada hacen. Viven paralizados y paralizan las ideas. El conocimiento lo buscan entre sus filas o fuera de ellas. Saben que el secreto de la buena implementación está en las personas que participen de ello. Creen en el talento, en su máxima expresión. Y se alimentan de él. Saben que cuando cuentan con gente muy buena en sus equipos no necesitan estar encima de ellos. El líder que delega con consciencia de ello. 

Fomentan el C A R A  a  C A R A. Usan mucho de su tiempo en relacionarse con las personas de sus equipos cara a cara. Les escuchan de verdad. Viven los proyectos en un one to one continuo. Prefieren las palabras a las diapositivas de un elaborado power point. Aprender es su verbo preferido. Tienen una mente de aprendiz continuo. Crean conexiones entres los miembros de la organización y también fuera de ellos. No cierran círculos. Están abiertos al aprendizaje que les llega del exterior. Son auténticos generadores e networking. Son generadores de engagement. 

Y se D I V I E R T E N. Con todo lo que hacen… El tiempo pasa rápidamente para ellos. No se aburren nada. Están conectados con sus ideas y proyectos. Son disfrutones de lo que hacen. Fluyen con sus proyectos. A veces, no se distingue el proyecto en el que están envueltos de su propia marca personal. Son rebeldes y contra-culturales. Les divierte. Son científicos a la vez que humanista. Les divierte. Son locos a la vez que sensatos. Les divierte. Son artistas a la vez que trabajadores de la rutina. les divierte. Son hippys a la vez que usan la corbata cuando es necesario. Les divierte. Son uno y lo otro porque les gusta pensar diferente, no porque no tengan criterio. Les divierte.  

Han elegido ser HÉROES COTIDIANOS. Son ellos los que T R A N S F O R M A N el mundo de nuestro deporte, el  FUTBOLSALA.

Egoísmo

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El tamaño del ego de un jugador se puede medir en la forma que maneja los errores que cometen sus compañeros.
 
Ego es el conjunto de lo que se llama a veces la personalidad del jugador, la mente ordinaria que dice: “yo soy todo eso y nada mas”. No aprender a controlarlo significa estar en disposición de ser guiado por él.
¡Poderoso ego!
Otro punto de vista del ego es la instancia física que se reconoce como “yo”, decía Sigmund Freud. Einstein le llamó así a la visión ilusoria de la propia consciencia. Siendo más sencillos, el ego en una de sus acepciones principales no es más que el concepto que un jugador tiene de “sí mismo” y que le diferencia a los demás, haciéndola único. Pero también el ego se refiere al aprecio excesivo que un jugador tiene de sí, condicionado por su propia historia y por su pensamiento inconsciente.
 
¿Manejar los egos en un vestuario de uno de los grandes, es una labor que hace perder parte de la estima del propio entrenador, hasta agotarse?
Hablemos de este segundo EGO.
El ego super-yo que se revela con 3 características fundamentales:
 
1) está conectado con el pasado y desde ahí fabrica futuro
 
Yo soy lo que soy por lo que he sido antes que me ha llevado aquí y por eso me han fichado.
Aunque un trabalenguas parezca, define bien esta primera característica.
 
El ego obviamente se alimenta de la propia educación recibida, de las experiencias vividas, de lo propio, de lo que pertenece a uno mismo, de mi, de lo mío.
 
Se le llama por esta razón mente egótica. Porque hay un sentido del “yo” en cada pensamiento, en cada recuerdo, en toda interpretación, opinión o punto de vista, en toda reacción y emoción.

“Solo tendrás sensación de crecer y mejorar, cuando construyas alguna cosa mas grande que tu ego”

(Chris Lowney).

 
2) Confunde opinión, nacida de una creencia, con hecho
 
No sabe el jugador que una opinión nunca es verdadera o falsa. Pero la ve y justifica bajo ese criterio: Esto es verdad, esto es mentira“.
 
No es hábil para distinguir que sólo depende del “yo” que la observe y desde dónde lo haga.
Una opinión debe ser convertida en hecho para poder darle valoración de verdad o mentira.
El super-yo confunde lo nacido de una creencia y desde ahí JUZGA, mientras que con frecuencia a los hechos los relativiza. Producto de una percepción selectivanacida de nuestro pasado, que provoca una interpretación distorsionada de la realidad.
 
Y lo que es peor, no nos permite diferenciar un suceso de la reacción al suceso. Por eso cualquier vivencia se produce siempre bajo la suma de dos elementos: la propia vivencia en sí, que llamaríamos realidad, que es única y que se describe como el hecho y la interpretación de la realidad vivida, que no es la realidad en sí misma sino la percepción con la que observamos esa realidad. Por poner un ejemplo básico y cotidiano de la vida ordinaria:
Una persona que se siente enferma, dolorida y cree tener fiebre alta en cuanto pueda se pondrá un termómetro. Es un hecho si el termómetro dice que tiene 39,7 º de temperatura. Y la valoración de este hecho será: tiene fiebre alta. Esa es la verdad. Pero qué pasa si su interpretación de ese hecho real es que le quedan horas de vida o que está fatalmente enfermo.
La interpretación está basada en un YO hipersensible a la enfermedad, con miedo a la muerte, con incertidumbre por lo que está por venir, etc… Con valoraciones que vienen de su fantasía, de su pasado, de esa historia que le contaron cuando era pequeño, de ese amigo que ya murió después de una larga enfermedad pero que todo había empezado con una fiebre alta.
Finalmente el médico le dirá que es una amigdalitis. Y que se le pasará en dos días con antibióticos.
En competición el egoísmo es como el colesterol: hay bueno y malo, pero lo más peligroso es jugar egoístamente sin saber q se es egoísta…
3) El ego perteneciente al super-yo mira hacia el interior
 
Es ombliguista.
Se encanta. Se gusta. Se busca en todo y en todos. Está encantado de haberse conocido. Por lo tanto nos aleja de la escucha empática, la única escucha que nos transporta al ”  “. Y también nos genera una gran distancia de la humildad. Factores que nos alejan de la relación con los demás.
En un primer impulso el ser humano es intuitivamente cooperativo…, (estudios nos aseguran que pensar durante más tiempo conduce al egoísmo).
“El ego es un animal insaciable q necesitamos tener, pero no debe predominar. Crecer es en parte saber domarlo y dejarlo en segundo plano”.


La misión mas difícil que tenemos los entrenadores: enseñar a los jugadores a prescindir de su egoísmo, de salir de su ego para aportar algo al equipo.
Hay que aprender EGOLESS.
El egoless viene a ayudarnos a apagar el super-YO.
En psicología el egolessness es un estado emocional solicitado, es decir elegido bajo la conciencia, que nos aleja del ego, haciéndonos que no nos sintamos diferentes del mundo que nos rodea. Y sobre todo nos ayuda a incorporar la idea más importante:
nuestra percepción de la realidad no es la realidad. Lo cual nos hará huir de la vanidad y a salir de la posesión de la verdad absoluta, de pensar que siempre la razón está de nuestro lado. Así no tendremos que esperar siempre que nuestras opiniones e ideas tengan que ser valoradas por los demás como las correctas.
 
Y lo mejor, el egoless nos hace ser más
 
humildes y sencillos
Ahhh, no olvidar:
Creemos que algunos jugadores no pasan por egoísmo y lo que pasa es que no ven porque no saben mirar ! Mejorar el pase es enseñar a mirar y ver ¡

Somos “producto” de nuestros pensamientos.

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Desde Ushuaia, después de pasar unos días mágicos compartido con tantos amig@s la 4ª Edición del Clinic Internacional de Futsal Más Austral del Mundo, os dejo una historia que, en mi opinión, es una idea fuerza.

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Es una historia que cuenta Anthony de Mello en uno de sus libros que me gusta mucho.
Suelo usarla en alguno de los cursos que imparto porque nos ayuda a entender que todos nosotros finalmente nos comportamos muy dependientemente de cómo creemos que somos.

Somos ” producto ” de nuestros pensamientos. Consecuencia de lo que vivimos cada día. Si creemos que somos águilas, así nos comportaremos. Volaremos alto. Y si nos creemos gallinas, así seremos; estaremos todos los días cerca del suelo, picoteando grano y buscando gusanos.

La historia de Mello nos cuenta que un hombre se encontró un huevo cuando un día daba un paseo por el monto, el huevo pertenecía a un nido águila que se había caído de un peñasco. El hombre lo recogió del suelo y se lo llevó. Al llegar a su granja lo colocó en el nido de una de sus gallinas.

Pasaron unos días y el aguilucho salió del cascarón y se crio con los todos los polluelos de la granja. Jugaba con ellos. Aleteaba con ellos. Hacía todo como si de una gallina se tratase. Paso su vida comportándose como una gallina. Rascaba la tierra buscando pequeñas semillas e insectos para alimentarse. Cacareaba y cloqueaba como las gallinas.

Cuando quería volar, solo batía levemente sus alas de modo que apenas se elevaba un metro sobre el suelo. Nada de eso le parecía anormal ya que así era como comportaban las demás gallinas. Un día vio que un ave majestuosa volaba por el cielo despejado.

-¡Qué hermosa ave! -le dijo a una de las gallinas que se hallaban a su lado.

¿Qué tipo de ave es esa?

-Es un águila, “la reina de las aves” – le contesto su compañera.

Pero TÚ no te hagas ilusiones. Nunca podrás volar así. No la mires más que tú nunca serás como ella. El águila se dejó llevar por los consejos de las otras gallinas y simplemente dejó de prestarle atención a las águilas que volaban sobre la granja.

Al final el águila murió creyendo que era una gallina.

La moraleja es muy sencilla: Somos lo que pensamos que somos!

  • Si crees que eres una gallina, morirás como una gallina.
  • Si crees que eres una águila, volarás como un águila.

GRACIAS por hacer realidad este sueño de estar en Ushuaia: Martin Bonvehi

 Empujador, donante y agitador de este bello deporte (Futsal)

DERROTA, ¿QUÉ DERROTA?

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Te pase lo que te esté pasando en cualquier competición, es lo que tu etapa deportiva necesita. No es resignación, es aceptación y comprensión de que hemos llegado a esto que nos ocurre por algo. ¿Y por qué podemos estar tan seguros de que es así? Muy obvio: porque si no fuese así estarías en medio de otra situación. Lo estarías viviendo de otra forma

“Solo el propio ENTRENADOR dentro de él, sabe lo que se SUFRE y te DESGASTA una derrota”

Pep Guardiola.

Nuestro ego no lo acepta, pero es porque se alimenta de la fantasía. De lo que le gustaría que pasara, no de lo que realmente le pasa.

La buena noticia: No resignarnos, pero sí aceptarlo y comprenderlo nos acerca a encontrar nuevas soluciones, si es que no nos gusta la situación que estamos viviendo, y también nos acerca a aprender de lo sucedido, de lo que en cada competición ocurre para así mejorar, crecer, hacemos más fuertes. 

Cuando perdemos un partido que queríamos ganar, que creíamos nuestro, que valorábamos, que sentíamos como un “tesoro” que nos pertenecía, siempre nos sentimos tristes. Pero nada nos pertenece. 

La tristeza es la emoción que representa el sentido de la derrota. Es una emoción para ser vivida. Como la alegría, también necesaria. Bienvenida la tristeza cuando no se vive como queja, sino como un estado temporal de nuevas enseñanzas. Tristeza recibida con gratitud. Como un estado emocional sanador. Tristeza vivida desde la humildad, para aceptar los cambios necesarios. Para prepararnos a cambiar sin el sentimiento de frustración.

Todos los entrenadores vivimos estados de derrota. A veces, más que la derrota en sí, el sufrimiento nos lo crea la sensación de merecimiento que teníamos y mantenemos, el sentir que la victoria ya no será nuestra. Pero en realidad es una ilusión, porque nunca nada lo fue.

La repetición mental de esa ilusión, de forma continua, sin darle tregua, masticándolo mentalmente sin parar, nos aleja de la capacidad de sufrir por ello.

Esto me recuerda un cuento que dice así: 

Érase una vez un hombre que había perdido un diamante.

Y por ello cayó en una gran desesperación.

Se sentía apenado por tan mala suerte.

Apenas recuperó un poco el ánimo, acudió a visitar a magos, científicos, videntes, adivinadores, … pidiéndoles ayuda para poder recuperar su joya.

Nadie le dio una señal de cómo hacerlo.

Un día, un sabio, le dio el siguiente consejo:

Te diré como puedes recuperar tu diamante, pero antes tendrás que encontrar y traer a mi presencia una persona que nunca haya perdido nada

El hombre buscó durante años pero todas las personas con la que hablaba habían perdido algo.

A su vuelta, diez años después, el sabio le preguntó por su diamante.

A lo que aquella persona contestó:

Ya no pienso en él. He conocido tanta gente que ya no sufre, aun habiendo tenido pérdidas mayores a la mía, que hace tiempo que ya no necesito el diamante“.

Así es. Lo aceptó. Como esas personas que se iba encontrando por el camino y que ya no sufrían por sus pérdidas.

Y es que toda derrota que sufrimos se convierte en un duelo. Grande o pequeño, dependiendo del valor que la asignemos, de la fuerza que la concedamos. Y dependiendo de la capacidad que tengamos de avanzar o de permanecer en el lloro del propio derrotismo.

Tres aliados poderosos tiene la derrota: el desaliento, el temor y la indecisión, pero una derrota peleada vale más que una victoria casual.

Toda derrota, más o menor de importancia, pasa habitualmente por seis etapas, que son necesarias reconocer, para superarlas, para concederles su espacio y su tiempo.  

Estas son:

NEGACIÓN

Así empieza todo. No aceptando la nueva situación. Negándose a comprender que es lo que te ocurre. No se asume y se piensa que se está viviendo un mal sueño. Se niegan las evidencias, lo más obvio.

RABIA

Cuando las dudas ya no existen, cuando se sabe que está pasando y que no se trata de un sueño, se entra en cólera, en el por qué a mí, por qué ahora, … Empieza a sentirse enfado, falta de ilusión, pérdida de entusiasmo, ira,… Aparece el “merezco otra cosa”. Incluso el “nunca lo olvidaré”.  Entre otras expresiones.

CULPA

Al finalizar el estado de rabia se entra en el sentimiento de culpabilidad. Culpabilidad desde “la culpa es mía” o desde “otros son los culpables”. En ambos casos no importa de quién es la culpa, lo que importa es el estado en el que se vive. De quién es la culpa no aporta nada, es improductivo, es interpretativo, no sirve. Buscar culpables o convertirse en víctima sólo nos paralizará. Nos dejará atados al pasado.

NEGOCIACIÓN

Encontramos en esta etapa una nueva realidad. Puertas de salida. Nuevas alternativas. Estados de bienestar diferentes. Y entonces intentamos negociar con todo lo que esté presente en esa derrota: con el destino, con nuestro “dios”, con los jugadores, con el presidente, con los compañeros, con … Sin darnos cuenta que sólo estamos retrasando lo inevitable porque ya se produjo. Si quieres negociar, de verdad,  y avanzar necesitarás cambiar. Encontrarte con el cambio y llevarlo a la acción. Hacer que algo nuevo suceda.

ANGUSTIA

Cuando se comprende, si no se ha entrenado lo suficiente y bien, que ya nunca nada será igual. Es el momento en que sientes que ahora sí lo perdido se ha perdido para siempre. En esta etapa nos damos cuenta de que todo ha cambiado, que no tiene sentido seguir esperando. La tristeza de esta etapa, aunque no lo pueda parecer en muchas ocasiones, es reparadora. En esta etapa se vive en angustia más que por la derrota porque todavía no sé vislumbra el nuevo camino. 

Todavía no se ve el principio de lo que sigue.

 ACEPTACIÓN

Es la etapa de luz. El alcalde de Gotham, en la película de Batman, lo decía así: “después de la oscuridad, siempre llega la luz”. Es cuando la derrota sabe a victoria por primera vez. O al menos, no duele. La aceptación es cuando nada ha cambiado externamente, pero sí todo ha cambiado internamente. En esta etapa se modifican los valores, se crece personalmente, se vive como una flor en primavera. Se nace de nuevo. La aceptación nos permite recuperar la serenidad.

Y la confianza.

No hay entrenadores infalibles, somos nuestra trayectoria.., donde hay victorias y derrotas. Lo importante es sumar más sabores q amarguras.

Si estás viviendo un estado de malos resultados, date el permiso de vivir todas las etapas. Y al final del camino, cuando llegue la aceptación recuerda el título famoso disco de Supertramp:

Crisis, ¿qué crisis?

Transfórmalo en…

DERROTA,

¿QUÉ DERROTA?

Hacer bien lo fácil

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Se juega para ganar pero sentimos una atracción casi inevitable por lo extraordinario.
Nos atraen las acciones inesperadas, las soluciones novedosas, las jugadas brillantes.
Es evidente que para todo el mundo lo primero es el resultado, aunque no esperamos
ganar de cualquier forma. Soñamos con ganar deslumbrando, sorprendiendo, demostrando un ingenio y una forma de hacer fuera de lo común.
Las ilusiones son el motor de la acción. La capacidad de soñar es lo que nos pone en
marcha. Por eso los chicos que empiezan en un deporte ponen la vista en los jugadores
espectaculares. Progresar supone, para ellos, parecerse un poco a sus ídolos, imitar todo
aquello que les hace atractivos y diferentes.

Voy a hacer una confesión íntima: yo también soy un soñador. Si no fuera así tengo la certeza de que me hubiera apartado del futbolsala hace muchos años, pero el futbolsala
sigue alimentando mis sueños y mis esperanzas. Eso hace que no tenga mucha dificultad
para entender a los jóvenes que se inician en esto. De hecho, en cualquier partido de cualquier nivel que elijamos podemos constatar esto que digo: Los jugadores no se limitan a tratar de ganar, buscan con ahínco demostrar su “clase” intentando acciones que dejen a todos – rivales, espectadores y compañeros – con la boca abierta.

Como ser genial no es una cosa muy común, lo normal es que eso que ellos sueñan como algo ingenioso y extraordinario no pase de ser una burda imitación, muchas veces hecha a destiempo y fuera de contexto, de algo que vieron hacer a uno de sus ídolos. Así vemos transcurrir partidos del nivel más bajo entre “bicicletas”, “caños”, “croquetas” y pases sin mirar, a la vez que se pierden balones, se fallan chutes cantados y se defiende, en el mejor de los casos, de forma testimonial.

No seré yo el que me oponga a los sueños de la gente, si les quitamos esto les quitamos todo. Es más, creo que en lugar de coartarla, la fantasía de los jugadores debe ser alimentada… aunque dándoles paralelamente la base necesaria para poder
cumplir sus sueños.

La esencia del juego es la sorpresa, todo lo que se programa se puede contraprogramar, lo que nos vence es aquello que no podemos contrarrestar porque supera nuestras expectativas. No digo con esto que un equipo no deba tener sus planes y estar ordenado – el caos tampoco es muy productivo – pero el orden sin sorpresa es muy fácil de neutralizar. Ahí entra en juego la mayor o menor capacidad del jugador para actuar adaptándose al entorno y responder con propuestas inesperadas que sitúan a todos en un escenario diferente.

Admiramos a los jugadores capaces de improvisar. Aunque matizaré esta apreciación: nos gustan los jugadores que improvisan eficazmente. Las improvisaciones ineficaces
– que también las hay – nos sacan de nuestras casillas. Y no nos conformamos con esto, además queremos que sean capaces de actuar con rapidez, la parsimonia es enemiga de
la sorpresa.
¿Se pueden trabajar estas habilidades?
¿Es posible conseguir, con trabajo, jugadores así?
Mi respuesta es contundente: si, sin duda ninguna.  Para empezar hay que meditar sobre tres palabras clave que acabamos de subrayar:

  • Improvisación.
  • Eficacia.
  • Rapidez.

IMPROVISAR EN EL JUEGO
¿Os gusta el jazz?
A mí si. Una de las características de este tipo de música es la improvisación. Me quedo extasiado con la capacidad de inventar sobre la marcha que tienen muchos intérpretes. Cómo, por arte de magia, aparecen escalas y armonías que son capaces de trasladarte a otro mundo y alterar tu estado emocional. Ahí, en el instante, a toda velocidad. Lo que oíste en la sesión de hoy fue único, se hizo en ese momento y el próximo día será igualmente bello pero diferente, porque los músicos crean en función del momento y cada momento es singular… De pronto el clarinetista toma la voz cantante y empieza a desarrollar un tema, lo adorna con escalas vertiginosas que aparecen en el momento y evocan miles de sensaciones ¿Cómo lo hará? ¿Cómo es capaz de inventarse todo eso sobre la marcha y a toda velocidad, y que además sea bello y emotivo?… Será un don que Dios le dio.

Dejo de pensar en el clarinetista y me acuerdo de que con él había otros 4 músicos: un pianista, un batería un contrabajo y un guitarrista ¡Todos le siguieron y nadie falló ni dudó lo más mínimo! ¿Cómo fueron capaces de acoplarse?
Al fin y al cabo, el clarinetista era dueño de la situación, hacía lo que quería, pero los demás: ¿Cómo adivinaron sus intenciones?. ¿Se puede improvisar en conjunto sin irse cada uno por su lado, formando un todo coherente? Vemos que los músicos lo hacen. Pero no solo los músicos, también bailando o haciendo teatro o en otras miles de actividades se puede improvisar eficazmente y en grupo, y subrayo lo de “eficazmente”
porque es evidente que improvisar “desastrosamente” lo puede hacer cualquiera.

¿Lo podríamos hacer también en los deportes colectivos? Claro que sí. De hecho lo hacen los buenos equipos. En cualquier actividad todas las personas están preparadas para actuar improvisando eficazmente si han sido educadas de la forma adecuada.
¡Tú estas preparado para improvisar! O si no, mira cualquiera de las dos figuras y comprobarás que tu cerebro es capaz de leer algo coherente, de forma improvisada y casi inconsciente, sin necesidad de reflexionar.

No lo podrías hacer en un idioma que no dominases perfectamente y tampoco lo podría hacer, en español, un niño o un adulto, en sus primeras etapas de formación en la lectura. Pero tu cerebro ya pasó de esas etapas y ahora es capaz de dar sentido a la lectura… ¡por encima de lo que en realidad esté escrito! Es más, es capaz de poner de forma automática tus ideas y emociones sobre el papel, al escribir, sin necesidad de reflexionar sobre la construcción de las frases o la estructura de las palabras o las sílabas.

Hay que aclarar desde el principio que nadie, ni los músicos, ni los bailarines ni los actores, ni tú al leer o escribir… ni los jugadores, puede improvisar sacando las cosas de la nada. Son capaces de improvisar porque tienen muchos elementos en sus manos y en ellos se basan para crear sobre la marcha cosas complejas y originales – músicas, pasos de baile, escenas, poesías, escritos de cualquier naturaleza o jugadas – Y son capaces de improvisar en grupo, sin irse cada uno por su lado, porque tienen además claves comunes que les permiten intuir por donde se evolucionará en el futuro.

Los músicos de jazz tienen un gran dominio del ritmo, de las armonías de las escalas… Y no solo a nivel teórico, no es suficiente, se trata de hacer, no solo de conocer. Más allá de esto, se trata de hacer en conjunto, y eso requiere una habilidad práctica que solo se consigue con un duro aprendizaje y horas y horas de ejercitación consciente, hasta que las cosas salen de forma natural, sin necesidad de pensar mucho en ellas y sin errores.

Decía al principio que nos fijamos en las cosas extraordinarias que hacen los grandes jugadores. En lo que no nos fijamos tanto es que los grandes jugadores hacen muy bien lo “fácil”, que casi nunca fallan las ocasiones propicias. La diferencia entre un equipo de gran nivel y uno mediocre reside mucho más en este aspecto – la seguridad en la resolución de lo fácil – que en el balance de acciones extraordinarias y espectaculares realizadas durante el juego. Para ser bueno primero hay que ser fiable, y la fiabilidad está basada en la confianza de que no se tendrán muchos errores. Para poder llegar a un juego con sorpresas, con respuestas improvisadas, eficaces y rápidas, primero hay que “dominar el oficio”

Igual que los músicos de jazz invierten horas en repetir ritmos, escalas y armonías hasta ser capaces de repentizarlas de forma creativa y adaptándose a los compañeros, casi inconsciente y sin fallos, centrándose solo en plasmar las sensaciones y emociones que en ese momento les brotan, en la formación de los jugadores debemos invertir tiempo en el dominio de los elementos del juego hasta que son capaces de hacerlos aparecer de forma eficaz, y también casi inconsciente, concentrándose más en los objetivos externos de la lucha contra los adversarios y la colaboración con los compañeros que en el control de la propia acción.

Cuando alguien juega buscando en su interior pasa de ser actor a ser espectador reflexivo y crítico de su propio juego y las posibles soluciones aparecen de forma muy limitada y lenta. No quiero en este blog centrarme en los mecanismos de toma de decisiones ni en la utilización prioritaria de la “inteligencia intuitiva” sobre la “inteligencia reflexiva”.

En este blog daré unas pinceladas del ataque posicional y voy a obviar los aspectos individuales – chutes, desmarques, fintas… – aunque sean muy importantes.
Concretamente me voy a centrar en el trabajo que pienso que se debe hacer en las etapas cadete y juvenil – de los 14 a los 18 años – con los jugadores en fase de formación, para que mejoren su capacidad de integrarse en un grupo que ataca con orden, pero con capacidad de Improvisación Colectiva, Rápida y Eficaz. Es el momento de ganar fiabilidad, de trabajar duro para adquirir una base técnico/táctica práctica en la que apoyarse para poder desarrollar un juego creativo y con pocos errores. Es el periodo de “aprender el oficio”

1. LA “FIABILIDAD”: HACER BIEN LO FÁCIL COMO BASE DE LA PROGRESIÓN
No puedo centrarme y sentirme satisfecho en un concierto donde continuamente, o aunque solo sea de vez en cuando, un instrumentista u otro falla a la hora de ejecutar su parte, o lo hace de forma dubitativa y sin expresión – intención – de ningún tipo. Por educación lo aguantas, y tras unos aplausos rutinarios te marchas frustrado a tu casa. Vas en busca del arte, pero lo menos que exiges es la ejecución correcta y sin fallos de lo que allí se interprete. Igualmente no aguanto los partidos de futbolsala donde de forma continua se falla lo evidente, por más que de vez en cuando me regalen los sentidos con una acción genial. La sensación que me queda después de un partido siempre está marcada mucho más por la impresión global que por los posibles “pequeños buenos
detalles”. Por eso creo firmemente que el primer objetivo en la formación debe ser el de
disminuir el número de errores.

El primer paso para ser bueno es el ser fiable, el jugador que es capaz de hacer grandes cosas pero a la vez tiene muchos fallos es, en el mejor de los casos, un jugador mediocre.
La preparación para el alto rendimiento tiene un objetivo inexcusable: hacer casi siempre bien lo fácil. Si me quedara aquí, solo me quedaría en una declaración de intenciones. Para que este blog sea útil debo mojarme y exponer qué son esas cosas que, según mi criterio, los jugadores que están en proceso de aprendizaje deben practicar hasta llegar al dominio “sin fallos” del juego colectivo de ataque. Paso a enumerarlas y a hablar de ellas.

1.1. La fijación y el pase: la argamasa con la que se construye el juego colectivo.
Fijar y pasar es el ABC del juego de ataque; si no se maneja esto con precisión y velocidad, siendo capaz de hacer desplazarse a los defensores, creando espacios
o ventajas numéricas de atacantes en una zona eficaz (o ambas cosas a la vez), evitando
recibir faltas o pérdidas del balón que rompen la continuidad y gestionando el movimiento de balón de forma inteligente, es imposible desarrollar un juego colectivo coherente. –

De forma sintética quiero exponer los siguientes conceptos:

  • El juego ofensivo es mucho más que una suma de varios “1×1” sucesivos. Esto se logra a través de dos elementos: los pases, que nos comunican con otros atacantes, y las fijaciones, que nos relacionan con los oponentes.
  • La utilización inteligente de las fijaciones “par” e “impar” nos permite básicamente
    ampliar el espacio eficaz libre para que lo aproveche algún compañero o liberarle del marcaje de su oponente directo.
  • Más allá de los aspectos “matemáticos” de las fijaciones – qué espacio eficaz se habilita, cuántos jugadores liberamos de marcaje – están los aspectos intencionales. Atraer la atención o desviar la atención permite a los jugadores influir incluso en zonas distantes y en oponentes no directos.
  • La técnica es imprescindible porque, más allá de la necesaria velocidad y precisión, es lo que nos permite siempre aparecer ante los defensores como potencialmente peligrosos sin necesidad de centrar la atención en la propia actuación y sin esfuerzos suplementarios. En este sentido el hábito de realizar desplazamientos con orientación final hacia la portería, la utilización prioritaria de pases fundamentales y el jugar con la vista puesta preferentemente en la portería, debe ser motivo de entrenamiento continuo  hasta llegar al dominio.
  • No es suficiente con desarrollar la capacidad de fijar, es preciso poder hacerlo “con pocos pasos, con pocos gestos, empleando poco tiempo”. Se trata de no dejar pensar a los defensores.
  • Las defensas se rompen también con la utilización inteligente del pase. Hay dos caminos para conseguir esto:  Conseguir pasar balones en las zonas presuntamente más protegidas de un sistema defensivo, lograr convertir en inminentemente peligroso al jugador en que un instante antes nadie pensaba, puede romper una defensa con la simple acción de pasar el balón a un compañero, este es el primer camino.  El segundo consiste en gestionar la continuidad del juego a través del pase de forma intencional hasta degradar las posibilidades colectivas de la defensa.

1.2. La aplicación más directa: ser eficaz en las situaciones permanentes o circunstanciales de ventaja numérica ofensiva. Partimos de una situación equilibrada
entre atacantes y defensores y trabajamos en ataque para tratar de romper ese equilibrio. Por alguna razón, tal vez nuestro juego o acaso un fallo de los defensores, se
rompió el equilibrio y aparece circunstancialmente, en una zona eficaz, una ventaja
numérica de los atacantes (2×1, 3×2, 4×3, 4×2,… ) ¿Tenemos la certeza de que con gran frecuencia este tipo de situaciones serán resueltas favorablemente por nuestro
equipo? Si analizamos los videos comprobaremos hasta que punto somos eficaces en
este tipo de situaciones. En muchas ocasiones, si somos sinceros con nosotros mismos, deberemos admitir que el porcentaje de situaciones de ventaja numérica saldadas con gol a favor es realmente preocupante.

Debemos preguntarnos ¿Merece la pena seguir invirtiendo mucho tiempo de trabajo en
procedimientos para desequilibrar a favor el juego, si no tenemos la certeza de que esa ventaja que obtenemos va a ser rentable en la mayoría de las veces? Ya sabéis cual va a ser mi respuesta: es preciso invertir sistemáticamente bastante tiempo en la resolución eficaz de las situaciones de ventaja numérica. Y no solo en equipos de formación, también en los equipos de alto nivel las situaciones de ventaja numérica deben formar
parte del entrenamiento habitual como rutina y puesta a punto del juego colectivo.
¿Cómo se rentabilizan estas situaciones?: Pues básicamente a través de la gestión adecuada de fijaciones y pases. Atrayendo defensores hasta conseguir liberar a algún atacante. Pero también ampliando el espacio eficaz útil para la finalización.

1.2.1. Una idea para el entrenamiento: Superioridades numéricas “Flash”
Un error muy común: Las ventajas numéricas aparecen de forma sorpresiva en el juego, sin embargo se entrenan de una forma muy previsible. Mi idea es que en el entrenamiento de las superioridades numéricas se deben emplear ejercicios que por su estructura hagan aparecer superioridades numéricas ofensivas, pero donde ni los defensores ni los atacantes puedan controlar totalmente donde y cuando aparecerán. Es decir que se produzcan como un fogonazo no totalmente previsible y que su duración sea también reducida temporalmente. En mi lenguaje particular las llamo “Superioridades Flash” para dar una idea de lo que se pretende.

1.2.2. Aumentar el espacio y el tiempo para resolver
Es evidente que ante cualquier tipo de superioridad numérica (5×4, 4×2, 2×1…) lo primero que se busca es ir fijando a los defensores para reducir lo más posible la
situación, si es posible dejarla en un jugador contra el portero, mejor. Pero a veces olvidamos dos aspectos esenciales: Además de reducir la situación debemos aumentar el espacio eficaz libre de marcaje y aumentar el tiempo útil para la resolución final.

En las actuaciones habituales de los jugadores no expertos podemos apreciar estos dos defectos:

  1. Se consigue fijar a los defensores y liberar a algún atacante pero a costa de utilizar trayectorias muy largas y a veces en sentido equivocado, de forma que un atacante queda finalmente libre pero con muy poco espacio eficaz de maniobra o con muy poco ángulo de chut.
  2. Es fácil hablar de fijar, pero también está claro que no siempre se fija a los defensores con la misma intensidad. Los defensores no siempre se vuelcan en la defensa, en función de la intensidad y de la credibilidad de la acción del atacante, su actuación es más “flotante” o más centrada en el atacante con balón. Si la fijación no es buena, el defensor tiene mucho más tiempo para amortizar la desventaja. Este es el otro caballo de batalla “Conseguir buenas fijaciones para aumentar el tiempo útil en la finalización de los compañeros”. Esto está muy relacionado con la técnica de los atacantes.

2. UN PASO MÁS: TENER RECURSOS PARA CREAR SITUACIONES FAVORABLES EN ATAQUE
Resolver con solvencia lo “fácil” es una condición necesaria pero no suficiente para llegar a ser un gran jugador. Un buen atacante, más allá de los recursos individuales que tenga, debe contar con recursos colectivos para desequilibrar las defensas rivales. Según mi punto de vista en las edades cadete y juvenil se deben trabajar sistemáticamente los siguientes recursos.

2. 1. Ampliaciones sorpresivas de espacio

El juego de ataque no busca solamente situaciones de ventaja numérica, hay situaciones simples de 1×1 o 2×2 que con mucho espacio eficaz de maniobra son muy ventajosas para los atacantes. Si además se tiene la habilidad de hacerlas aparecer de forma sorpresiva en el juego pueden ser muy rentables de cara al resultado final.

Debemos entrenar “Ampliaciones sorpresivas de espacio”. Si no hay sorpresa se
pierde casi toda la ventaja. Podríamos decir que en el aprendizaje de este recurso hay tres puntos claves.

  • Aprender a fijar ampliando el espacio del compañero.
  • Aprender a aprovechar las ampliaciones empleando muy poco tiempo, muy pocos pasos, muy pocos gestos.
  • Aprender a hacerlas aparecer de forma sorpresiva (cuando no lo esperan los defensores).

2.2. Algunos procedimientos tácticos para obtener superioridades numéricas ofensivas

Hablábamos antes de aprovechar las situaciones de superioridad numérica que aparecen en el juego. Hay que pensar que estas situaciones no aparecen porque sí. Es verdad que algunas veces aparecen por errores defensivos sin que la intención de los atacantes haya influido en su aparición, pero el juego ofensivo debe procurar provocar desequilibrios en la defensa y no confiar en que los defensores errarán sin ningún motivo. En muchas ocasiones las ventajas se ganan a partir de una acción individual
– una finta, un desmarque… – que luego se rentabilizan colectivamente mediante fijaciones impares. Pero también se pueden ganar mediante la utilización de acciones coordinadas entre varios atacantes.

Aparte de las capacidades individuales, que son muy importantes, los jugadores deben dominar la utilización de procedimientos tácticos colectivos para buscar la superioridad numérica en zona eficaz. Está claro que no todos los procedimientos tácticos buscan la superioridad numérica, sin embargo en este blog, y pensando en las etapas de formación, me quiero centrar en los que sí la buscan:

  • El “pase y va”.
  • Los cruces.
  • Los bloqueos.

El dominio de estos procedimientos y la explotación colectiva de las ventajas obtenidas me parecen esenciales en los jugadores cadetes y juveniles. Por no extenderme no voy a hablar del “pase y va” ni de los cruces, por entender que no tengo nada especial que señalar. Pero sí me gustaría hacer algunas apreciaciones sobre la utilización de los bloqueos.

2.3. Los bloqueos: aprovechar el contacto físico

Todo el mundo sabe que uno de los medios más comunes para obtener ventajas en el juego de ataque, y no solo en el futbolsala sino en cualquiera de los deportes que permite el contacto físico, es interrumpir los movimientos de los defensores mediante el contacto físico con ellos. No trato de explicar aquí lo que es un bloqueo, que es de sobra conocido por todo el mundo, pero sí las diferentes formas de utilización sistemática de los mismos.
Concretamente, opino que los jugadores en jóvenes deben aprender tres formas de utilización del bloqueo:

  • Los bloqueos en 2ª línea defensiva.
  • Los bloqueos en 1ª línea defensiva para ganar posiciones y facilitar la recepción
    de balón.
  • Los bloqueos “largos” en 1ª línea defensiva

2.3.1. Los bloqueos en 2ª línea defensiva.
Son bloqueos que realizan sobre el oponente de un compañero de ataque para liberarle del marcaje de su oponente directo, la continuidad (bloqueo dinámico) provoca situaciones de ventaja 2×1 o, en general superioridades numéricas ofensivas. Se realizan ante las salidas de los defensores para neutralizar a los chutadores o ante defensas que sitúan de principio jugadores en la segunda línea defensiva (defensa zonal).

2.3.2. Los bloqueos en 1ª línea defensiva para ganar posiciones y facilitar el control de balón.
Son bloqueos que se realizan sobre un oponente no directo (bloqueo al impar) para ganarle la posición por un lado y crear una zona de ventaja para recibir el balón.

2.3.3. Los bloqueos “largos “en 1ª línea defensiva.
Son bloqueos que se realizan sobre el oponente directo del poseedor del balón para que, con una trayectoria larga, el compañero supere a dos defensores, creando así una situación de ventaja numérica.

3. DE LO CONCRETO A LO GENERAL: UN VIAJE QUE TAMBIÉN HAY QUE REALIZAR
“Enseñar de lo global a lo específico”, es una frase que tengo grabada en la cabeza desde hace muchos años. Desde que me empecé a plantear el trabajo de formación como una tarea metódica, esta máxima orientó todo mi trabajo, sobre todo a la hora de proponer etapas y fases sucesivas que permitieran a los niños pasar de un juego simple y divertido a una actividad deportiva exigente, de una forma natural, subiendo el nivel escalón a escalón, pero siempre dando pasos sencillos de superar. Ya me advirtieron mis maestros, sobre todo Javier Sampedro, que esto no era una máxima absoluta, que en realidad recorremos un camino cíclico y muchas veces hay que hacer también el camino de vuelta “de lo específico a lo global”. Siempre he sido bien mandado y procuré hacerles caso, pero hasta que no pasaron varios años volcado en el trabajo con muchas generaciones de jóvenes no me di cuenta de la importancia de este necesario retorno.

Hay que confiar en la capacidad de generalizar que tenemos los humanos. En realidad, partiendo de una situación concreta, vivida en un momento determinado, somos capaces de sacar conclusiones que nos sirven para resolver situaciones nuevas, similares – o no tanto – haciendo de lo particular algo genérico.

¿Qué tiene que ver esto con la enseñanza y el entrenamiento del balonmano?
Voy a tratar de explicarme.

3.1. Jugar en la “habitación de las cuatro puertas”
Imaginaros que os encierran en una sala grande con cuatro puertas, una en cada pared, nos ponen en el centro de la sala y nos dicen que solo tenemos una oportunidad para escapar. Una puerta se abrirá durante un segundo o dos y esa es nuestra oportunidad para salir; pero no nos dicen cual de las cuatro puertas es la que se va a abrir. Es muy posible que fracasemos. Si esperamos a que se abra la puerta para reaccionar, cuando queramos llegar la puerta ya se habrá cerrado, solo nos quedará apostar por una, anticiparse y tener suerte, en realidad solo tenemos el 25% de posibilidades de escaparnos.

Si en vez de 4 hubiese 8 ó 10 puertas, sería más difícil aun. Si además cada vez que no consiguiéramos salir nos cargaran de reproches y nos hiciesen parecer poco menos que un inútil por no lograr ser eficaz en una tarea “tan sencilla”, seguro que terminaríamos odiando el juego de las “4 puertas”. Pongo este ejemplo porque muchas veces, sin darnos cuenta, hacemos jugar a nuestros jugadores, jóvenes e inexpertos, en la “habitación de las 4 puertas”. Les ponemos a atacar y les damos unas cuantas posibilidades que, por supuesto, hemos entrenado antes. Supongamos que le decimos a un jugador concreto – por ejemplo al ala derecho – estate atento porque cuando tengas posesión de balon:

  • El pivot te va a hacer bloqueo exterior en primera línea para facilitarle la salida del enfrentamiento con tu oponente no directo.
  • Pero también te puede hacer bloqueos en segunda línea para que te escapes de tu oponente.
  • A veces hará bloqueo a tu oponente directo y continuación para que le pases el balón.
  • El cierre en zona de finalización te va a ampliar el espacio para que consigas situaciones sorpresivas de chut a distancia. Estate preparado y anticípate.
  • Cuando el cierre corte con velocidad, aprovecha la ampliación de espacio y conduce y penetra entre “uno” y “dos”.
  • El cierre puede bloquear al suyo para que tu ganes una ventaja con un bloqueo “largo”

Eso sí, no le damos ninguna pista de cuando y como sucederán esas cosas. El entrenador
le hace ver amablemente que cuando nos “amplían el espacio debemos anticiparnos”.
Al poco, ante una trayectoria del cierre hacia el centro, el pivot hace un bloqueo exterior al defensor impar para que con un cambio de dirección el ala conduzca y penetre  entre “uno” y “dos”, pero cuando el ala ve el bloqueo ya no es capaz de cambiar la dirección y conducir penetrando. Otra oportunidad que se fue. El entrenador, con alguna muestra de impaciencia, le señala que “hay que estar más atento”.

En el siguiente ataque el pivot le gana la posición a su oponente con un bloqueo  en 6mts, pero el ala tardó un poco en verle y cuando quiere pasar el balón se lo  interceptan. Contraataque y gol. El entrenador va perdiendo la positividad inicial y  se le oye murmurar entre dientes algunas dudas sobre la capacidad intelectual de su  ala derecho. Sigue avanzando el partido y el ala de nuestro ejemplo, cada vez más nervioso ante su falta de acierto, vuelve a dejar pasar una de las posibilidades que se habían previsto. El entrenador ya no murmura entre dientes, abiertamente le grita reprochándole su nuevo error. Está llegando al límite de su paciencia. El siguiente desajuste, provoca la hecatombe: el entrenador, ya en trance, y creyéndose cargado de razón, manda al banquillo al jugador fracasado, clamando a los cuatro vientos por tanto error “después de lo que hemos entrenado”. Está tan aparentemente claro, que hasta el propio jugador se siente culpable y frustrado por su torpeza. Y, sin embargo, lo único que está pasando es que hemos puesto a jugar “en la habitación de – en este caso – seis puertas” a un jugador inexperto.

Podréis decirme que el entrenador actuó bien, que lo único que ha hecho es proponerle que juegue como lo hacen los grandes jugadores de su puesto: Pola, Diego, Lozano, Rafael… Mi opinión es que no se puede llegar a jugar como Rafael de golpe, hasta el mismo Rafael tuvo que recorrer un largo camino para llegar a ser el que es.
Seguramente si en cada ataque le hubiéramos dado una pista sobre la “puerta que se iba a abrir en ese ataque”, el jugador habría tenido más posibilidades de éxito. Después de varios partidos actuando de forma exitosa, es posible que pudiera ir apreciando indicios de cuando se iba a “abrir una puerta” u otra sin necesidad de señalárselo, y tal vez fuera capaz de jugar con dos o tres posibilidades abiertas, con el tiempo, los éxitos y la experiencia aumentaría su libertad de acción y después de unas cuantas temporadas sería capaz de jugar el “la habitación de las múltiples puertas” con bastantes posibilidades de “escaparse”

Es lo que os decía al principio de este apartado: en este caso creo que debemos recorrer pacientemente el camino “de lo particular a lo general”
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3.2. Un camino que no solo se recorre en el deporte
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Os hablaba al comenzar el blog de los músicos de Jazz. Ellos también, en alguna parte de su trayectoria de formación, recorren este camino “de lo particular a lo general”. Tienen que repetir escalas, ritmos, series armónicas… cosas concretas que luego, cuando se tiene un grado razonable de dominio, se pueden generalizar y plasmarse en una improvisación artística.

Nadie empezó a escribir haciendo dictados desde el principio, primero tuvo que
aprender a hacer letra por letra del abecedario, y luego a construir sílabas (recuerdan
aquello de la “p” con la “a”, “pa”) y poco a poco fue haciendo dictados hasta que, como en el caso de Cervantes, se soltó del todo y escribió el Quijote. No quiero decir con esto que cualquiera puede ser capaz de escribir el Quijote, pero sí que cualquiera puede llegar a redactar correctamente. De la misma forma, creo que con una formación adecuada, cualquiera puede llegar a dominar el juego de ataque y jugar con una eficacia alta.

Tener buena técnica para fijar y pasar con pocos pasos, pocos gestos, empleando poco tiempo, pero también para “fijar la atención” o “desviar la atención”. Resolver con solvencias las situaciones de ventaja. Desequilibrar las defensas con ampliaciones
sorpresivas de espacio o con algún procedimiento táctico. Utilización de los bloqueos con diferentes propósitos… en fin: “aprender el oficio”. Sin oficio no hay posibilidad de ser
genial. Lo de la genialidad se la dejamos a la genética… O, dejarme que piense, tal vez
podamos hacer también algo a ese respecto.

Pero eso ya lo dejamos para otra ocasión.